La abstención o la necesidad de la reconversión popular
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
En estos días de vorágine política, de corrupciones varias, tribunales, conflictos entre los poderes, etc., una buena noticia salta un poco tímidamente, como ocurre en ocasiones, sobre algo extremadamente importante. En este país ya es un delito todo lo relacionado con las terapias de conversión, es decir, estamos ante un avance no sólo en favor del colectivo LGTBI sino, como ocurre siempre que se legisla en favor de derechos y de minorías, de todos y todas aunque no seas gay o lesbiana. Este país hoy es más civilizado porque ya te pueden juzgar si desprecias a un sector de los ciudadanos y ciudadanas por su orientación sexual
¿Desprecio?
Sí claro, que existan terapias de conversión para que dejes de ser gay o lesbiana es un desprecio, un insulto y un ejercicio discriminatorio. Pero también es una tortura renovada y remozada en relación con las terapias truculentas del pasado, pero tortura, a fin de cuentas, porque atenta contra la esencia de una persona, como una suerte de castigo y penitencia no por tu ideología ni porque hayas cometido un delito sino porque vas contra lo establecido por determinadas religiones y morales. Ya hace decenios y decenios que la medicina nos dijo que no estamos hablando de una enfermedad porque te gusten las personas de tu mismo sexo. Parece mentira que esto haya que recordarlo ya tan avanzado el siglo XXI, pero no duden que la homofobia está siempre presente, y salta por todos los resquicios y más en esta oleada neoconservadora que asola al mundo entero.
Pero lo que quería reflejar en este apunte de opinión tiene más que ver con nuestras derechas. En realidad, que VOX vote en contra es consecuente con sus planteamientos por mucho que intente demostrar, en un acusado ejercicio populista y demagógico, que expulsando a musulmanes de nuestro país se protege a los gays. Lo más grave, como en la cuestión de la inmigración, es la postura del Partido Popular. Se ha abstenido, ¿por qué? Pues, lo siento porque, en realidad, a la derecha clásica no le gusta mucho el mundo homosexual ni el de las lesbianas y quieren disfrazarlo todo con el discurso de la la supuesta libertad para que si te quieres reconvertir puedas hacerlo (pues, podría haber terapias de conversión para que dejaras de ser católico, por ejemplo, digo yo, en un disparate tan mayúsculo como el otro). Ya lo vimos hace años con la reforma del Código Civil en relación con el matrimonio de personas del mismo sexo. Es verdad, que no gritan, ni insultan ni atacan a los gays, como no lo hacen tampoco contra los inmigrantes, pero su mensaje es más duro, en realidad, y más peligroso, porque cala más que los exabruptos que, al final, generan alergia también en los mundos conservadores.
Creíamos que los populares habían avanzado un poco. Es más, algún diputado popular importante se llegó a casar porque una cosa es clamar contra cualquier gobierno de izquierdas y más en temas de derechos, pero luego la naturaleza es más fuerte y también quieres disfrutar del reconocimiento de un derecho por el que nada has hecho y hasta te has opuesto. ¡Allá tu conciencia y tu coherencia!
Pero, ciertamente, el PP tiene ya un político abiertamente gay y que lanza consignas en favor de los derechos del colectivo. El PP había descubierto, además, un filón electoral, dada la deriva conservadora que también está llegando a dicho colectivo. Había que arrebatar a las izquierdas la bandera arcoíris en una suerte, además, de batalla cultural, como la que tienen emprendida con multitud de cuestiones.
Pero como todo en la vida, llega la hora de la verdad, la hora de legislar y de votar. Ciertamente, el PP no iba a legislar, porque eso le cuesta mucho, pero, bueno, se le plantea la posibilidad de votar en favor de los derechos, y se abstiene. La hora de la verdad es esa, señor diputado destacado gay reconocido, la hora de la verdad es votar y ser consecuente. Una vez más.
Propongo que el Partido Popular organice terapias no de conversión (me asusta todo eso de convertirte y también el furor de los conversos), sino de reconversión en sus grupos parlamentarios y municipales sobre coherencia en materia de derechos. Esas son legales, no lo duden, te hacen mejor persona por el simple hecho de que legislas y votas en favor de las personas que han sufrido y/o sufren discriminación. Y, desgraciadamente, no hace falta salir de las fronteras de nuestro país o de los países ricos occidentales, para saber que sigue habiendo chicos y chicas que sufren porque no pueden expresar su sexualidad.
Se puede ser gay y de derechas, pero eso solamente será coherente cuando la derecha asuma la plena igualdad; por ahora, todo es fuego de artificio, engaño y búsqueda interesada de un voto sustancioso para alcanzar el poder. Que un gay con responsabilidad política permita que pueda haber una terapia para que alguien deje de ser gay, además de constituir un ejercicio de estulticia suprema supone una contradicción de alto rango, invalidante.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.