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De prólepsis y analepsis


(Tiempo de lectura: 6 - 11 minutos)

La prólepsis consiste en anticiparse a una situación prevista. Implica un salto al futuro. Se contrapone a la analepsis, que corresponde al retroceso hacia un episodio pasado. Se trata de dos figuras narrativas. En la política actual de Alemania, el país europeo de más peso, se dan las dos figuras casi simultáneamente, ambas cargadas de gravedad.

De un lado, el Canciller Friedrich Merza, incapaz de pedir cuentas a Ucrania por haber volado con explosivos el gaseoducto Nord Stream Dos, el mismo que procuraba la hegemonía continental a la industria alemana mediante energía barata procedente de la Siberia rusa, embiste ahora contra Rusia, el único país europeo, sí, europeo, que trata de bajar los humos al líder ucraniano responsable de afrentar a Merz dinamitando la fuente de la riqueza alemana: el señor Volodimir Zelensky, con su incesante política exterior pedigüeña, sin resultados ni políticos ni militares visibles de ningún tipo en el interior de su país, donde se muestra abúlico a la hora de convocar elecciones. Este caballerete, tan loado por la oligarquía neoliberal europea, que lo ha convertido en su hijo adoptivo y paño de lágrimas, está arruinando poco a poco a Europa, que es una forma decisiva de arruinar a Alemania.

Así, Merz, en su devaneo, saca pecho contra Moscú, se embarca en un rearme inquietante de más de 100.000 millones de euros y, en virtud de la prólepsis del momento, vaticina o se apresta a desplegar una guerra preventiva contra Rusia, lo que le faltaba a Europa: y todo ello, porque se ha enardecido al descubrir en el aeropuerto de Leipzig, fronterizo con el estado de Sajonia-Anhalt, qué curioso, un par de drones rusos sin explotar, un mero dron, qué espanto, que vaya Usted a saber si era cierto y si lo fue, quién y para qué lo colocó allí.

Un queso gruyere para los espías

El Este de Europa, desde Alemania hacia allá, se está convirtiendo en un verdadero queso gruyere para los espías de toda coloratura, señaladamente los especialistas en montar tramas de falsa bandera, esto es, aquellos episodios en las cuales quien induce realmente una ofensa a un Estado no es quien lo parece y al que se le acusa, sino aquel que se oculta para atribuir la falsa inducción a otro. En resumen, la dirección política germana se propone hoy ajustar cuentas a Rusia, pero no se atreve a ajustarlas con quien está arruinando su industria y su primacía continental europea, el señor Zelensky, célebre artista de variedades y con doble nacionalidad israelí; muy amigo, por cierto de Benjamín Netanyahu, el criminal de guerra empeñado en hundir el escaso crédito que Israel se proponía alcanzar entre los Estados del mundo.

Retorno al túnel del tiempo

En cuanto a la analepsis germana, el retroceso a un escenario histórico y político anterior tiene un nombre, más bien unas siglas: Alternative für Deutschland, partido de extrema derecha con ribetes claros de nazismo, que ha arrasado electoralmente en los comicios de Sajonia-Anhalt. La dirección de este partido es pintoresca: aparte de pertenecer, la mayor parte de sus integrantes, a sagas familiares nazis, desde sus hitlerianos bisabuelos, abuelos y papás, una de sus damas rectoras, la más principal, tan rubia como para parecer aria, Alicia Weidal, que alardea de ser furibundamente enemiga de los migrantes y de los movimientos LGTBIQ, a los que se propone despachar inmediatamente del suelo patrio germano o disolver, resulta que está casada con una extranjera, digamos que de piel tostada, natural de la isla indostánica de Sri Lanka, antes Ceylán, a la cual se aprestará, digo yo, a evitarle la expulsión. Alice Weidel es la risueña copresidenta de AfD. Por cierto, con esa gran pericia cultural e histórica que esgrimen los propaladores de bulos desde la Guerra Fría, es no conocer Rusia decir que apadrina a un partido nazi como AfD: 22 millones de muertos a manos del nazismo pesan demasiado en la memoria y en la conciencia del pueblo ruso como para olvidarlo.

