Volver a la convivencia democrática, aceptar el resultado de las elecciones
- Escrito por Javier García Fernández
- Publicado en Opinión
Tanto en la breve intervención de Pedro Sánchez para informar sobre las decisiones que adoptó tras su carta del pasado 24 de abril, como en la entrevista que dio el Presidente del Gobierno a la Cadena SER el 30 del mismo mes se detecta una preocupación por el deterioro de la convivencia democrática y un deseo de regeneración. Ese deterioro se expresa en varios frentes (el frente judicial, el parlamentario, el mediático), pero quizá no sea útil formular propuestas de regeneración si antes no identificamos las causas de la degradación de la convivencia democrática.
Para no extendernos mucho en la historia, conviene recordar que cuando la derecha no gobierna en España se introduce siempre por una senda no democrática que le lleva a:
- no aceptar el resultado de las elecciones que no ha ganado;
- negar la legitimidad del Gobierno;
- hacer una oposición destructiva; y
- urdir toda clase de maniobras para derribar al Gobierno.
Esa es la línea de actuación desde que el Partido Popular se asentó como primer partido de la oposición. En la legislatura de 1982 (primera vez que gobernaba la izquierda desde 1939) Alianza Popular se contentó con consolidarse como partido único de la derecha tras la crisis de UCD. En la siguiente legislatura, la de 1986, la misma Alianza Popular entró en crisis con la dimisión y regreso de Fraga y el efímero liderazgo de Hernández Mancha. Pero, a partir de la legislatura de 1989, con José María Aznar presidiendo el partido recién rebautizado, la derecha empezó a impacientarse y empezó a aplicar modos de oposición destructivos que emergieron con fuerza a partir de 1993, cuando el Partido Popular creyó que ganaría las elecciones. En ese momento apareció la mejor derecha, la más avasalladora y autoritaria, la que se alió al “sindicato del crimen” periodístico y urdió maniobras para desalojar a Felipe González por las malas, como reconoció Anson. Y, al lograr formar Gobierno en 1996, aliado en minoría a los nacionalismos periféricos, al Partido Popular todavía le quedaron hábitos de destrucción democrática, como ocurrió con el intento de encarcelar a Jesús de Polanco con el pretexto de los decodificadores de una cadena privada de televisión.
Sin que se pueda comparar a la estrategia desestabilizadora y (sobre todo) deslegitimadora de Núñez Feijóo, con Rajoy la derecha tuvo alguna vez la tentación de entrar por una vía de oposición destructiva y, cuando el mismo Rajoy presidió el Gobierno, practicó la oposición a la oposición, especialmente con la “policía patriótica”. Pero con Núñez Feijóo se han desbordado los cauces y es ese desbordamiento lo que explica la reacción de Pedro Sánchez.
Las causas de esta estrategia del Partido Popular, que se ha lanzado a la guerra con desprecio de los consensos propios del Estrado democrático representativo, se manifiestan en tres vectores que orientan la política del principal partido conservador español. El vector más consolidado, más profundo, es la mentalidad histórica de la derecha española. Desde que acabó la Guerra de la Independencia en 1814, la derecha española ha sido profundamente antidemocrática, se ha resistido a compartir el poder con la izquierda, por moderada que ésta fuese, y ha acabado persiguiendo toda disidencia. Se persiguió y se excluyó de la gobernación del país a los liberales doceañistas, a los progresistas y a los republicanos. Y cada vez que la derecha salió del poder (en 1854, en 1868, en 1931) se puso en pie de guerra para recuperarlo. No es una derecha que acepte la alternancia y el juego democrático, sino una élite sociopolítica que se considera con derecho a gobernar la sociedad y por ello deslegitima a la izquierda que le impide mantenerse en el poder. Esa es la causa remota de la política destructiva de Núñez Feijóo.
El segundo vector que explica la política del Partido Popular es, como apuntó Pedro Sánchez, las tendencias autoritarias de algunas derechas populistas en todo el mundo. Ya es preocupante que en Argentina, Ecuador, Italia o Hungría gobiernen derechas muy poco democráticas, pero eso no es lo peor. Lo peor, como se vio en enero de 2021 en Washington y en enero de 2023 en Brasilia, es que esas derechas populistas quieren retener el poder mediante golpes de Estado sin respetar los resultados de las elecciones. La evidente influencia de las extremas derechas populistas en los partidos conservadores europeos incide también en la política del Partido Popular español donde va instalándose la idea de que todo vale para recuperar el Gobierno y eso también explica el juego sucio de las derechas contra Pedro Sánchez y su familia, juego sucio que ahora sabemos se remonta a 2014.
El tercer vector, en fin, que lleva al Partido Popular a prácticas incompatibles con la democracia es su frustración tras las elecciones del 23 de julio de 2023. Tras las elecciones municipales y autonómicas del 28 de mayo de 2023 y la subsiguiente convocatoria de elecciones legislativas, Núñez Feijóo y su partido se vieron como ganadores con la esperable consecuencia de formar Gobierno con el apoyo de Vox. Cuando las elecciones del 23 de julio dieron unos resultados que impedían formar Gobierno al primer partido, al Partido Popular, la rabia (sí, la rabia como expresión de un estado de ánimo personal) se incrustó en Núñez Feijóo y en su partido y aún no se ha disipado. Por eso, desde que Pedro Sánchez fue investido Presidente del Gobierno el principal partido conservador hace oposición con rabia, sin medida, sin la menor idea de consenso. Hay rabia porque la Moncloa está habitada por un okupa al que hay que desalojar por cualquier medio. Ese estado permanente de ánimo del Partido Popular ayuda a entender sus prácticas deshonestas contra el Gobierno, contra su Presidente y contra su familia.
La política española no volverá a prácticas democráticas hasta que el Partido Popular no asuma que el 23 de julio de 2023 no ganó las elecciones y que el Gobierno que salió de aquella convocatoria es un Gobierno legítimo que merece el respeto de toda la sociedad, no sólo de sus electores. Mientras tanto la derecha irá de exceso verbal en exceso verbal (como los del Alcalde Madrid en el Pleno de su Ayuntamiento el 30 de abril) y mantendrá un grado de crispación que deteriora la convivencia.
Javier García Fernández
Subsecretario de Cultura y Deporte, Director general de Reclutamiento y Enseñanza Militar en el Ministerio de Defensa, Subdelegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Secretario General Técnico de los Ministerios de Vivienda, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Delegado de España en la primera reunión Intergubernamental de expertos sobre el anteproyecto de convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, organizada por la UNESCO, en los años 2002 y 2003.
Fue fundador y director del anuario Patrimonio Cultural y Derecho desde 1997. Hasta la fecha ha sido también vicepresidente de Hispania Nostra, Asociación para la defensa y promoción del Patrimonio Histórico.
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