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Muerte y entierro del sindicalista Francisco de la Oliva Postigo en 1907


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

En este trabajo estudiamos el incidente que provocó la muerte de Francisco de la Oliva Postigo, miembro de la Sociedad “El Trabajo” de la UGT en Madrid en marzo de 1907 en un conflicto laboral, y su entierro posterior. La Sociedad de los albañiles se constituyó en agosto de 1888, y en los años treinta llegó a contar con diez mil afiliados, siendo, por tanto, una de las más importantes en el sindicalismo madrileño.

El conflicto laboral partió del incumplimiento por parte de los aparejadores de un acuerdo con la Sociedad de albañiles “El Trabajo” sobre la extensión de la jornada laboral. Al parecer, anunciaron con carteles en las distintas obras que sería de nueve horas. Muchos trabajadores no acudieron a trabajar en respuesta. Solamente hubo obreros en las obras donde no se había puesto el cartel. Un grupo de huelguistas recorrió las obras madrileñas para informar a los que trabajaban de la situación. Al parecer, en el Paseo de la Castellana hubo algún incidente entre los piquetes y los trabajadores que seguían trabajando.

Pero el problema mayor surgió en la calle de Torrijos (hoy conde de Peñalver) en un convento en construcción de Carmelitas, que ocupaba un número considerable de albañiles. Al parecer, hubo un enfrentamiento violento porque muchos no atendieron el requerimiento de dejar de trabajar. La Guardia Civil se presentó. Por la acción de la misma cesó el enfrentamiento, pero un huelguista apareció muerto. La prensa anunció que los guardias civiles al hacer frente a los huelguistas dispararon al aire para dispersarlos. “El Socialista” del día 8 de marzo apuntaba otra versión porque informaba que la Guardia Civil no había hecho fuego al aire, sino que había realizado disparos antes de llegar a la obra y luego al aproximarse, y que los huelguistas no se habían enfrentado a la misma ni con armas de fuego. El fallecido era Francisco de la Oliva Postigo. El periódico socialista consideraba que Oliva había muerto por disparos de la Guardia Civil.

Al parecer, la presión de los trabajadores y la actitud del gobernador civil habían hecho que los aparejadores renunciasen por un tiempo a su pretensión para que en el plazo de ocho días se encontrase una solución al conflicto laboral. Este cambio de actitud era apreciado por los sindicalistas que insistían en la negociación, algo muy propio de la UGT, pero estaban dispuestos a protestar enérgicamente por la muerte de su compañero, con el apoyo del Centro Obrero madrileño y del PSOE, para que el Gobierno no emplease la violencia en las huelgas.

El gobernador civil no quería que el entierro de Oliva se convirtiera en una manifestación de duelo multitudinaria y avisó a la familia y la Sociedad “El Trabajo”, con sólo tres cuartos de hora de antelación sobre cuando se iba a producir el sepelio. Pero la Sociedad de albañiles se movilizó para que acudiese un número considerable de trabajadores, y no sólo de la construcción, además de miembros del Comité Nacional de la UGT, del PSOE y del Grupo Femenino Socialista. Según “El Socialista”, en su número de 15 de marzo, el cortejo fúnebre comenzó con dos mil trabajadores, aunque en el camino se incorporaron más, especialmente en la Puerta de Atocha y en la Puerta de Alcalá. En la cabecera se situó la familia, la Junta Directiva de la Sociedad y un miembro del Comité de la Agrupación Socialista. La manifestación recorrió las calles de Alfonso XII y de Alcalá en dirección al Cementerio del Este. Se terminó, como era habitual en los cortejos fúnebres, en Ventas.

Desde el pescante de un coche, el presidente de la Sociedad “El Trabajo” se dirigió a los asistentes para agradecer la presencia de los que habían concurrido, enaltecer la memoria de Oliva y protestar por lo que había ocurrido con Oliva. Pablo Iglesias también habló para denunciar que este hecho se había producido por la codicia e informalidad de los patronos. Era los culpables de haber provocado el conflicto, y la fuerza armada le había arrancado la vida. Hizo un llamamiento para ser más fuertes con el fin de evitar que en lo sucesivo se asesinase impunemente a los trabajadores. Terminó elogiando la figura de Oliva.

La comitiva fúnebre emprendió la marcha con trescientos obreros. Se llegó a las siete de la tarde (la manifestación había empezado a las cuatro) al cementerio. Allí habló Saturnino González.

Pero no sólo las autoridades habían intentado impedir esta manifestación de duelo, aunque sin éxito, sino que también pretendieron que el obrero muerto fuera sepultado en el cementerio católico. Esto provocó una gran indignación entre los sindicalistas porque, además, la familia había expresado que el finado no habría querido un sepelio religioso. La Junta Directiva de la Sociedad se dirigió al Gobierno Civil avisando al gobernador que no tolerarían un entierro católico, avisando que si se producía se generaría un conflicto. El marqués de Vadillo debió comprender las consecuencias y no puso reparo alguno al entierro en el cementerio civil.

Posteriormente, una representación de la UGT, el PSOE y la Junta de Centro de las Sociedades Obreras, en la que se encontraba Pablo Iglesias, se entrevistó con el presidente del Gobierno, a la sazón Antonio Maura, para tratar varios asuntos, entre los que se encontraba la petición socialista y sindicalista de que la fuerza pública no interviniese en la forma en la que venía haciéndolo en los conflictos laborales. Pablo Iglesias resaltó que muchos guardias civiles hacían un uso muy frecuente del máuser sin necesidad de ello. Por su parte, Maura respondió que el Gobierno era el primer interesado en que los miembros de la Guardia Civil no se excediesen en el uso de las armas, pero no podía prometerles nada porque eso podía ir en detrimento de la Benemérita, porque además pensaba que las críticas eran exageradas. Iglesias le respondió que las reclamaciones efectuadas nunca se habían coronado con corrección alguna. Los socialistas y sindicalistas se fueron descontentos con casi todas las respuestas de Maura, según informaba el número 1099 de “El Socialista”.

Sobre la Sociedad “El Trabajo” podemos consultar su órgano oficial “El Trabajo” en la Biblioteca Digital de Memoria de Madrid (en la red), aunque es de creación posterior. También, aunque en la época de los años treinta, el trabajo de Santos Juliá, “La UGT de Madrid en los años treinta: un sindicalismo de gestión”

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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