Los griegos. Heráclito. XLII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Los griegos confiaban en que el conocimiento de la naturaleza, les permitiera conocerse a sí mismos, por eso estudiaban su ritmo y su medida y, nunca trataron de someterla, a la medida ni al ritmo de los deseos, temores o necesidades humanas.
El fuego, en nuestra opinión, es una imagen que permite al filósofo explicar su pensamiento, mejor que cualquier otra, pues se trata de un elemento que permanece, al mismo tiempo que cambia y, se renueva al mismo tiempo que se consume. De todos modos, al introducir la medida en el fuego, Heráclito pone de manifiesto, la necesidad de que la unidad, tiene que desvelar las múltiples posibilidades, que esconde en su interior, dando lugar al cosmos: sólo así se entiende, que lo uno sea al mismo tiempo lo múltiple y, viceversa.
El fuego, en conclusión, es una metáfora del mundo y, del tiempo cíclico que lo gobierna; como toda imagen, por tanto, tenemos que entenderla en sentido literario o poético, pero también literal, puesto que tiene un alcance ontológico innegable. El mundo “arde”, se mueve, cambia, deviene, consume, pero nunca se consume, hace y deshace, en el incesante e inocente, transcurso de los días, los meses, las estaciones y los años, como el juego de un niño. El mundo es “un niño que juega”, un enorme campo de batalla donde reina la discordia, la tensión y el antagonismo, un tablero de juego, en el que los dioses y los hombres juegan y son jugados, donde se emprende una partida nueva cada día, pero siempre con las mismas reglas, bajo la perspectiva “eco-enantio-lógica, de la escondida respectividad de todas las cosas, de la “armonía invisible”, que religa y articula la unidad-multiplicidad de lo visible.
El fuego, dicho de otro modo, puede llegar a ser todas las cosas, sin perder su “mismidad”, de igual modo que cambiamos, el oro por mercancías y las mercancías por oro, sin que éste pierda su valor de cambio, ni su posibilidad de intercambio, por otro tipo de mercancías y, al contrario:
“Todas las cosas se cambian por fuego y, el fuego por todas las cosas, como las mercancías por oro y, el oro por las mercancías” (Tran-Duc-Thao ha señalado, que el ejemplo que utiliza Heráclito, no es ni mucho menos trivial, ya que la acuñación de moneda en Jonia, fue el primer intento de armonizar, de un modo abstracto, lo uno y lo múltiple).
El fuego, sin dejar de ser del todo lo que es, da lugar al cosmo, pues en realidad no desaparece, en cada una de sus determinaciones, sino que simplemente “se esconde”:
“Transformaciones de fuego: primero mar y del mar la mitad tierra, la mitad ardiente huracán… La tierra se esparce como mar y se mide en la misma proporción, que había antes de que se hiciera tierra”. Willebrord Snell van Royen (Leiden, 1580-30 de octubre de 1626), también conocido como Snellius e indebidamente reflejado como Snell, fue un astrónomo y matemático neerlandés célebre por la ley de la refracción que lleva su nombre) señaló que no se trata de” transformaciones” del fuego, puesto que, en la época de Heráclito, el término se utilizaba únicamente, para referirse a las rotaciones del sol.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.