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Cultura

La Ley de Anatomía de 1832

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

El estudio de la ciencia médica ha exigido en la historia el trabajo con los cadáveres. Tradicionalmente, se empleaban en Gran Bretaña los cadáveres de los ahorcados, especialmente desde una disposición de 1752, en los departamentos de anatomía, para diseccionarlos y servir para enseñar a los alumnos de las Facultades. Pero el evidente empuje que en el siglo XIX se produjo en la medicina británica y, en este sentido, recordemos la importancia que Edimburgo siempre tuvo, se produjo un problema: no había cuerpos suficientes. Y esto provocó el auge de la delincuencia asociada al robo de cadáveres por parte de los conocidos como resurrection men o resurrecionistas, y que la literatura y, muy especialmente, el cine han retratado con muchos ejemplos que todos conocemos. Robar cadáveres era arriesgado pero muy lucrativo, generándose un verdadero mercado. En este sentido, el riesgo de robar debe ser matizado porque en algunos momentos hubo una verdadera relajación por parte de las autoridades, ante una demanda tan fuerte. En consecuencia, en algunos cementerios se reforzó la vigilancia, encareciendo las sepulturas, y se dio la circunstancia de que muchos familiares vigilaban rigurosamente a sus recién fallecidos y hasta después de enterrados durante un tiempo. Otro mecanismo era emplear los mortsafe, es decir, enrejados que se ponían encima de las tumbas durante unos seis meses para impedir que se abrieran. Una vez pasado ese tiempo el peligro se conjuraba, ante la descomposición de los enterrados.

“La Defensa de la Propiedad”

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

En este artículo estudiamos la historia de una publicación, nacida al calor del Sexenio Democrático, que se destacó por su constante ataque a la Primera Internacional y al movimiento obrero en España, así como al republicanismo.

Apuntes sobre la crisis de 1640

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Las necesidades financieras de la Monarquía Hispánica producidas por la Guerra de los Treinta años, y por el tradicional déficit de la Hacienda Real obligaron a recurrir a medidas que terminaron por agravar la crisis social y económica de Castilla: nuevos impuestos, ventas de cargos públicos, venta de tierras de realengo, etc.

Crisis e Historia

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

¿Qué entendemos por crisis? En este trabajo nos aventuramos con unas cuantas reflexiones con el fin de intentar aportar algunas luces sobre este concepto que tanto nos preocupa.

El doctor Alfonso, los masones y las cárceles de Franco

(Tiempo de lectura: 7 - 13 minutos)

Según el escritor y periodista anarcosindicalista Eduardo de Guzmán Espinosa (1908-1991): " El 31 de diciembre de 1939 funcionaban en Madrid las siguientes prisiones: Yeserías, Porlier, Conde de Toreno, Santa Engracia, Torrijos, Duque de Sesto, Ronda de Atocha, Barco, Cisne, Ventas, San Antón, San Lorenzo, Santa Rita, Comendadoras, Claudio Coello y Príncipe de Asturias. Todas se hallaban tan abarrotadas que los presos amenazan reventar sus recintos, teniendo muchas veces que dormir amontonados en un espacio de 35 centímetros de ancho por metro y medio de largo ". (1) 

Los argumentos totalitarios y escalofriantes del sofista Trasímaco

(Tiempo de lectura: 6 - 11 minutos)

La persuasión es mucho más eficaz que la fuerza.

Esopo

Sabia cosa es la del que ha enseñado a los mortales a escuchar las razones empleadas por los adversarios.

Eurípides

Una añeja expresión latina que ha hecho fortuna es “Nihil novo sub sole”. Como todos los tópicos contiene algo que es, comúnmente, aceptado. Con harta frecuencia pueden oírse a diario improperios, barbaridades y amenazas, de una estupidez infinita y de consecuencias sociales devastadoras, sin más atenuante racional que la ignorancia de quien las pronuncia. Desgraciadamente, las más de las veces son mandatarios de poderosas naciones… o “marionetas” que gozan de una inmerecida fama mediática.