Así pues, tenemos en ciernes en Alemania una guerra preventiva contra Rusia que prefigura el futuro alemán -y europeo-, según el desnortado Canciller Merz, especialista en confundir el tiro; y, de otra parte, un panorama electoral -habida cuenta de la virtual desaparición en las urnas de partidos con la solera cristianosocial, socialdemócrata o liberal- panorama convertido en un siniestro rittornello a las vísperas del pasado hitleriano convenientemente aggiornado para la voladura controlada de Europa made in…

Una interpretación germano-alemana

Según una valiente hibridación interpretativa de las aportaciones del pensador germano Helmut Plessner y el húngaro Giorgy Luckàcs, muchos entre los alemanes, desde su antigüedad tribal, una vez perdida por Lutero la advocación al Papa romano, hasta el acceso del dictador terrorista Adolf Hitler al poder, han buscado siempre un caudillo militar o civil o un paradigma ideológico al que seguir: líderes militares como el junker, aristócrata terrateniente prusiano Otto von Bismarck; pensadores filorracistas como Friedrich Nietzsche; historiadores declinantes como Oswald Spengler; filósofos filonazis, manque tan brillantes como Martin Heidegger; psicólogos como el suizo, nacido en un cantón alemán, Carl Jung; supremacistas como el britano-germano Howard Houston Chamberlain, hasta caer en el caudillaje de pseudobiólogos y pseudólogos abiertamente nacionalsocialistas como el médico Josef Mengele y Alfred Rosenberg, preludio realizado de la sacralización de la sangre germana y de la raza aria, con el destino al que aquella declinante senda conducía. Eso sí, todo ello salpimentado con el paulatino irracionalismo asumido desde el Romanticismo en adelante, con el bienintencionado nacionalista pangermanista Joahn Gotlieb Fichte a la cabeza, ya desde fines del siglo XVIII.

Bien, pues tras la derrota del nazismo al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos “desembarcó” en Alemania y todavía no se ha ido de allí, donde aún mantiene miles de efectivos militares y 40 instalaciones castrenses, 20 de ellas, bases militares. Bajo el segundo mandato presidencial de Donald Trump, éste ha avisado a Berlín que la supuesta tutela estadounidense se va a acabar: y entonces, el caudillaje externo vuelve a su ser, desaparece en ciernes y surge este remedo de caudillismo interior y autoritario, en clave nazi y en versión 2.0. Vamos a ver quién es el nuevo führer o la nueva führerin de la boyante formación ¿antipolítica? alemana.

La oscura pareja

Entretanto, resulta que también por estos lares hispanos cobra cuerpo la parejita prólepsis y analepsis, ambas, como en Alemania, en manos de la derecha extrema y la extrema derecha, oscuro tándem político en ciernes. Veamos. La primera cree que va a ganar las elecciones y prepara su propia guerra preventiva contra Marruecos; no se asusten, pero esto es lo que parece indicar ese arrobamiento tan patriótico a propósito de la crisis en Ceuta: prólepsis pues en estado puro. Adelanto de acontecimientos por venir. Veremos en qué queda tanto ardor si acaso llegan a La Moncloa.

En cuanto a la analepsis, es decir, el retorno al pasado, la extrema derecha -cuyas purgas directivas van a llevar a su cabeza ungida a apagar la luz si continúan las purgas de dirigentes-, esta formación, que se confiesa antipolítica, preconiza el retorno a las guerras de África, a las iniciadas en 1860, que no reportaron a este país más que sangre, dolor y miseria.

Como cabe ver, la combinación de estos dos vectores, uno versado al futuro y el otro al pasado, no dibujan nada bueno para el día a día ni para lo por venir en nuestro querido país, España. Ojalá que ambas formaciones incluyeran en sus programas cosas distintas de las que sus tenebrarios dirigentes enuncian, como ese tipo que dice querer y azuza a cazar seres humanos. Pero, por desgracia para sus votantes potenciales, no se les conocen propuestas distintas o de diferente jaez.

