Reflexiones históricas sobre el internacionalismo socialista
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
En el análisis del internacionalismo socialista se pueden apreciar cuatro etapas fundamentales con características propias. Esta pieza plantea algunas interpretaciones y reflexiones para el análisis, aprovechando el 75º aniversario de la formación de la Internacional Socialista de nuestro tiempo.
1. La Primera Internacional. El nacimiento del internacionalismo socialista tuvo que ver con un conjunto de iniciativas sindicales ante la constatación de que para contestar al internacionalismo capitalista los trabajadores debían organizarse superando las fronteras de sus estados. Esa constatación práctica fue paralela a los planteamientos ideológicos de distintos socialistas de diferentes tendencias. El modelo organizativo de esta Primera Internacional no volvió a darse más porque el socialismo terminó por organizarse en el plano político a través de la fórmula del partido. Por otro lado, ya en la Primera Internacional los planteamientos anarquistas fueron apartados de forma contundente.
2. La Segunda Internacional. El nuevo modelo se basaba en el protagonismo exclusivo de las formaciones socialistas, autónomas, pero que intentaban coordinar una acción común frente al capitalismo y la realidad social y política del mundo entre el final del siglo XIX y la Gran Guerra. En principio, la Segunda Internacional era un poder evidente en la Europa de su tiempo, pero con debilidades importantes como se terminaría de ver con el estallido de la Primera Guerra Mundial.
3. El período de entreguerras. La Gran Guerra destruyó la Segunda Internacional y se inició una etapa convulsa del internacionalismo socialista por un conjunto de factores. En primer lugar, la contienda había demostrado que por encima de ese espíritu universalista había triunfado el sentimiento nacionalista también en el seno de los partidos socialistas, muy especialmente en Alemania y Francia, aunque menos en el caso laborista británico. Reconstituir el modelo anterior chocaba, en principio, con este hándicap, a pesar del esfuerzo que destacados socialistas de entreguerras realizaron. Al final se pudo reconstruir un modelo parecido al anterior, aunque de forma muy trabajosa. Pero, en realidad, ese no fue el principal problema de este período en el movimiento obrero. La escisión comunista que generó fortísimas tensiones en el seno de las formaciones socialistas de casi todos los países europeos terminó plasmándose en la creación de otro modelo internacionalista, muy vinculado a Moscú, y que supuso para una parte de la familia socialista una alternativa que podría funcionar frente al fracaso de 1914. La cuestión se hizo más compleja cuando apareció la fórmula internacionalista trotskista. Por último, no podemos olvidar que la solución fascista eliminó, primero en los años veinte, pero, sobre todo, en los treinta, elementos fundamentales del socialismo europeo, que eran el puntal del internacionalismo. Pensemos en la socialdemocracia alemana como el ejemplo más evidente.
4. El internacionalismo después de la Segunda Guerra Mundial. La nueva posguerra mundial fue harto distinta a la anterior y eso también influyó en el internacionalismo socialista. En realidad, los rencores derivados de la contienda no fueron un elemento reseñable en este momento como en el pasado, pero sí pesó mucho la experiencia histórica. Los socialistas se pasaron gran parte de la segunda mitad de los años cuarenta pensando acerca de las causas de los anteriores problemas y, sobre todo, de los fracasos. En ese contexto, además, hubo un cierto choque generacional. Ciertamente, los viejos socialistas eran conscientes de esos problemas del pasado porque los habían vivido y protagonizado, pero seguían empleando el lenguaje de aquella época que asustaba, en cierta medida, a la joven generación socialista poque la misma interpretaba que eso significaba la no deseada reedición. El segundo problema provenía del poder del comunismo cuando comenzaba la Guerra Fría. Moscú deseaba intervenir en el socialismo occidental, seguramente a través de los partidos socialistas de la Europa del Este. Eso generaba recelo entre las formaciones socialistas occidentales. Curiosamente, el establecimiento claro del telón de acero y de los regímenes de democracia popular en esa Europa del Este solucionaron el problema a los socialistas occidentales porque las formaciones socialistas del Este fueron eliminadas por las nuevas autoridades de partido único.
En todo caso, como conclusión, la Internacional Socialista moderna fue consciente de las virtudes de las experiencias pasadas y, especialmente, del espíritu en sí internacionalista o universalista, intentando aprender de los errores y los fracasos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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