La insoportable levedad del ser coronavirus

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Si algo nos ha traído la literatura es una ingente capacidad para transmutar y reflejar múltiples obras maestras en la cotidianeidad de nuestro vivir. Y ahora, más que nunca, en un ambiente ficticio, embrujado, rodeado, aureolado y dibujado por el coronavirus, todos vivimos en una borrachera de irrealidad que en parte nos aligera y nos debilita, en un ansia profunda por compartir la soledad impuesta y por romper el aislamiento para siempre.

El Carlismo tras la Primera Guerra Mundial

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Tras la Gran Guerra, el movimiento carlista se encontró con varios retos en su agenda política: en primer lugar, enfrentarse a la crisis interna que supuso el choque entre el líder Vázquez de Mella y el pretendiente Jaime III (que hemos explicado en un artículo anterior), que dividió el partido entre jaimistas y mellistas durante varios años. Por otro lado, se intentó impulsar la presencia de los tradicionalistas en los medios obreros urbanos, no sólo en su tradicional medio rural. En consecuencia, nacieron los sindicatos libres, creados oficialmente en una reunión celebrada en el Ateneo Obrero Legitimista de Barcelona el 10 de octubre de 1919.

La figura del abogado de pobres

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En este trabajo esbozaremos la figura del abogado de pobres en las épocas medieval y moderna, sociedades fundamentadas en el principio de la desigualdad ante la ley. No se trata de un abogado de oficio como en nuestro sistema jurídico, pero, en cierta medida, puede ser considerado un precedente con todas las salvedades propias de los ejercicios de comparación, y teniendo siempre en cuenta el principio de la desigualdad que hemos planteado.

La Revolución Gloriosa de 1868

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

"Españoles; la ciudad de Cádiz puesta en armas, con toda su provincia, con la Armada anclada en su puerto [...], declara solemnemente que niega su obediencia al gobierno de Madrid, segura de que es leal intérprete de todos los ciudadanos [...]. Queremos que una legalidad común por todos creada tenga implícito y constante el respeto de todos. Queremos que el encargado de observar la Constitución no sea su enemigo irreconciliable [...]. Queremos que un gobierno provisional que represente todas las fuerzas vivas del país asegure el orden, en tanto que el Sufragio Universal eche los cimientos de nuestra regeneración social y política. Contamos para realizar nuestro inquebrantable propósito con el concurso de todos los liberales unánimes y compactos ante el común peligro; con el apoyo de las clases acomodadas, que no querrán que el fruto de sus sudores siga enriqueciendo la interminable serie de [...]favoritos; con los amantes del orden, si quieren verlo establecido sobre las firmísimas bases de la moralidad y del derecho; con los ardientes partidarios de las libertades individuales [...]: con el apoyo de los ministros del altar [...]; con el pueblo todo [...]. Españoles: [...] Acudid a las armas, no con el impulso del encono, siempre funesto; no con la furia de la ira, siempre débil, sino con la solemne y poderosa serenidad con que la justicia empuña su espada. ¡Viva España con honra!"

Cádiz, 19 de septiembre de 1868. Duque de la Torre, Juan Prim, Domingo Dulce, Francisco Serrano Bedoya, (…), Juan Topete.

El reinado de Isabel II entró en crisis en la segunda mitad de la década de los años sesenta del siglo XIX. En este sentido, se produjeron varios hechos que hacían presagiar el final del mismo. En primer lugar, era notorio del desprestigio de la propia reina y de la Corte. En abril del año 1865 tuvo lugar la “noche de San Daniel”. Ante un artículo periodístico de Emilio Castelar que criticaba a la reina por no haber cedido su patrimonio para reducir la deuda pública, fue separado de su cátedra, provocando la repulsa de los universitarios y una fuerte represión. En enero de 1866 tuvo lugar la sublevación del general Prim, pero fracasó, mientras que en junio estalló la sublevación del Cuartel de San Gil, fuertemente reprimida.

El Pacto de Ostende, firmado en 1866, unió a progresistas y demócratas contra el sistema isabelino. A la muerte de O’Donnell, los unionistas se incorporarían al mismo. En 1868 moría Narváez, y la reina perdía a su principal valedor. Ya no tenía al lado ninguna figura capaz de contener la creciente oposición que concitaba.

