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¿Qué pasaría si todos enchufáramos los vehículos eléctricos a la vez?


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)
El futuro llegó hace más de un siglo. El Detroit Model D de 1910 podía recorrer 340 km a una velocidad máxima de 32 km/h, que era la velocidad habitual para la época. El futuro llegó hace más de un siglo. El Detroit Model D de 1910 podía recorrer 340 km a una velocidad máxima de 32 km/h, que era la velocidad habitual para la época.

Los primeros coches fueron eléctricos. Hace más de un siglo los automóviles eléctricos pudieron ser los precursores de un futuro distinto, pero fueron desplazados por los de gasolina gracias a la codicia de Henry Ford aliado con la gran petrolera de la época, la Standard Oil de Rockefeller.

Si todo marcha según lo previsto, en unos días me entregarán un vehículo eléctrico. Antes de decidir la compra, cuando me puse a indagar descubrí que dilucidar la conveniencia de la compra de un coche “cero emisiones” me introducía en un terreno donde pululan varios bulos energéticos. Uno de ellos se refiere al consumo energético global.

Como defensor de la energía verde durante muchos años, me he preguntado frecuentemente cuál sería el impacto en el mundo real cuando la gran mayoría de nosotros hagamos el cambio a los vehículos eléctricos para satisfacer nuestras necesidades de transporte diarias.

Cuando la gente de toda España (y, de hecho, del mundo) añada cargas significativas a nuestras redes nacionales, ¿no corremos el riesgo de sobrecargarlas? Si todos nos enchufamos al mismo tiempo, seguramente consumiremos más energía de la que podemos producir y terminaremos sentados a oscuras con una batería agotada, ¿o no?

Hay una respuesta sorprendentemente fácil a esta cuestión y quizá no sea la que muchos esperaban. Pero antes de profundizar en el tema y de analizar los datos, hay un contexto histórico muy importante que debemos entender primero, así que comencemos por ahí.

En la actualidad, la red eléctrica española es muy estable. Por supuesto, de vez en cuando se producen cortes de suministro eléctrico por mantenimiento, mejoras o reparaciones de emergencia provocados por una gran variedad de intervenciones humanas y naturales, pero, en general, podemos estar razonablemente seguros de que, si prendemos una bombilla, habrá energía para que funcione.

Cabe señalar que no se trata de una tarea fácil. La gestión de la red es extremadamente compleja porque la carga y el suministro deben equilibrarse cuidadosamente en todo momento (y en tiempo real) para que todo funcione como es debido. Esto ya era bastante complicado en la época de las fuentes de energía centralizadas y estables como el carbón, la energía nuclear y el gas, pero a medida que avanzamos hacia una era de múltiples fuentes de energía descentralizadas y variables, como la solar y la eólica, los niveles de complejidad se disparan.

Pero, aunque sea así, ¿añadir una carga extragrande y variable a esas fuentes de energía variables no hará que la balanza se incline y nos lleve a períodos de apagones continuos o de suministro restringido? Eso parece lógico, pero resulta que no tanto.

Lo que la mayoría de la gente desconoce por completo (yo incluido hasta hace relativamente poco) es que el consumo máximo de energía de España en realidad ha estado cayendo de manera constante durante la última década.

De los datos de Red Eléctrica Española, se deduce que el consumo total de energía ha caído de 270 teravatios hora (TWh) a «sólo» 245 TWh entre 2011 y 2023, lo que, a primera vista, parece absolutamente imposible habida cuenta de todos las ordenadores, televisores, aparatos de aire acondicionado, electrodomésticos y las nuevas viviendas que se han construido desde entonces, por no hablar del enorme crecimiento de la población y de la expansión industrial.

¿Cómo es posible que añadir tantas unidades de consumo haya resultado en realidad en una disminución neta del consumo máximo de energía? Todo es cuestión de eficiencia y nuevas tecnologías.

