SINTEL, 25 años de lucha
- Escrito por Francisco Javier López Martín
- Publicado en Tribuna Libre
Siguen yendo a charlas, conferencias, encuentros en centros educativos, universidades, asociaciones vecinales, alguna organización sindical y unos pocos grupos de izquierdas. Les llama la atención que aquello que costó tanto, aquella lucha heroica de años, de meses en el caso del Campamento de la Esperanza, haya desaparecido de la memoria de nuestros jóvenes.
No es tan de extrañar. A fin de cuentas la clase trabajadora española ha sido tan víctima del olvido como todas las víctimas de las luchas antifranquistas. Nos ha costado un esfuerzo increíble mantener viva la memoria de los Abogados de Atocha y que se hable de ellos en algún capítulo de Cuéntame, o sean protagonistas de una serie como Abogadas. Nadie cuenta ya la triste historia de Lola González Ruiz. Nadie habla de Julián Grimau, ni recuerda a Enrique Ruano, a Arturo Ruiz, o a Arturo Pajuelo. Se perdió la memoria de Pedro Patiño, o de Puig Antich.
Tampoco están tan lejos en el tiempo, pero pocos los recuerdan. Hemos dejado que nuestros hijos fueran moldeados por los gustos, los intereses y los conocimientos interesados de las grandes corporaciones y las todopoderosas redes sociales. Les hemos hablado poco, no le hemos contado nada de nuestras vidas, nuestro pasado, nuestros héroes, nuestras víctimas. Saben muy poco de la vida de sus abuelas. Algo que es fácil de entender cuando se trata de nuestros padres, que callaban cuanto tuviera que ver con política, para evitar que anduviésemos contando cosas que pudieran conducir a detenciones, torturas y cárcel. No hablaban de partidos políticos, de república, de sindicatos, de la detención del tío, del final del abuelo en algún lejano campo de concentración. Hablaban de fútbol y de toros, un poco del trabajo, de sus ganas de tener un coche, una casa propia, de la necesidad de estudiar para no acabar trabajando a la intemperie y poco más.
Esto de SINTEL no tiene más de 25 años y, sin embargo, ya es un asunto desconocido, porque ya nadie habla de nosotros ni antes ni después de estar muertos. Sabemos más de la vida de cuatro pijos, influencers, famosillos y de las descaradas vidas, de la tarada existencia, de las mansiones inaceptables de cuatro futbolistas, de cuatro magnates y de sus parejas requeteoperadas, que lo que sabremos nunca de la vecina viuda que comparte nuestro mismo rellano de escalera.
SINTEL celebra este sábado 6 de junio, en Rivas, en el Auditorio Pilar Bardem, que algunos sabrán que tiene que ver algo con el famoso actor Javier Bardem, sí hombre la de aquella película Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, la del NO a la guerra contra la desastrosa invasión de Irak, en el 2003, aunque a lo mejor ni por esas te suena.
Pues en el auditorio que lleva su nombre los trabajadores de SINTEL conmemorarán el 25 aniversario de su Campamento de la Esperanza y rendirán cuenta de tantos años de lucha hasta decidir la disolución de la Asociación a la que dieron nombre, cuyos recursos retornarán a diversas iniciativas sociales. Para que no lo olvides. Para que hables de ello y se lo cuentes a alguien que pueda volver a contarlo a otra persona, hombre, mujer, joven, niña, o niño. Vuelven los viejos tiempos de la tradición oral. SINTEL era el nombre de la filial de Telefónica dedicada a instalación, mantenimiento, tendidos de líneas telefónicas por toda España, que Cándido Velázquez, un tipo aupado primero a la presidencia de Tabacalera y luego a la de Telefónica por su amigo Felipe González, decide vender en 1996, al grupo empresarial Mas Tec, controlado por la familia cubana Mas Canosa, de rancia tradición anticastrista. La mafia de Miami se asienta en España.
Ahí comienza el vaciado del capital, los desvíos de fondo a otras empresas ruinosas del grupo, al tiempo que Telefónica, ya en manos de Villalonga, el amigo de Aznar. va reduciendo carga de trabajo hacia otras empresas. La cantinela de siempre de los actuales fondos buitre. Desguazar, fragmentar, endeudar, arruinar, obtener altos beneficios y cerrar o malvender.
Para 1999 la situación es ya desastrosa. Impagos a proveedores, ruina financiera, impagos de salarios durante meses, abandono de la gestión empresarial. De nada sirven las protestas, las huelgas de los 1800 trabajadores repartidos por toda España. Es entonces cuando deciden llevar su lucha a Madrid. A ese espacio en pleno Paseo de la Castellana, entre Nuevos Ministerios y el Ministerio de Industria, donde instalan el Campamento de la Esperanza.
Durante casi siete meses, desde el 18 de enero de 2001 hasta el 3 de agosto de ese mismo año, cientos de tiendas resisten el embate del frío, la lluvia, el sol, mientras los habitantes del nuevo poblado se organizan, reciben comida, solidaridad, recursos, mantas, juegos, apoyo de todo tipo de la ciudadanía madrileña y por aquel lugar pasaron premios Nobel como José Saramago, cantautores como Luis Pastor y Lourdes Guerra, cantantes como Miguel Ríos, poetas como Indio Juan, economistas humanistas como José Luis Sampedro, entre otros muchos.
