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Un diálogo entre Ángel María de Lera y José Luis Sampedro con la violencia como fondo (2)


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

y la angustia de verse fuera de sí, viviendo,

y la duda de ser o no ser realidad.

Xavier Villaurrutia

Las críticas y denuncias de los espurios mecanismos de control no pueden ser más actuales

Por las razones expuestas en la primera parte de este ensayo, el sistema utiliza todos los resortes a su alcance para ocultar y distorsionar la realidad. El éxito y el triunfo social se busca que se asocien a la acumulación de bienes, cuando no a estimular el creciente consumismo que cada día pone más en peligro la supervivencia del Planeta. Naturalmente, cuando estas estratagemas no son suficientes, se recurre a mecanismos de represión, más o menos sofisticados.

¡Qué duda cabe! convertir a los ciudadanos en consumidores pasivos de bienes y servicios, fue ‘una maligna idea afortunada’ para desactivar la lucha por los derechos y libertades, así como la participación social en defensa de lo público.

Los temas que van surgiendo en la entrevista, ponen de manifiesto que con el paso de los años hemos ido perdiendo el norte y abandonando, no pocas cuestiones vitales, para que pueda subsistir un sistema democrático participativo.

Ha llegado el momento de recuperar esta energía y estos impulsos y de afrontar la realidad de otro modo. Hemos de ‘quitarnos los velos’ con que nos han ido cubriendo y al igual que la joven diosa de Homero que anunciaba el día, desprendernos uno a uno de los pañuelos y señuelos con que nos han ido nublando la vista.

Nos han entontecido colectivamente, hasta reducirnos a mónadas o compartimentos estancos sin comunicación. Esto nos hace más dóciles y manejables. Los romanos acostumbraban a decir, con cierta sorna, “¡Stultorum infinitus est numerus!” Veinte siglos más tarde hay que reconocer que cierta razón llevaban.

Con la perspectiva de más de sesenta años, es preciso reconocer que el libro de José Luis Sampedro “El futuro europeo de España” (1961), contiene análisis, opiniones y proyectos que merecen ser repensados. Lo mismo podría decirse de “Las fuerzas económicas de nuestro tiempo” (1967), traducido a varios idiomas. Viene al caso recordar que su manual “Estructura económica” (1969), fue utilizado en muchas universidades, contrastando con el conservadurismo hasta entonces reinante.

Como novelista “Octubre, octubre” (1981) y “La sonrisa etrusca” (1985), son novelas que merecen leerse o releerse por los valores humanistas que contienen y por la sutil denuncia de la explotación en un mundo tan desprovisto de valores y tan insatisfactorio como ha ido volviéndose el que habitamos.

Parece que se va cumpliendo uno de los propósitos prioritarios de quienes adoptan decisiones, instalados en el vértice de la pirámide: generar un mundo opresor que no suscite rebeldías. Lo que se logra creando artificialmente realidades paralelas y apartando a los ciudadanos de sus intereses vitales. No obstante, formula que soterrar la rebeldía, que puede estallar en cualquier momento, no puede hacerse indefinidamente y que más pronto que tarde aparecerán los destellos en forma de malestar, primero y de violencia, después. De ahí, que el siguiente propósito sea utilizar esa violencia en beneficio propio.

Una expresión que utiliza “colonizar mentalmente”, me parece anticipatoria de mucho de lo que ha ido sucediendo después.

A mi juicio acierta plenamente, cuando señala que vivimos en una sociedad de consumo, en la que no se produce para consumir, sino que se consume para producir. Hasta el punto, de que corríamos el peligro de acabar convertidos –como se ha demostrado- en esclavos insensibles y ciegos a la esclavitud que padecemos.

Han despertado mi interés sus opiniones sobre la técnica. Las relaciones entre sistema económico y técnica a lo largo de la historia, han venido siendo de interdependencia. Hoy, sin embargo, como advirtieron con lucidez algunos integrantes de la Escuela de Frankfurt, la técnica se ha convertido en un fin en sí mismo, de consecuencias devastadoras, si no logramos embridarla.

Me parece un hallazgo de singular relieve el que acostumbrados a adquirir todo tipo de productos… por efecto o defecto de la publicidad y de las redes sociales se puede llegar a comprar un Presidente y a transformar así a los electores en borregos amaestrados, cuando no en fanáticos. Piénsese en Estados Unidos y lo acaecido con Donald Trump o en Brasil, con Jair Bolsonaro. Un presidente y una ideología pueden llegar a venderse como un producto cualquiera.