La misma luz que antes proporcionaban los 100 vatios de potencia de las viejas bombillas incandescentes, ahora la proporcionan las modernas luces LEC con 10 vatios o mucho menos. Paralelamente, el alumbrado público lleva años en proceso de renovación. El alumbrado público LED de nueva generación utiliza entre un 30% y un 40% de la energía necesaria para encender las mismas lámparas de antaño. Multiplica ambos por la cantidad de luces que existen y ya habrás avanzado bastante. Pero hay más.

Tu antiguo televisor CRT consumía entre 150 y 200 vatios y, aunque algunos televisores OLED muy modernos también pueden alcanzar ese nivel (o incluso más en algunos casos), tienen sistemas de ahorro de energía integrados, ajustes automáticos de brillo, menor consumo en modo de espera y funciones de apagado automático que evitan el desperdicio. En millones de dispositivos, esto también crea una diferencia notable, independientemente del hecho de que parezca que nos gusta tener más aparatos.

Los niveles de aislamiento mejorados y aumentados combinados con sistemas de calefacción más eficientes han reducido aún más las cargas, así como las tendencias de electrodomésticos de cocina, como las freidoras de aire, que han reducido considerablemente tanto el tiempo de uso como el consumo de energía. Los artículos de alto consumo, como las secadoras y las lavadoras, también han visto crecer su eficiencia exponencialmente en dos lustros.

Incluso a medida que cambiamos de discos duros mecánicos a sistemas de estado sólido, los PC necesitan menos energía para funcionar. De hecho, casi todos los dispositivos imaginables son mucho más eficientes que sus equivalentes del siglo pasado, y estas eficiencias se han desarrollado más rápido que nuestro ritmo de crecimiento y consumo.

Así que, parece increíble, pero es cierto. Esta tendencia se repite en distintos niveles en la mayoría de los países industrializados, aunque a distintos ritmos. Un reciente informe de la AIE (Agencia Internacional de la Energía), muestra que, por las mismas razones, el consumo de electricidad per cápita en Estados Unidos también ha disminuido un 7% desde el año 2000, aunque el consumo de energía se haya mantenido relativamente estático en términos generales debido a la rápida expansión de la población estadounidense, que sumó 59,4 millones de personas en ese mismo período.

Pero si todos pasamos a utilizar vehículos eléctricos al mismo tiempo, ¿qué consecuencias tendría eso para la red en términos reales? No tengo datos de España, pero si todos los usuarios del Reino Unido cambiaran simultáneamente su coche con motor de combustión interna por otro eléctrico, el aumento resultante sería de solo alrededor del 10% más de lo que usamos actualmente y menos de lo que se consumía hace veinte años.

Por supuesto, si esto ocurriera simultáneamente, podría haber algunos ajustes iniciales que hacer en el corto plazo, pero, afortunadamente, es un proceso tan gradual como inevitable, lo que significa que gestionar el lento aumento será, en términos relativos, coser y cantar.

No te agobies. Un país en el que todos los vehículos fueran eléctrico podría manejar su red de distribución eléctrica y su demanda de electricidad perfectamente, sin ningún tipo de problema. Y sobre todo, sería muchísimo más limpio, respiraríamos todos mucho mejor, tendríamos menos enfermedades respiratorias, y en último término, menos DANAs y catástrofes naturales.

Y ahora, si me disculpas, necesito ir a enchufar mi vehículo eléctrico.

 

Catedrático de Universidad de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid.

En la Universidad de Alcalá ha sido Secretario General, Secretario del Consejo Social, Vicerrector de Investigación y Director del Departamento de Biología Vegetal.

Actualmente es Director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá. Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

En el PSOE federal es actualmente miembro del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía y responsable del Grupo de Biodiversidad.

En relación con la energía, sus libros más conocidos son El fracking ¡vaya timo! y Fracking, el espectro que sobrevuela Europa. En relación con las ciudades, Tratado de Ecología Urbana.

 


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