El ocio desde una perspectiva socialista
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Francisco Núñez Tomás, al que hemos acudido en muchas ocasiones, y hoy queremos hacerlo en relación con el ocio.
Antes que nada recordemos que Núñez Tomás fue tipógrafo y periodista, desarrollando un intenso compromiso tanto en la UGT como en el PSOE, ya que llegó a ser vocal de la Comisión Ejecutiva de la primera, y miembro de la Comisión Ejecutiva del Partido, además de ser elegido diputado por Badajoz, y pertenecer a la redacción de El Socialista.
La cuestión del ocio no fue, ni mucho menos, secundaria en el seno del movimiento obrero porque se incluía en la famosa trilogía de “ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de ocio”. En la lucha por esta conquista el ocio era importante porque suponía más que el descanso, que tenía asignada su parcela horaria, un sentido formativo, cultural y, como diríamos hoy, de crecimiento personal y colectivo. Los socialistas siempre le dieron mucha importancia al empleo racional de ese tiempo en el que ni se descansaba ni se trabajaba.
Núñez Tomás reflexionó sobre el ocio en el número del primero de mayo de 1923 de El Socialista.
Recordaba la lucha por la conquista de la jornada laboral de las ocho horas y, una vez conseguida en la mayoría de los países y gracias al esfuerzo de la organización obrera el ocio se había convertido en una realidad. Núñez Tomás hablaba de las ocho horas de instrucción al lado de las correspondientes al descanso, es decir, que en la reivindicación de la clase obrera sobre la necesidad de lo segundo si no quería ser aniquilada físicamente, también deseaba salir del embrutecimiento deliberado al que estaba sometida. El proletariado deseaba aprovechar las horas libres en “distracciones honestas y cultas”.
Pero los patronos al criticar la conquista de las ocho horas en la posguerra mundial afirmaban que el dar más tiempo libre a los trabajadores no había servido más que para entregarlos a la taberna, un argumento que, por nuestra parte, hemos visto con frecuencia en la primera mitad de los años veinte.
Pero Núñez Tomás consideraba que esa afirmación patronal era excesivamente interesada para ser verdad. Había muchos ejemplos en contra de esa opinión. Así, aducía un discurso del ministro francés de Trabajo en el que afirmaba que el obrero francés empleaba admirablemente ese tiempo para instruirse. En la misma Francia se habían publicado estadísticas oficiales que demostraban la preocupación de los trabajadores por capacitarse y que era mucho más intensa desde que se había implantado la reforma de la jornada laboral. La revista Le Progrés Civique había organizado el “Concours des loisirs por el que se proponía desenvolver la acción social facilitando a la clase trabajadora aquellos medios y centro de distracción “honesta, desarrollo físico, normas de higiene y capacitación cultural” que fueran necesarios.
Por otro lado, en algunos países la propia patronal había comenzado a preparar gimnasios, piscinas, salones de lectura, cursos de enseñanza profesional y otras instituciones para procurar distracción a los obreros y facilitar su desarrollo físico e intelectual.
En otros lugares, en cambio, habían sido las organizaciones obreras las que había tomado la iniciativa con sociedades corales, jardines obreros, bibliotecas circulantes y centros de estudio.
En Bélgica el Gobierno había intervenido directamente y los Consejos Provinciales se habían preocupado del ocio obrero, dando subvenciones a instituciones que lo desarrollaban.
La propia OIT había aprobado que el primer punto del orden del día de su próxima conferencia de 18 de octubre se dedicaría al ocio. La OIT quería estudiar los resultados de los distintos sistemas implantados en los diferentes países y se presentaría un informe que se pondría a disposición de todos los países. Pensaba que, posiblemente, se podía sacar un plan con carácter internacional, al respecto.
Todo ello demostraría que la organización obrera cumplía sus fines sociales de capacitación y preparación del proletariado para el día de la emancipación total.
Pero España, como en otros asuntos, sufría fatalmente las consecuencias de su retraso. Al egoísmo de los patronos correspondía la estulticia de los gobernantes. Ni unos ni otros se preocupaban por hacer nada en beneficio de la cultura y la educación de los trabajadores. Para Núñez Tomás eso era debido a que se pensaba que era mejor mantener en la incultura a los obreros.
Pero el proletariado español necesitaba y quería ir al paso del progreso general del mundo.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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