El espíritu del librepensamiento español del XIX
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Sin duda, el artículo que abrió el primer número de Las Dominicales del Libre Pensamiento, el día 4 de febrero de 1883, resume, en gran medida los sentimientos o el espíritu del librepensamiento español entre el siglo XIX y el XX. Aquella publicación es fundamental para entender el librepensamiento, el racionalismo, parte del republicanismo, la masonería, el espiritismo, el feminismo de signo liberal y democrático, así como una cierta preocupación social de aquella intensa época que va desde la Restauración a la crisis de la misma en los primeros decenios del siglo XX. Fue un periódico intenso, denso, lleno de noticias, artículos, opiniones y muy perseguido precisamente por la defensa de todo lo que hemos expuesto y por su innegable anticlericalismo. Afortunadamente, podemos consultarlo en su totalidad de forma ágil a través de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.
¿Y qué decía aquel artículo titulado “Dos palabras al lector”?
En primer lugar, la redacción del semanario (recordemos a Ramón Chíes Gómez, “Eduardo de Riofranco”, Fernando Lozano Montes, “Demófilo” y posteriormente a Antonio Zozaya) afirmaba la muerte de la Monarquía, planteando ya un acusado republicanismo, pero también la muerte de la “Religión del simbolismo”. Además, el espíritu del tercer estado o clase media se habría corrompido por el dinero. Así pues, el semanario quería mostrar al público “las llagas” de unas instituciones que calificaba de decrépitas. Pero no de forma violenta, es decir, sin recurrir a las bayonetas, precisamente las que se empleaban para sostener esos restos de un mundo que se desmoronaba. El método sería pacífico, empleando la razón.
El periódico vendría a decirle a la Monarquía y a la Iglesia que había que abrir paso al “espíritu del siglo”. A la clase media, esto es, la burguesía, se le iba a decir que había que dar paso al cuarto estado que la sostenía como a todo el mundo.
A ese cuarto estado el periódico quería expresarle que se consideraba su hermano, es decir, se hacía un guiño de tipo social, pero destilando un evidente paternalismo que terminaría chocando, por ejemplo, con el movimiento obrero socialista, como hemos tenido oportunidad de comprobar en distintas ocasiones. El periódico exponía, en ese ese sentido, que los trabajadores no debían moverse con represalias, pero, sobre todo, debían entender que no se podían gobernarse bajo la dirección de otros obreros, poniendo los ejemplos del albañil, el carpintero o el cajista de imprenta. Todos ejercerían profesiones tan nobles como las de un magistrado o de un ministro, pero eran incapaces para gobernar el Estado. Eso exigía aptitud y práctica.
A las clases conservadoras, a la Monarquía y a la Iglesia se las recomendaba que considerasen al periódico como un hermano, si tenían instinto, cuando defendiera el librepensamiento con la “espada de la razón” su desalojo pacífico del lugar que ocupaban (añadimos nosotros, eso parecía, lógicamente, imposible, como se vería muy pronto). El periódico aconsejaba que era mejor que ese proceso se hiciera suavemente y no siendo arrollados por las “pasiones que se oyen rugir en la sombra”. Se animaba, por lo tanto, a que adoptasen la causa.
En relación con los trabajadores se afirmaba que si veían algún “ribete conservador” en los dos primeros redactores del periódico era porque tenían la firme convicción de que así servían del modo más eficaz a su causa.
En conclusión, el librepensamiento suponía una evidente crítica al poder de la Iglesia, en favor de la razón, un intento de establecer la República al considerar caduca la Monarquía, y, por fin, un sentido social pero distinto a las ideas socialistas y anarquistas sobre la emancipación de los trabajadores, y con un acusado paternalismo.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.