Claro que cuentan con el apoyo del campeón mundial prolépsico-analéptico, Donald J. Trump, del cual, merced a sus actos, no se sabe ya si sube o si baja, si avanza o retrocede, si se encamina al futuro o regresa al pasado de un imperio en trance de fenecer, fenecimiento avalado por su ineptitud evidente para regir un país de la entidad de los Estados Unidos de América. Su metimiento en todos los charcos de la geopolítica mundial, donde penetra y no sabe salir, avalado en sus derrapes por tres egregios incompetentes como los señores Rubio, Vance y Hegseth, preludia mucha, mucha confusión antes, durante y después de las elecciones de medio mandato, previstas para noviembre.

Vean pues, la lectora o el lector, una parte del panorama patrio y foráneo: Alemania, plantando cara a quien no debe. Estados Unidos, en manos de un desconcertado señor que los lleva al abismo. Y España, alanceada por una oposición signada por lo que los griegos llamaban Epichairekakia, el acto de disfrutar del mal ajeno, colocando tal ajenidad en el primer Gobierno de coalición en la historia de la democracia contemporánea. La presumible prescripción médica dictada al presidente del Gobierno para que guardara un reposo ineludible durante el verano le ha jugado una mala pasada, toro al que nadie se atrevió a lidiar in absentia de él. El temor reverencial no es nada bueno.

Muy ¿humano?, por cierto, el detalle de estigmatizarle durante su supuesta convalecencia, pese a ser el primero en visitar al ingrato y marrullero presidente de la dolorida ciudad autónoma. El tardío abordaje de lo sucedido ha acabado por facilitar que el monarca alauí y quienes le hayan instigado a actuar o a callarse, se froten las manos de consuno al comprobar que con enemigos como los que en el interior de España tiene el presidente del Gobierno de coalición, Pedro Sánchez no necesita enemigos exteriores. Enredar al Ejército y al Rey en este contencioso, como clamaban los facinerosos viscerales, para policializar su cometido y funciones; invocar al CNI, como si fuera propio de servicios de Inteligencia reconocer que actúan en un país vecino; victimizar a la población ceutí, pese a que ha convivido con sus vecinos marroquíes durante siglos; tener el cuajo de decir que un país de 50 millones de habitantes no tiene ganas, ni moral, ni recursos para asumir a 1.000 niñas y niños desprotegidos, como han dicho todos los gobiernos regionales, salvo dos, regidos por la derecha; y, señaladamente, valerse de supuestos árbitros togados, que acuden al avispero por mor de una presunta ortodoxia, inventada por ellos mismos, que les convertiría en guardianes, no solo de la política sino también de la geopolítica española, es un despropósito de tal envergadura que no cabe en cabeza sensata racionalmente amueblada.

Europa, calla

Entre tanto, Europa permanece calladita, con la señora Meloni haciendo campaña para sí y esgrimiendo que ha durado cuatro años en su mandato, como si fuera mérito cumplir con el deber que aquí se le niega al Gobierno y mientras la señora Úrsula von der Layen, ni está ni se le espera, cuando Europa puede adentrarse en un túnel, si no está ya dentro, donde Estados Unidos y la OTAN apagaron hace tiempo todas las luces.

Por su parte, rusos y chinos navegan juntos, con Estados fuertes y aliados, en una alianza euroasiática que nadie parece poder romper y que la guerra en Ucrania perpetúa. Y ello porque Pekin sabe que el próximo objetivo militar de Donald Trump será China. Y experimentando, además a diario, ambos Estados, provocaciones como la británicavnga a regalar armas a Volodimir el manos rotas, con Londres ahora enfadado con Trump por avalar la reivindicación argentina de las islas Malvinas y enfrentado de pechos contra Canadá, otrora joya de la Commonwealth británica.

A Putin y a Xi Jinping no hacen otra cosa, alemanes, británicos y estadounidenses, que azuzarles con tales provocaciones, iniciadas irresponsablemente ya en 2014 por la norteamericana Victoria Nuland, artificiera del malhadado Maidán desde la embajada USA en Kiev-, desencadenante de la presente y sangrienta guerra ruso-ucraniana; ambos líderes euroasiáticos eluden más incitaciones porque, según dicen Putin y Xi, al igual que aseguran los señores Sergéi Lavrov y Wang Yi, ministros de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa y de China, respectivamente, aún confían en la diplomacia: ¿hasta cuándo?

 

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.

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