Las pulsiones autodestructivas que se perciben son cada día más frecuentes. Ya casi nadie habla de justicia social. Los textos de filosofía política o de lo que denominábamos economía política son un buen ejemplo. A muchos les importan más otras cosas. Irresponsablemente, seguimos el son del flautista de Hamelin, que deberíamos saber a dónde nos conduce. Nos va la vida y el futuro en ello.

Una imagen espeluznante y recurrente se repite en mis pesadillas: Saturno, dios del tiempo, devora a sus hijos, ¿permitiremos que nos devore sin oponer resistencia? La ausencia de responsabilidad conduce a dejarnos llevar por un discurso ‘gatopardiano’ que llena de toxicidad la convivencia democrática. Ojos de lechuza escrutan nuestros movimientos y las negras alas del murciélago inician su vuelo. A todo esto, convendría señalar que la indignación, mientras no se articule y vertebre, es un refugio cómodo y altamente manipulable que incluso puede ser alentado por quienes detentan el poder.

Asimismo, hemos ido perdiendo imaginación, que dicho sea de paso, es la que impulsa a buscar, a conocer y a crear.

El dinero, sus sucedáneos o sustitutivos es el centro de todo. Todo lo demás se subordina a él. Hoy, solo interesa la imaginación en la medida en que proporciona beneficios. Los productos de la imaginación ¡triste y amarga verdad! pasan a ser mercancías.

José Luis Sampedro advierte a lo largo de la entrevista, que la violencia nace en el hombre o con el hombre, en respuesta a la hostilidad ambiental. Por tanto, la agresividad humana, embridada y encauzada convenientemente, puede convertirse en un factor de progreso, no obstante, como el dios Jano tiene una cara destructiva, no menos importante. Advierte que el verdugo acaba siendo víctima de la violencia que promueve y ejerce.

He ido comentando una serie de aspectos, que de una manera directa u oblicua, hacen pensar. Me resta, sin embargo, poner de relieve su opinión sobre los nacionalismos que para él no hacen otra cosa que confundir los intereses de ‘grupo’ con los generales o colectivos. El nacionalismo –especialmente el españolista- consiste en la imposición de un grupo sobre los demás. Conviene tenerlo en cuenta y no darle excesiva credibilidad, por mucho que hable de un hipotético bien común.

Es más que oportuno permanecer vigilantes con quienes desfiguran, de forma consciente, la realidad histórica provocando la confusión y el odio. La desinformación es, quizás, una de sus mejores armas. ¡Cuánto nos habríamos ahorrado si hubiéramos prestado más atención a su opinión de que una educación basada en el nacionalismo es una educación para la violencia y la exclusión!

El lector coincidirá, sin duda, en algunas afirmaciones, discrepará de otras. La dialéctica, como no podía ser menos, da para eso y para más. Es más necesario que nunca tener presente la trágica barbarie y las contradicciones en las que estamos atrapados.

Cuando la cultura parece agonizar y asistimos a una ostensible decadencia de los valores democráticos, es vital proclamar a los cuatro vientos que las reglas de convivencia son sagradas y que si no se respetan nada se tendrá en pie.

Sin respeto a los demás la colectividad es vulnerable, frágil y acabará rompiéndose en pedazos. Si no somos capaces de contener ‘la atracción al abismo’ acabará por engullirnos.

Aunque hayamos perdido casi por completo, lo que los totalitarios de toda laya y condición han considerado la funesta manía de pensar, es urgente reflexionar sobre ¿a dónde nos lleva esta espiral? y ¿cómo poner coto a los conatos de violencia, que cada día se manifiestan con más intensidad, promovidos en gran medida por los mensajes de odio?

Tuvo una feliz idea Ángel María de Lera con esta serie de entrevistas a personas que tenían mucho que decir. Antes de dar por finalizada esta colaboración, quisiera recordar su novela “Las últimas banderas” que fue Premio Planeta en 1967. Quiero recordarla porque es un magnífico ejemplo de lo que hemos dado en llamar Memoria Democrática, que tiene en las obras literarias elementos imprescindibles para recordar lo que pasó y de dónde venimos.

Leí, también, con atención su “Carta abierta a un fanático”. Sugiero encarecidamente, que se busque, se lea y se asimile su contenido, que por cierto, es de palpitante actualidad. Les vendría muy bien su lectura a aquellos que ni siquiera conocen que existe y que toda forma de pensamiento les importa ‘un bledo’.

No obstante, puede ser muy útil a quienes busquen encontrar un cauce racional para dirimir los conflictos.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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