Por aquel campamento desfilaron todos los líderes políticos de la izquierda, como Llamazares, Zapatero, o Paco Frutos, pero fueron los vecinos y vecinas de Madrid, llegados desde sus barrios, los que recolectaron comidas, mantas, ventiladores, calentadores, bebidas y todo lo necesario para sostener aquella lucha. Los trabajadores de SINTEL eran mayoritariamente afiliados de CCOO, con presencia de otros sindicatos. Las CCOO de Madrid, de las que yo era Secretario General en aquellos días, no faltó a la cita diaria con los compañeros de SINTEL. Secciones sindicales de todo tipo de empresas hicieron llegar sus gestos de solidaridad. Sin embargo la Federación de Industria y la propia Confederación Sindical de CCOO no hallan el punto de encuentro para una salida digna al conflicto. Los trabajadores quieren resistir y conseguir una solución de empleo sobre la base de la estructura empresarial de SINTEL. La Federación propicia una salida a la manera aprendida con las reconversiones industriales. Cierre, indemnizaciones y salidas diversificadas de empleo si fueran posibles.
El 3 de agosto, en la Asamblea celebrada en el Auditorio de CCOO, al que más tarde decidimos dar el nombre de Marcelino Camacho, se aprobó un acuerdo que planteaba salidas sociales, indemnizaciones, cobro de salarios atrasados, prejubilaciones, recolocaciones y que, al final, por exigencia de los trabajadores de SINTEL, incorpora la posibilidad de explorar otras opciones de futuro industrial, explorando otras alternativas empresariales.
A partir de entonces los trabajadores de SINTEL inician un proceso duro y tortuoso que conduce a la creación de SINTRATEL, como un proyecto para gestionar ellos mismos una nueva empresa y buscan inversores externos. Los choques con el sindicato son inevitables. Telefónica no concede suficiente carga de trabajo. La vía de los inversores externos es cuestionada por el gobierno y los propios sindicatos.
CCOO de Madrid resiste en el apoyo a SINTEL, pero es evidente que ya estamos solos. Las organizaciones territoriales callan o matizan sus posiciones. Las Federales hacen piña con la todopoderosa e histórica Federación de Industria, liderada por Toxo. La Confederación, encabezada por Fidalgo, y que representa al sector más plegado al acuerdo con los gobiernos, sean del signo que sean, apoya a la Federación y escucha las voces de sirena para disolver la organización madrileña. Eran tiempos convulsos y la sangre no llegó al río. Al final, años después, cayo Fidalgo, pero el fidalguismo sigue siendo una fuerte corriente dentro de las CCOO.
Todo ello trufado con el hecho de que el propio Fidalgo recibe, el 1 de Mayo de 2003, un palo propinado por un trabajador de SINTEL, ante el cual CCOO de Madrid reacciona con una denuncia inmediata en los juzgados. La Confederación terminó por presentar una candidatura para desbancar a la dirección de Madrid, en el Congreso de 2004, que se salda con la obtención de menos de un tercio de los votos.
La lucha de SINTEL ha dado lugar a artículos, documentales como El efecto Iguazú, dirigido por Pere Joan Ventura, que obtuvo el Goya a mejor documental en 2003, tesis doctorales, estudios, ensayos, libros. Adolfo Dufour dirigió el documental Nosotros que obtuvo el primer premio al mejor documental en 2012, en la sección Tiempo de Historia del Festival de la SEMINCI en Valladolid y ahora ha escrito el libro Nosotros dijimos no, sobre la lucha de SINTEL.
Si 20 años no es nada, 25 años tampoco son tantos. Y, sin embargo, toda una nueva generación, ha sido privada de la memoria de cuanto fuimos, siguiendo la vieja tradición española de vivir, seguir viviendo, disfrutar de la vida, a toda costa, a cualquier precio, aunque ese precio sea olvidar el pasado, aunque el precio sea repetir el pasado sin tregua y sin fin.
No me siento complacido por aquellos años. Fueron demasiado duros y me marcaron para siempre. Recibo odios que nunca pensé merecer. Quienes me acompañaron cedieron al poder o fueron abandonados a su suerte, como yo mismo. Pero orgulloso sí, me siento orgulloso de aquella lucha. De seguir hablando de ella. De escribir sobre ella, sin héroes, sin mitos, con gentes como tú y como yo, que decidieron luchar. De contar sus buenos momentos y sus tragedias.
Orgulloso de que en otras luchas, como la de Coca-Cola, el sindicato se pegase sin fisuras a los trabajadores, aprendiendo la lección de que los trabajadores siempre tienen la razón. Ni héroes, ni mártires, ni más, ni menos. Ya nos veremos las caras en cualquier asamblea y debatiremos sobre razón, razones, aciertos, errores. Pero en la lucha, en la movilización, en la negociación, en el acuerdo… los trabajadores, siempre tienen la razón, hasta cuando se equivocan.
No siempre la lección se ha aprendido, pero el sindicalismo de clase es siempre necesario. Por eso hay que seguir hablando de la lucha de SINTEL y de su Campamento de la Esperanza.
Francisco Javier López Martín
Maestro en la Educación de Adultos, escritor y articulista en diferentes medios de comunicación. Fue Secretario General de CCOO de Madrid entre los años 2000 y 2013, años duros de corrupción y miseria política antisindical. Durante los cuatro años siguientes fue Secretario de Formación de la Confederación Sindical de CCOO.
Patrono de las Fundaciones Ateneo 1º de Mayo y de la Abogados de Atocha. Ha publicado varios libros, entre los que se encuentran El Madrid del Primero de Mayo, el poemario La Tierra de nos Nadie, o Cuentos en la Tierra de los Nadie. Ha sido ganador de más de veinte premios de poesía y cuento, en diferentes lugares de España y América Latina.