Caterina Cornaro (1454-1510) veneciana y reina de Chipre, en unos años en que Europa era un avispero
- Escrito por Antonio Chazarra Montiel
- Publicado en Cultura
Ciudadanos, hay que decidir: o descansar o ser libres.
Tucidides. “Historia de la Guerra del Peloponeso”
Hoy, voy a hacer unos comentarios y observaciones sobre Caterina Cornaro. Fue una mujer singular. Jugó un papel nada desdeñable en las relaciones de su Venecia natal con Chipre.
Lo primero que llama la atención es que en la historia de Venecia –lo que no es una excepción- las mujeres son las grandes ausentes. A los varones les corresponde el ámbito de lo público, participar en política, emprender operaciones comerciales o dedicarse a las distintas manifestaciones artísticas. A la mujer, en este injusto reparto, tenía su papel y función social reducida a la esfera privada.
Quizás por eso, despierten interés las mujeres que han transcendido este reparto de roles. Caterina Cornaro tuvo un papel destacado y demostró habilidad y tacto para consolidar el control de la República de Venecia sobre la isla de Chipre.
En un momento histórico en que Italia estaba dividida en distintos estados, con cierta frecuencia enfrentados entre sí, Venecia tuvo una nítida vocación comercial, que le llevó a abrir rutas marítimas, poseer enclaves y ‘extender su dominio’ de forma ostensible.
La historia, si se sabe apreciar, no es solo maestra de la vida sino un espectáculo mágico, aunque silencioso. Por eso, consultando sus páginas se puede percibir el ruido, el bullicio, la vitalidad, las ambiciones e intrigas que tuvieron lugar en unas décadas decisivas para la historia de Europa. Italia como analiza, con precisión Maquiavelo, era un mosaico de estados con influencia comercial y cultural, mas con escasa relevancia política.
Retomemos el hilo, las mujeres venecianas –como en muchos otros lugares- con sutileza, inteligencia y tacto, cuanto más pretendían encláustralas más ideaban artificios para transgredir las rígidas costumbres. Esta silenciosa y silenciada rebeldía forma parte, por derecho propio, de lo que podríamos denominar ‘la historia soterrada’.
Las promesas de libertad, o bien no se cumplían o bien tardaban en llegar. La lucha por la autonomía personal y por abandonar la heteronomía a la que estaban sometidas, fue lenta pero fructífera. Fueron dando pasos con una constancia encomiable. Solían aprovechar las pocas oportunidades que se les presentaban.
Se vieron obligadas a ‘mostrar’ con destreza, las máscaras opresivas y violentas de la dominación. Así, quizás, tuvieron su inicio reivindicaciones en pro de la igualdad. Hannah Arendt ha escrito hermosas y significativas páginas al respecto.
Naturalmente, la distribución de roles era hipócrita, clasista y patriarcal. También aquí, es de vital importancia el relato o relatos, desde los diferentes puntos de vista, aunque la mayoría no hayan llegado hasta nosotros. Puede leerse la historia poniendo especial énfasis en lo que ha permanecido oculto, las más de las veces debido a intereses espurios de quienes detentaban el poder.
Caterina Cornaro pertenecía a una familia veneciana con abolengo. No hay más que consultar su genealogía para apreciar que cuatro de sus miembros habían alcanzado la categoría de ‘Dogos’. Es, asimismo significativo, que desde hacía tiempo había establecido relaciones comerciales con Chipre, enriqueciéndose porque este comercio le permitía importar productos chipriotas y azúcar a Venecia.
Quizás sea el momento de señalar que algunos pintores de máximo prestigio de la época, hicieron retratos de Caterina; tal es el caso de Alberto Durero, Tiziano, Giorgione o Giovanni Bellini.
Fueron años convulsos, difíciles e inestables. Jacobo II, conocido con la infamante denominación de ‘Jacobo el bastardo’, cuando accedió al trono de Chipre, eligió como reina a Caterina, casi una niña, tan solo contaba catorce años.
Esta unión fue muy bien recibida y apreciada en Venecia ya que permitía controlar, asegurar y ampliar los privilegios comerciales sobre Chipre. Y, más teniendo en cuenta que Nápoles y Egipto intentaron, infructuosamente, conquistar o al menos, tener mayor influencia comercial en la Isla.
Por los designios inescrutables de la historia, el Rey murió pocos meses más tarde. Caterina pasó a desempeñar el papel de regente, convenientemente aconsejada y asesorada por un círculo de nobles y comerciantes venecianos. Tuvo un hijo que murió a corta edad, se rumoreó que pudo ser envenenado.
Las mujeres –de hecho venía sucediendo desde tiempos ancestrales- eran moneda de uso corriente, en estas y otras lides. También proliferaban –cuando la ocasión lo requería- las intrigas, los venenos y la lucha descarnada por acceder, conservar o acrecentar su influencia.
Las conspiraciones a varias bandas, se resolvieron convirtiendo Chipre en ‘una especie de protectorado de facto, de Venecia’. Algunos años después, los venecianos convencieron a Caterina para que cediera sus derechos al Dux. De esta forma, Chipre acabo convertida en una colonia.
