Disfrutar del comer
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
En la fauna humana , los hay que viven para comer y quienes comen para vivir. Cualquier fijación nos hace dependientes y nos resta libertad, capacidad para decidir lo más conveniente en cada momento. Que comer es un enorme placer, nadie lo pone en duda, pero como todo en la vida exige un equilibrio que nos aleja de la gula o de la anorexia, que se convierte en un deleite para los sentidos o una conducta compulsiva e inevitable que puede acabar en una grave patología.
El buen yantar debe sorprendernos, y ser un lujo para nuestros sentidos, y en la sociedad de nuestros días, que nos sitúa inmersos en las prisas y somos víctimas del estrés, es tal vez más importante que le dediquemos tiempo y no emprender una carera y una tensión permanente que no nos deja disfrutar del mundo de la texturas, sabores y olores.
No se trata de comer mucho y saciarnos sino lo suficiente para saborear y quedarnos con ganas y alimentarnos reposadamente, charlando con los amigos o con la familia, sin necesidad de engullirnos cualquier cosa de pie o sentados con el cronometro en algún establecimiento de comida rápida, en la que todo lo que se traga termina sabiéndonos a lo mismo.
Lentamente, con paso seguro, la cocina va ganando cada día más adeptos. La gastronomía como arte de la buena mesa, es objetivo de atención de los medios de comunicación y los grandes magos de las ollas, cacerolas, cazuelas, coladores, espumaderas, sartenes, tarteras, bandejas y platos son conductores hoy de programas de radio y televisión.
Los brujos del aderezar, adobar, aliñar, amasar, asar, decorar condimentar, dorar o trinchar las más variadas verduras, frutas, pescados o carnes son entrevistados, opinan sobre todo sobre el arte de la cocina y conducen secciones fijas en periódicos o revisas.
Tal vez este estar de moda de las cosas del comer, comienza a recuperarlo para nuestra cultura como un acto importante por sí mismo. En un país tan rico y variado gastronómicamente como el nuestro, donde a lo ancho y largo del mismo, sus distintos lugares manifiestan su forma de pensar y actuar en la mesa.
Un territorio que como España está bajo la influencia de la comida mediterránea, pero en la que cada rincón, en cada pueblo de su geografía podemos rescatar una vieja receta, cubierta por el polvo de la historia o encontrar a quien utilizando su creatividad nos enseñe una nueva forma de asombrar a los sentidos.
Los modelos de hombres y mujeres que el mercado propicia y estimula, llevan a algunos ciudadanos y ciudadanas a seguir rigurosos regímenes y a someterse a experimentos espartanos y torturantes, con tal de conservar una silueta de cine y tener “una talla perfecta”.
Pienso que el mejor régimen alimenticio es la libertad, con unas gotas de sentido común y prudencia. Los especialistas en dietética nos recomiendan siempre una dieta equilibrada que básicamente podíamos resumir en “si usted no tiene ningún padecimiento, como de todo moderadamente”. Y tengamos en cuenta que si ingerimos mayor cantidad de calorías que las consume inevitablemente nuestro cuerpo las irá almacenand, ya que como decía Ramón Llull “cómase lo que basta, no lo que sobra”
En cualquier lugar y época del año, comer debe ser situarse en el paraíso, lo mismo dando cuenta de una sopa que saboreando una ensalada, paladeando un guiso o un potaje, que atacando un suculento asado o una rica fritura de productos del mar, acompañado todo de un rico caldo de la tierra y culminando la faena con un buen postre.