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Bajamar electoral


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Escribía Goya y Lucientes que el sueño de la razón produce monstruos. Y son monstruos que se vislumbran despiertos. En estas pasadas elecciones europeas era previsible la bajamar electoral. Y en bajamar, según qué mareas, es fácil percibir distorsionadas las magnitudes de las cosas. El principal escollo en unas europeas es la participación. En todas partes. Esto quiere decir que hay quienes con buena voluntad piensan en votar, pero llegado el momento no encuentran la razón ni el motivo. Unas elecciones europeas, siendo lo importantes que son, no son motor. Se necesitan razones importantes para movilizarse y, en experiencia histórica, las europeas se perciben con un efecto tan políticamente placebo que tradicionalmente han sido las elegidas para castigar “sin daño”. Un ejemplo meridiano fueron las elecciones europeas de 1994, que quedaron como un sándwich entre las generales de 1993 y las de 1996. El electorado socialista se desmovilizó en las europeas para volver al pulso ideológico en el 1996. Entonces ganó el PP, pero el PSOE conservó su fuerza electoral tras el “castigo” de las europeas.

Ya establecido que unas elecciones europeas y unas elecciones generales son algo muy diferente, vamos a estas europeas en particular. El resultado es evidente: la derecha y la ultraderecha estaba movilizada y fue a votar. La izquierda no lo estaba y no fue. No es que dejasen de ser votantes progresistas y ya no estén. Es que no fueron a votar. Simple. Son varios factores, pero el más evidente es que muchos electores de izquierdas no vieron la necesidad, ni la urgencia, ni la utilidad de movilizarse. La amenaza de la ultraderecha europea no fue suficiente argumento. Como tampoco dar respuesta a las “cosas” de algunos jueces. Culturalmente son un caso perdido: en España el saber popular diferencia claramente entre jueces y justicia. Y no dudo que muchos electorados progresistas pensaban que igual iban a votar. Luego llegó el día y “si no es por no ir. Pero ir para nada es tontería”. Tomando como referencia la marea alta de las generales de julio de 2023, el 67% del votante socialista decidió mojarse en el colegio electoral. Solamente el 46% del votante de Sumar en generales se dejó caer por Podemos o Sumar en las europeas.

Por el contrario, la derecha y la ultraderecha movilizada en clave nacional acudió a votar en una lógica autárquica. Los electorados de la derecha extrema del PP, en sinergia con los electorados extremos de Vox y el recién llegado “antisistema” que creció en la nube pensaban que “nos sobran los motivos”: la traca desorbitada contra el Presidente del Gobierno, el foco permanente en lo nacional, el apoyo aéreo desde otros poderes para mantener la tensión. Todo los movilizó. El rendimiento del PP fue del 73% comparando con las generales. En ello hay que descontar las tocatas y fugas a lo ultra que no se fueron muy lejos del patio.

Moraleja: lo de siempre. Europa no importa lo suficiente a la izquierda y España fue como siempre la piedra del mechero que encendía la derecha. Un ejemplo. La suma de la extrema derecha (Vox + SALF) ya equivale a algo menos de la mitad del electorado del PP. Ciudadanos desde un falso centro se aproximó y fue absorbido por el PP. Al fin y al cabo, sus electorados eran nativos del PP. Fácil de atraer al calor discursivo del hogar. La amenaza real para el PP vendrá desde la extrema derecha. No lo ven y no lo quieren ver. Estoy seguro de que alguien del PP ha pensado, si sumáramos los votos del PP, de Vox y de SALF arrasábamos. Y tienden a sumarse, pero en otra casa. Piense en Italia, Francia y Alemania. El Partido Popular será víctima de su propia estrategia de fango y radicalización. Todo por el corto plazo, todo por la urgencia del poder. Todo por no haber asumido que ya no son hijos únicos de la derecha.

En resumen. Las elecciones europeas han sido europeas para la izquierda, con su abstención correspondiente, y más de lo mismo de los últimos años en la derecha (con mayor movilización). Mientras la ultraderecha crece y se reproduce, Podemos y Sumar continúan ensimismados en quien lo tiene más grande (el electorado) y en ese ni tú ni yo, ni van ni vienen.

Catedrático de Sociología Matemática.


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