Besteiro y el papel de los socialistas desde la muerte de Marx
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Después de explicar la misión de los marxistas en el momento en el que dictaba su conferencia sobre el marxismo en marzo de 1933 en Madrid, le llegaba el turno al análisis que realizó sobre el avance del socialismo.
Desde que había muerto Marx hasta el estallido de la Gran Guerra, a pesar de las aludidas rectificaciones del marxismo, el proletariado inspirado por las ideas de Marx había realizado progresos considerables en relación con la organización sindical y política en todo el mundo. En las naciones más desarrolladas, los sindicatos obreros habrían alcanzado un poder extraordinario.
Los triunfos del proletariado habían sido innumerables. Y, entonces, al mismo tiempo que se decretaba el fin del marxismo y se organizaban ofensivas contra el mismo, de forma paralela se observaba un movimiento de aproximación de la burguesía al proletariado y al socialismo. Además, se había producido un requerimiento constante a los hombres del socialismo y de la organización obrera para que colaborasen con el poder. Esos requerimientos estarían justificados, según Besteiro, porque el trabajador había adquirido el hábito de formarse de los conceptos precisos, no vagos, encontrando en la organización obrera una escuela tan perfecta que en ella habían salido magníficos hombres de gobierno, en muchos casos superiores a los que nacían en el seno de la burguesía.
Y los intelectuales adquirieron una visión crítica y a larga distancia que los colocaba muy por encima de los políticos de la burguesía. Así pues, en los partidos socialistas fueron surgiendo hombres con tal aptitud de gobernantes que algunas veces ellos mismos habían creído que debían obedecer a los requerimientos de la burguesía y hasta abandonar sus partidos y la organización obrera para desempeñar funciones de gobierno. Eso había pasado, y Besteiro aludía a los casos de Millerand, Briand, MacDonald o Paul Boncour.
Por nuestra parte, recordamos las polémicas que eso produjo en el seno del socialismo internacional.
Así pues, quedaba probado que los hombres formados en las escuelas de los sindicatos y de los partidos socialistas eran eficaces y que valían para tareas de gobierno. Pero fue el momento de la guerra y de los primeros años de la posguerra cuando la desorientación de la burguesía, la complejidad de la situación y la gravedad de las responsabilidades a asumir en unos momentos tan críticos, que provocaron que en Europa surgiera una tendencia que arrastraba a los partidos socialistas a colaborar en el gobierno. Además, muchos partidos socialistas tenían mucha fuerza parlamentaria y no parecía que pudieran negarse a participar. Por otro lado, donde no había regímenes democráticos y sus sistemas se estaban pudriendo los socialistas y luego los bolcheviques fueron a tomar el poder, aludiendo, evidentemente, al caso ruso.
Para Besteiro aquí estaba la tragedia, y que tenía que ver con el hecho de que los gobernantes burgueses habían desertado del poder porque se sentían débiles, y entregaban la responsabilidad a los socialistas o los llamaban a colaborar. Pero lo socialistas no eran dueños propiamente de los resortes del poder, es decir, del ejército, ni de la justicia ni de la burocracia, y tampoco contaban con una organización industrial y económica creada por ellos. Tenían que gobernar, “no en socialista, sino en burgués”.
Seguiremos, porque, entonces a resultas de este peligro surgía lo que el consideraba el peligro del reformismo.
Recordemos que estamos buceando en el número 7533 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.