Tramas y manejos
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Las cosas no son, con demasiada frecuencia, como nos gustaría que fueran. El sistema democrático debe estar basado en la confianza de los administrados hacia los administradores, y en la garantía de que nuestros representantes sean gente honrada, libre de toda sospecha y no especialistas en tramas y manejos.
En ocasiones la realidad se encarga de tirar por los suelos nuestros deseos y anhelos, y hacen que se desmoronen nuestros castillos en el aire, produciéndonos irreparables frustraciones, como si fueran ilusiones que ante el duro contraste de los hechos desaparece por arte de magia.
La sociedad española es muy predispuesta a la cultura dual y al maniqueísmo, o dentro o fuera, o blanco o negro, o amigo o enemigo. También es cierto que existe una enorme facilidad para dar carta de naturaleza y fundamento a los rumores, sin darnos cuenta del enorme daño y sufrimiento que estos pueden causar, porque no es fácil distinguir la fina línea que separa la mentira de la calumnia.
Todos tenemos fundadas razones para rechazar e indignarnos con el comportamiento de algunos personajes de la vida pública, que intenta denigrar una de las actividades más nobles del ser humano, pero de ahí a la falsa y peligrosa generalización de situar a todos en el universo de las tramas y los manejos, entre el foco de la sospecha y la desconfianza, me parece no solo injusto sino altamente perjudicial para la salud democrática de nuestro País.
Creo que debemos profundizar en la democracia día a día, y eso sólo se consigue si hacemos nuestros deberes, si todos respetamos las leyes que nos hemos dado, si somos capaces de acordar un código ético y respetarlo, si mantenemos la coherencia con nuestras convicciones y no fomentamos ninguna deriva autoritaria como practica en la actualidad el Presidente de EEUU, Donald Trump, entre otros.
Cuando nos asomamos cada mañana a las ventanas de los periódicos, las radios o las televisiones y vemos las tramas y manejos a través de las redes de las redes sociales, comprobamos lo poco que vale la palabra y nos sentimos inundados de fake news. Como da igual decir una cosa y al minuto justamente la contraria, sin que eso les produzca ningún rubor, como puede jurarse y perjurarse algo por un honor que poco después se echa por tierra y se mancilla con tal de permanecer atado a la poltrona del poder.
Esos personajes y ese tipo de actitudes dan pena , y alejan a mucha gente de bien de la actividad pública : No hay que confundir a estos mercenarios con quienes hacen de sus ideas, un modelo de sociedad y de conducta , no pueden meterse a todos en el mismo saco , ni confundir el sectarismo con la coherencia.
No es lo mismo aquellos que no tienen horas ni limites para su dedicación a los demás, de aquellos otros que colocan a las instituciones en las que están al servicio de sus propios intereses. Dan vergüenza y producen horror, esos comportamientos de ser rehenes de los poderes económicos y especulativos.
Vamos en el mundo entero hacia una autocracia que va arrasando valores y principios como si de una máquina trituradora se tratara, por lo que es comprensible que produzcan una gran desconfianza y hagan que casi todos sospechen de quien rigen los destinos de nuestros países y que se genere un cierto nivel de alarma social entre quienes soportan todo esto, con sus impuestos y votos.
El espectáculo de la corrupción, no solo resulta escandaloso sino vomitivo para cualquier persona de bien, y la actitud de cualquier demócrata ante el mismo, debe ser de tolerancia cero. No puede existir ningún tipo de impunidad en ningún momento, y no puede existir indiferencia social por mucha anestesia que se quiera echar encima por la vía de algunas tramas y manejos espectaculares.