Desde un punto de vista biológico, solo es posible interpretar los rasgos característicos de los fenómenos psíquicos, concluyendo que toda experiencia consciente, deja en el organismo una impresión residual. Esta última se refiere al registro irreversible por el sistema nervioso, del resultado de procesos que escapan a la introspección y, que apenas se prestan a una definición exhaustiva, por el método mecanicista. Estos registros, que suponen la acción recíproca de numerosas células nerviosas, son, sin duda, completamente diferentes de las estructuras permanentes de células individuales, de las que depende la reproducción genética. Sin embargo, desde un punto de vita finalista, cabe destacar, no solo la utilidad de los registros permanentes, para nuestras reacciones a estímulos subsiguientes, sino también la importancia del hecho, de que las generaciones futuras, no estén afectadas, por las experiencias personales de los individuos y, puedan apoyarse únicamente en la reproducción de las propiedades del organismo, que ha probado su eficacia, para la adquisición y utilización de los conocimientos. Si tratamos de proseguir esta investigación, hemos de estar preparados, evidentemente, a tropezar a cada paso, con dificultades crecientes. Es claro que los conceptos sencillos de la física, resultan cada vez menos aplicables, a medida que no aproximamos, a aspectos de los organismos vivos, relacionados con la conciencia.