Aquí tiene su comienzo otra faceta singular de Caterina: volvió a Venecia, conservando el título honorifico de reina. Se afincó en Asolo, condado de Terraferma en la región del Véneto. Aquel lugar acabó por convertirse en un centro brillante, prestigioso y distinguido tanto en la faceta literaria como en la artística.
A través de Caterina y sus circunstancias, nos es posible interpretar y mejorar la comprensión que tenemos de ese momento histórico. Es conveniente desechar tópicos y, al menos, disponer de unas cuantas ideas claras. En cierto modo, debemos asumir que estamos faltos de una ‘reeducación’ en ese sentido. Hay que acostumbrarse a contemplar e interpretar la historia de forma más inclusiva, prestando atención a asuntos que frecuentemente, han sido obviados o relegados a una nota a pie de página.
Pier Paolo Pasolini nos ha legado hermosas páginas sobre el declive y casi la extinción, de las ‘luciérnagas’. Toda visión de un mundo que perece, no puede negarse que tiene su encanto.
Los fantasmas del pasado, de cuando en cuando, reaparecen. Hoy, nadie en su sano juicio, puede afirmar que la misoginia ha sido vencida y superada, ni en la Italia de Giorgia Meloni, ni en la España de un feroz reaccionarismo e intransigencia de Vox. Ni en otros muchos lugares.
No es momento de mostrar fragilidad alguna ante la zafiedad de esos planteamientos, sino de combatirlos mediante una legislación adecuada, impidiendo que su tufo tóxico se extienda por doquier. Más temprano que tarde, hay que emprender un diálogo crítico entre el pasado y el futuro. Sin duda, será esclarecedor.
El Véneto y, sobre todo Venecia, contiene ‘monstruos y símbolos’ que conviene descifrar. Venecia fue pragmática, emprendedora y ambiciosa… más también, un tanto siniestra. Entre tanta belleza, oculta algunas pesadillas.
Es curioso cómo están representados los animales en piedra, ejemplificando un peculiar bestiario. El león, sin ir más lejos, se ha convertido en el animal protector de Venecia, mas en las fachadas de sus edificios la piedra ofrece visiones un tanto inquietantes. La liebre, simboliza la lujuria; el zorro, la astucia… y la araña, que incesantemente teje su red, la paciencia. Esto llena de misterios algunos de sus múltiples recovecos y el laberinto de sus canales con un aire envejecido, decadente y crepuscular, plagado de simbolismo. La música, que se desprende de sus canales, sólo es audible si se sabe mantener una actitud perspicaz y, a la vez, sensible.
La vida está hecha de una materia a un tiempo amarga y exigente. Hay que tener –nos va mucho en ello- un exquisito cuidado con no devaluarla, más. Hay quien sugiere de forma un tanto maliciosa que Venecia lleva tiempo muerta, aunque no lo sepa.
Esta evocación sobre Caterina Cornaro, pone de manifiesto que nunca ha sido fácil ser mujer durante los siglos XVI y XVII, después, tampoco.
El dominio y el sometimiento de la mujer, puede decirse que era socialmente transversal y que, también, lo padecieron –aunque de distinta forma- las pertenecientes a las familias de la aristocracia dominante e incluso aquellas que se casaron con reyes.
Han sido siglos –y hasta hoy llegan los rescoldos- en el que fueron relegadas a comparsas, títeres u objetos de entretenimiento.
Un hecho que no podemos obviar es que fueron utilizadas como ‘mercancía’ para establecer alianzas de conveniencia, manejadas por obscuros poderes en la sombra.
Los momentos de gozo, esplendor, felicidad e incluso cierto poder, fueron episódicos y breves. El de Caterina Cornaro podemos cifrarlo en la corte de Asolo.
He querido reflexionar y transmitir mis impresiones sobre los abusos que el patriarcalismo ha perpetrado impunemente, desde la sombra, ocultándose bajo su siniestra tela de araña de privilegios.
Hoy, el negacionismo y el reducir el conocimiento científico a una opinión más, inunda nuestras sociedades y las llena de un peligro potencial. Se desprecia lo que no se conoce. Quizás por eso, es conveniente recordar, una vez más, estas certeras palabras de Aristóteles, pertenecientes al Libro II de la Metafísica: “El fin de la Ciencia Teórica es la verdad, y el de la Ciencia Práctica, la obra”.
No sólo hemos de ejercer una crítica permanente contra estos extravíos, sino actuar con firmeza para erradicarlos.
Creo que no está en absoluto de más recordar esto. Cuando se nos invita frívolamente a disfrutar y relajarnos y donde la realización se confunde con una retahíla de operaciones quirúrgicas, para mejorar la imagen, dónde practicamos un consumismo tan desaforado como irresponsable, que pone en riesgo que el Planeta tenga futuro y dónde el pensamiento crítico ha desaparecido casi por completo de tantos lugares en los que debería estar presente, es el momento –quizás no queden muchas más oportunidades- de pensar de otro modo y de actuar en consecuencia.
No sólo está en riesgo nuestro futuro sino el de las generaciones venideras.
Antonio Chazarra Montiel
Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.
Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.
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