Los griegos. Heráclito. XXXV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
“¿Qué es, en definitiva, en su última, interna y verdadera raíz, la naturaleza, lo que siempre permanece? La naturaleza es el “arché”, el principio de sus propias modificaciones y, el “télos”, el término donde todas ellas desembocan” (Xavier Zubiri: “Hegel y el problema metafísico”).
Ante todo, reconoce Zubiri, el saber filosófico va descubriendo en Grecia, “zonas de realidad” distintas, con peculiaridad propia, va alumbrando regiones del universo, cada vez más insospechadas y, haciendo de ellas objeto suyo. Como es bien sabido, en un principio, el saber filosófico se ocupó preferentemente de los dioses y, vio en el mundo, una especie de prolongación genética de ellos. Junto a los dioses, los jonios descubrieron la naturaleza, como algo propio. Más tarde, Parménides y Heráclito, descubrieron en ella, esa misteriosa y sutil cualidad del ser, por la que decimos que esta naturaleza, es “la realidad”.
La naturaleza, por tanto, causa de materia, vida, sentido y movimiento, es una realidad “auto-poética”, “naturante”, a un tiempo que “naturada”, pues se trata de aquello que, produciendo “se produce” (y “se reproduce”). Dicho de otro modo, la naturaleza no es la consecuencia, de un principio ordenador externo, sino que está determinada de un modo inmanente, por los resultados de su propia actividad.
Este “primer principio” inmanente, además, no se agota en su sentido material, sino que reúne a todos los demás, puesto que es “principio”, al menos en tres sentidos básicos: en sentido cronológico, ”es comienzo” – en cuanto que es lo primero -; en sentido material es “sustrato” – en cuanto que es lo primario -; y en un sentido más radical es “fundamento”- en cuanto que es lo principal -. Se trata de algo intrínseco al mundo, el principio de su crecimiento y organización presente, identificado, en su estadio primitivo, con su parte constitutiva material: no es que esté compuesto por una sustancia material única, sino que la diversidad, de su actual disposición, no procede de la eternidad, si no que se ha originado, a partir de algo, radicalmente más sencillo, en un momento concreto y determinado. Como señala Max Pohlenz: “el concepto de ‘phýsis’, es una creación de la ciencia jonia, en la cual resumieron, su concepción del mundo” (“Nómos und Phýsis”). Pero no se trata de corregir aquí, la aproximación aristotélica a los presocráticos, sino de tomar las cosas, en su justa medida. En verdad, se trata de una primera aproximación, pujante e inmediata, eminentemente jonia, pero ajena a las distinciones del sistema aristotélico, quien señaló, como es sabido, seis acepciones del término “arché” en la “Metafísica”. La intención de los presocráticos – resulta obvio – no fue la de estudiar el cosmos, desde los parámetros de la teoría de las “cuatro causas”, ni, en otro sentido, la de limitar el alcance del “primer principio”, a su acepción material.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.