El átomo y los atomistas. IX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Como ya escribimos, San Agustín dirá que el “clinamen” es el “alma del átomo”. Y el propio Lucrecio adopta, en este sentido, una actitud algo más ambigua, por cuanto presenta, de entrada, la concepción de Demócrito de las colisiones caóticas, sin ponerla en duda ni disminuir su valor, para describir, a continuación, con una aprobación aparentemente idéntica, la teoría del “clinamen” de Epicuro.
De hecho, su presentación de las consecuencias, del movimiento desordenado de los átomos, es particularmente notable, en su presencia de la realidad: “Conviene observar con más atención, estos corpúsculos que vemos agitarse desordenadamente en los rayos del sol, porque dichos movimientos desordenados, avalan la existencia de los movimientos subyacentes de la materia, disimulados e imperceptibles. Veremos en efecto, como muchos de estos corpúsculos, sacudidos por la fuerza de impactos invisibles, cambian de trayectoria, retroceden rechazados, van de un lado a otro, en todas direcciones. Es evidente que este vaivén se origina enteramente en los átomos. De entrada, en efecto, los átomos se mueven por sí mismos; luego, los cuerpos compuestos más pequeños y, que todavía están, por así decir, al alcance de la fuerza de los átomos, reciben el impacto invisible de estos últimos y, se ponen en movimiento; después, ellos mismos, a su vez, impactan en los cuerpos un poco más grandes. De este modo y, partiendo de los átomos, el movimiento va aumentando y, llega, poco a poco, a nuestros sentidos, especialmente cuando se comunica a las partículas, que podemos distinguir en un rayo de sol, sin que podamos percibir, los impactos que lo producen”.
Este pasaje anterior, constituye, ni más ni menos, que una excelente introducción, al movimiento browniano. Cualquiera que conozca, el importante papel, desempeñado precisamente, por el estudio de este movimiento, en la demostración de la existencia misma de los átomos, no podrá dejar de sentir admiración, por la profética inspiración del poeta.
¿Hay, pues, una contradicción entre la aparente aceptación, por parte de Lucrecio, de las ideas de Demócrito y las de Epicuro, en este campo? No todo el mundo lo piensa. Marie Cariou escribe: “Puede parecer más coherente, constatar que la hipótesis del “clinamen”, es más consistente, con la afirmación de una diversidad de direcciones. Simplemente favorece, una de las muchas direcciones posibles”.
Sea como sea, es lógico que Epicuro atribuya igualmente, a los efectos de las propiedades primarias de los átomos, todas las sensaciones, a las que confía el rol primordial, en nuestra percepción de las cosas. Según él, nuestros conocimientos provienen enteramente de nuestros sentidos, que no se equivocan; los errores solamente se dan, al nivel de la interpretación, en el poder de discernimiento de la mente.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.