La PAU en Historia de España en la Comunidad de Madrid. Una visión muy crítica. I
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
El modelo que se ha presentado a los profesores y alumnos para la PAU en el presente curso difiere muy poco del anterior, siendo ambos muy contrarios, en nuestra opinión, si queremos que los alumnos que terminan el Bachillerato comprendan el sentido de la Historia, desarrollen un espíritu crítico y les sirva para alcanzar madurez a la hora de encarar futuros estudios, ya sean universitarios, ya de otro tipo. Seguimos anclados en lo memorístico y en presentar ejercicios que en vez de ayudar a analizar fuentes y textos son meros pretextos para seguir memorizando. Vamos por partes, y en varias entregas porque creemos importante plantear una crítica profunda y aportar alguna alternativa, en la medida de nuestras posibilidades, como docente con treinta años de servicio y muchos dedicados a esta última etapa de la educación secundaria, si todo esto puede servir de algo, es decir, la experiencia.
Empecemos con el primer ejercicio que se propone y que es conocido como de las “cuestiones”. Es la parte en la que se plantea toda la Historia de España desde la Prehistoria hasta el despotismo ilustrado. La única diferencia con el modelo anterior es que ahora se subdivide el ejercicio en tres partes, en función de los tres primeros temas del currículum. Los alumnos deben elegir una pregunta de cada uno de esos tres temas, que corresponden a la Prehistoria e Historia Antigua, a la Historia Medieval y a la Historia Moderna. Por lo demás, deben resumir cada pregunta en entre diez y quince líneas.
Siempre nos ha parecido un sinsentido este ejercicio. Ahora es mayor este despropósito porque se han unido algunas de las antiguas cuestiones. ¿Alguien en su sano juicio pretende que en quince líneas un alumno o usted mismo que ha estudiado Historia y es también docente, pueda resumir los reinados de Carlos V y Felipe II en ese corset limitante? Personalmente, un servidor que es, además, especialista en Moderna, es incapaz. Pero los ejemplos se multiplican: los Austrias del siglo XVII, tanto su política interior como la exterior de todo un siglo, o intente resumir con esos límites la economía, la sociedad, la cultura y el legado judío en la península Ibérica (es decir, en Al-Ándalus y en los reinos cristianos). Eso sí, puede usted explayarse más en la pregunta de las reformas borbónicas en los virreinatos americanos. Pero, ¿y dónde hemos dejado el despotismo ilustrado?, ¿lo metemos en la cuestión de la nueva Monarquía borbónica y los decretos de nueva planta, y el nuevo modelo de estado y el alcance de las reformas?, ¿alguien en su sano juicio es capaz de resumir en quince líneas las reformas administrativas centrales y territoriales, el regalismo, los cambios hacendísticos y las propuestas del despotismo ilustrado de Carlos III, insistimos?
Casi es mejor no ver nada de todo esto y empezar con la crisis del Antiguo Régimen, aunque nos parezca horrible porque nos dejamos muchas cuestiones fundamentales para entender muchas cosas, como, por ejemplo, las relacionadas con los modelos de organización territorial de España, algo que, imagínense ustedes, la importancia que tiene. Pero, para contar dos cosas de cada pregunta, ya me dirán.
Como profesor puede usted optar por dos maneras de afrontar esto. O ofrece un mínimo resumen raquítico para que el alumno lo memorice o, si usted es más creativo y tiene más conciencia de la importancia de la Historia, ofrecer cuestiones más largas y que el alumno las resuma, que es lo único que puede tener un sentido, eso sí, enseñando al alumno a resumir y a ir a lo esencial, un trabajo harto complejo porque, como en general, seguimos con lo memorístico pues se llega a Segundo de Bachillerato con muchas carencias y no todas deben ser achacadas al alumno, seamos sinceros.
Como alternativa seguimos defendiendo la necesidad de que el alumno encuentre un sentido a su estudio y que sepa relacionar hechos, procesos y personajes en el tiempo. ¿No podemos optar por enseñar, guiar al alumno en su estudio, y luego examinar a través de preguntas transversales? Ejemplos hay muchos: explique la agricultura en la península Ibérica entre el Neolítico y el mundo hispano-musulmán, ¿qué diferencias existen entre los ordenamientos institucionales y jurídicos castellano y aragonés desde la Edad Media y hasta los Decretos de Nueva Planta?, ¿cómo evoluciona el comercio entre América y España desde la conquista hasta los procesos de independencia?, ¿cómo son las relaciones entre el Estado y la Iglesia durante la Edad Moderna?, etc. Pero, eso sí, tampoco podemos ofrecer de antemano estas preguntas desde la administración educativa universitaria para que se preparen, convirtiendo Segundo de Bachillerato en un curso de preparación de un examen, como de una oposición. Hay que enseñar a relacionar y afrontar los problemas que son las preguntas transversales, ofreciendo una Historia, insistimos, con valor explicativo y que sirva para pensar y no sólo históricamente. Este modelo es más lento, es más complicado, y debe ser emprendido antes, pero es el único que parece que puede ayudarnos a superar la mediocridad de lo puramente memorístico.
Seguiremos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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