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Cartilla pacifista de Demófilo. Sexta Parte


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Continuamos con el rescate de un interesante material histórico, publicado en Las Dominicales del Libre Pensamiento, publicación fundamental del librepensamiento, el laicismo y la masonería en el último cuarto del siglo XIX y primeros años del XX. Estamos hablando de la Cartilla Pacifista, cuyo autor fue Demófilo, es decir, Fernando Lozano Montes, un personaje fundamental en este ámbito y en el de la masonería. La “defensa nacional” es el tema de hoy.

“La defensa nacional

—Bien, se dirá, y si otra nación nos ataca, ¿no nos defenderemos?

Con toda nuestra vida y toda nuestra sangre.

Nos debemos á la patria. Ella representa una serie de sublimes esfuerzos para darnos la lengua que hablamos, la tierra que cultivamos, el taller en que trabajamos, la libertad y el derecho de que gozamos que, si bien mermados, representan un grande y precioso patrimonio de revolución.

España ha cometido grandes faltas, pero ha ostentado excelsas virtudes y realizado los hechos más transcendentales y fecundos de la Historia.

Irguiéndose la primera entre las naciones modernas, en medio de una Europa condenada á la división y á la impotencia por el feudalismo, contiene en Lepanto la ola del envilecido Oriente que nos amenazaba con hacernos esclavos, y crea el hogar de una nueva vida libre y autónoma descubriendo esa América, hacia donde van hoy todas las energías y todas las miradas. Con decir que es la primera nación que ha dado la vuelta al mundo, está dicho todo; porque ese hecho muestra que ha sido la más arrojada, la más potente, la que ha guiado á las demás por esos rumbos de expansión colonial que hoy siguen.

Y como ensancharon la escena del mundo material, ensancharon la escena del mundo ideal, creando un Teatro, el más espléndido de todos y el modelo que ha servido á todos.

¿Que España ha sido cruel, despótica, orgullosa? No sabía obrar de otra manera. Esas lecciones de imperio las había recibido de sus padres los Césares romanos, y esas otras lecciones de crueldad se las habían inculcado los sacerdotes de un Dios vengador que castigaba con la muerte eterna entre llamas á todos los descendientes de Adán no bautizados.

Notad, empero, que hoy, después de tantos progresos, los ingleses en el Transvaal y los yankis en Filipinas, se han entregado como nosotros al furor de la destrucción, y hasta hacen gala de llamarse cesarístas, esto.es, dominadores y señores.

Pero virtudes y defectos, grandezas y miserias, han ido elaborando durante largos siglos un alma común, cuyas alegrías y cuyos dolores, se han ido transmitiendo de padres á hijos, formando esta gran fracción de Humanidad que se llama patria España, de cuyo espíritu participan todos los que hablan nuestra lengua repartidos por una vasta extensión de la tierra, pues hasta los judíos descendientes de los que expulsamos en el siglo XV, conservan y aman con pasión la lengua y las tradiciones españolas.

Defender la autonomía i independencia de una patria que tiene esas profundas raíces históricas, es un deber esencial.

Cierto, hay ya quien dice:—Yo no tengo patria; mi patria es el mundo.

Pues para hacer del mundo una patria, es indispensable conservar no sólo la patria española, sino también todas las demás que tienen grandes raíces en la historia, pues la patria universal no será un todo confuso, sino una unidad orgánica traída y mantenida por las patrias actuales.

Los mismos que no reconocen otra patria que el mundo, se niegan á aceptar su sumisión á otro hombre. Pues también una patria digna debe negarse á aceptar su sumisión á otra patria.

Sin duda, debemos prepararnos á defender con toda nuestra sangre y con toda nuestra vida la autonomía de nuestra patria contra cualquiera nación que quiera someternos.

Se nos argüirá. ¿Pero cómo preparar la defensa nacional sin ejército.?

Acabamos de ver que el ejército no sirve para la defensa nacional. Cuba era parte de la nación y el ejército no la supo defender. Filipinas era parte de la nación y el ejército no la ha sabido defender. En cambio, los cubanos no tenían ejército, ni colegios militares, ni cuarteles y han creade una patria. En cambio, los filipinos no tenían tampoco nociones de instrucción militar, ni siquiera armas, ó improvisaron un ejército que venció y cautivó al nuestro.

El rutinario ejército de cuartel y de parada que tenemos, no sirve para la defensa de la patria.

Se vio aquí lo mismo cuando Napoleón invadió á España.

Salvo algunos oficiales aislados como Daoiz y Velarde, el ejército organizado se puí5o á las órdenes del invasor. Fu é el pueblo armándose el que rescató la patria del invasor y del ejército organizado.

No; no es media de prepararse para la defensa de la patria tener un ejército de cuartel que amenaza la libertad y arruina con sus gastos la nación. El medio seguro de prepararse para la defensa, es hacerse inteligentes, ricos y fuertes, empleando la actividad entera en amaestrarse en todas las artes útiles y en acrecentar la riqueza. Los que saben construir barcos y locomotoras y toda suerte de maquinaria y herramientas, como manejar y combinar las sustancias químicas, pueden, cuando lleguen las horas de batalla, construir potentes máquinas de guerra, inventar explosivos y tenerlo todo, porque serán inteligentes y hábiles para todas las empresas. Tendrán, además, riqueza, que es el nervio de la. guerra.

Es lo que se vio ha poco en la guerra con los yankis. Estos nos vencieron, no por tener más ejército permanente, pues no llegaba á treinta mil soldados, sino por tener más ingenieros, más físicos y químicos, más mecánicos y una potencia de riqueza y una potencia de fabricación de toda clase de productos infinitamente superior á la nuestra.

Estaremos indefensos mientras subsista este ejército de oficio y de rutina, al cual mira con ojeriza el pueblo, porque sabe que es el principal instrumento de dominación en manos de sus opresores. Para entrar en pleno orden de defensa nacional hay que transformar ese ejército en un organismo de milicias, cuyos oficiales sean los jefes amados del soldado, como lo fueron aquí nuestros guerrilleros de la Independencia y lo han sido en Cuba y Filipinas, los que mandaban al pueblo armado en defensa de su independencia y de su libertad.”

(Continuará)

Fuente: Las Dominicales del Libre Pensamiento, número del 27 de octubre de 1905.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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