El 17 de septiembre de 1868, la Revolución se inició con la sublevación del almirante Topete en Cádiz, apoyado por Prim (progresista) y Serrano, de la Unión liberal. El movimiento se extendió por toda España con levantamientos populares y organización de juntas revolucionarias locales. Serrano venció al ejército gubernamental en Alcolea, y la reina partió hacia Francia. Se constituyó un Gobierno Provisional presidido por el general Serrano, que convocó elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio universal para enero de 1869. Pero bajo la aparente unidad de los protagonistas de la Revolución había dos grandes bloques sociopolíticos. Por un lado, estaban los progresistas, unionistas y demócratas moderados, cuya base social estaba formada por la clase media que se identificaba con los planteamientos del Gobierno Provisional, aspirando a un cambio meramente político con un régimen más abierto y representativo que el isabelino, pero sin planteamientos sociales radicales. Por otro lado, se encontraban los republicanos, escindidos del Partido Demócrata. Contaban con el apoyo popular. Pretendían cambios políticos más radicales, como el establecimiento de la República, y la defensa de un programa de reformas socioeconómicas profundas. Sus propuestas coincidían con las de las juntas revolucionarias, disueltas por el Gobierno provisional.

Los votantes otorgaron la mayoría absoluta a las fuerzas gubernamentales: unionistas, progresistas y demócratas monárquicos con 236 escaños. Lejos quedan los republicanos y los carlistas, con 80 y 20 diputados, respectivamente. De estas Cortes resultaría la Constitución de 1869, la primera democrática española. Se reconocía una avanzada declaración de derechos individuales: derecho a la participación política, sufragio universal masculino, libertad de imprenta, libertad de culto, aunque la nación estaría obligada a mantener el culto y a los ministros de la religión católica, derecho de reunión y de asociación. Claramente se establecía la soberanía nacional. El sistema político se sustentaría en una nítida división de poderes, siendo el legislativo bicameral. La forma de Gobierno de España seguía siendo la Monarquía, pero las Cortes, como máximo órgano representativo de la nación, tendrían toda la función legislativa y de control al Gobierno, limitándose el poder de la Corona, al contrario de lo que ocurría en el régimen isabelino de soberanía compartida.

Aprobada la Constitución, Serrano fue nombrado regente, y Prim, jefe del Gobierno. Los objetivos eran buscar un monarca, y frenar la insurrección en Cuba iniciada en 1868, además de las sublevaciones de los republicanos, desengañados por la falta de soluciones para la cuestión social y por el establecimiento de una Monarquía.

1890: El año de las tres epidemias

(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Los españoles sufrieron una grave crisis de salud cuando finalizaba un largo periodo de cinco años de gobierno liberal, bajo la presidencia de Sagasta. La gripe exhibió sus demoledoras armas en los primeros meses; el cólera, el más temido peligro del siglo XIX, atacó de nuevo el Levante español y algunas zonas del interior, causando 2.824 víctimas en total. En Madrid, el llamado "mal del Ganges" acometió en menor medida que en anteriores ocasiones, pero lo suficiente para crear una atmósfera de miedo y tensión, que afectó al suministro de víveres en el verano. Y cuando parecía haber ya suficiente sufrimiento apareció la viruela a finales del año, cuyos efectos adquirieron una dimensión inesperada en la capital.

La persecución a los judíos en los reinos cristianos en la Baja Edad Media

(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Aunque no se puede hablar, realmente, de convivencia idílica entre cristianos y judíos durante gran parte de la Edad Media, no cabe duda de que, si comparamos con lo que ocurrió en la crisis bajomedieval, se puede considerar que durante los siglos XI y XIII los judíos vivieron una relativa época dorada en la España cristiana. La mayoría de los judíos habitaban en las ciudades en juderías o call. Tenían la condición de servi regis, es decir, dependientes de los reyes, los cuales tenían la obligación de protegerlos. Los judíos gozaban de autonomía administrativa y religiosa. Aunque sus actividades abarcaron el abanico de las que se daban en el Medievo, es cierto que destacaron en las ocupaciones artesanales y comerciales, así como en las de tipo intelectual y en la medicina. Algunos judíos se dedicaron a servir a los monarcas en sus cortes e instituciones. En el campo cultural, su aportación a la denominada Escuela de Traductores de Toledo y al entorno del rey Alfonso X está considerada como muy importante. Judá Mosca fue un intelectual reconocido de aquel momento histórico.


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