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Besteiro sobre los intereses privados administrando servicios públicos


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Julián Besteiro ofreció una visión intensamente socialista a cuenta del poder de los intereses privados en la administración de los colectivos, es decir de los servicios públicos en el área municipal, un asunto que siempre interesó mucho al socialismo español, pero también al internacional, como lo demostraría, en este sentido el fabianismo británico.

Besteiro afirmó en febrero de 1902 en un artículo que publicaron El Imparcial y El Socialista que si se veían los presupuestos municipales de la capital de España parecía que se podía sacar la conclusión de una relativa prosperidad. Pero había que leer bien las cuentas. Al Ayuntamiento de Madrid le quedaba muy poco dinero para gastos verdaderamente productivos después de atender a los gastos de personal y las deudas contraídas para indemnizar “con indebida esplendidez” a los propietarios de terrenos que había necesitado expropiar.

Madrid se había convertido en una especie de mina para unos cuantos poseedores de la Deuda, para unos cuantos contratistas de servicios públicos, y para unos cuantos acaparadores de solares y propietarios de inmuebles.

Los que habían acumulado capital explotando a los campesinos, los que habían heredado en función de su linaje y los nuevos ricos fruto de los negocios en la Gran Guerra y/o en el Rif constituía, en opinión de Besteiro, el medio social “decadente y enfermizo” donde se incubaba la mafia que había terminado por acaparar el arie, la luz, el movimiento, la alegría y la vida de la ciudad de Madrid.

Los potentados no se conformaban con ser dueños de los solares donde se expandía la ciudad, de las viviendas, del tranvía y del alumbrado. Buscaba adeptos e interesados en la explotación general para no perder su poder. Y por eso se transigía con el abuso de los gremios, con los excesos de las Compañías encargadas de los servicios públicos, etc.

Besteiro consideraba que la oligarquía que dominaba la ciudad había cerrado el paso a todo sistema de administración propio de las urbes modernas. Las principales ciudades europeas y norteamericanas para evitar esto habían optado por la municipalización de los principales servicios públicos, es decir, las ciudades se había hecho dueñas de los tranvías y ferrocarriles urbanos. Otras habían optado por municipalizar el servicio de alumbrado. Algunos ayuntamientos habían comprado grandes extensiones de terreno que les había permitido regular la urbanización y el precio de las viviendas, y en ocasiones, emprender edificaciones.

En Madrid solamente se había producido la incautación de la fábrica de gas, pero no se había realizado para beneficio de los vecinos, sino para servir a los intereses de la empresa.

La influencia de los intereses privados en la administración de los intereses colectivos tenía en España una enorme fuerza, y había paralizado el desarrollo de la vida municipal. Frente a la paralización del municipio madrileño se podía comprobar el progreso de organizaciones sociales que no contaban mas que con su propio esfuerzo. Es más, a veces esas organizaciones tenían que prestar su ayuda al municipio madrileño para salvar algunas situaciones, creadas, precisamente por la persistencia de los problemas que en otras ciudades europeas se habían ya resuelto. Ahí estaría el conflicto de los patronos tahoneros, que había tenido siempre apoyo entre muchos concejales, valedores de un estado de cosas insostenible. Cuando en la anterior ocasión en la que Gobierno había intentado incautarse de las tahonas se vio que sin la gestión de la Sociedad de Obreros Panaderos las autoridades municipales madrileñas hubieran sido incapaces de ponerse en marcha.

Besteiro elogiaba la labor de dicha sociedad obrera como al movimiento guildista inglés y alemán porque el concurso de las organizaciones obreras con la asistencia de los recursos públicos en una fórmula de producción cooperativa hacia funcionar a las ciudades.

El intelectual socialista era consciente de que no se podía comparar las modestas aportaciones de las organizaciones obreras españolas con lo que ocurría en esos países, pero con el apoyo debido podía encontrarse el alivio para resolver los problemas de edificación, por ejemplo.

Los socialistas veían en la municipalización de los servicios urbanos no la meta de sus aspiraciones, pero sí una etapa importante para su realización. Con mayor motivo veían en esta concurrencia de las actividades de la organización obrera y las funciones de las corporaciones públicas un progreso evidente hacia los ideales socialistas.

Hemos trabajado con el número 4380, del 22 de febrero de 1923.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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