Una explicación desde la formación de la opinión
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
Repetir algo que es mentira no hace que sea verdad, pero hace que los demás se lo crean. Esta afirmación, aplicada a la conversación comunitaria, hace que ella como cualquier otro artefacto social cambie conforme cambia la sociedad que la produce. Cuando los modos de vivir y la escala de preocupaciones y deseos de la gente ya no son las mismas. Entonces, el diálogo público discurre cambiante como respuesta. Es decir, cambia aquello que se discute en la sociedad. O que le imponen los dueños de la Opinión Publicada. Porque cambia aquello que parecía aceptable, o inaceptable, apropiado o completamente fuera de lugar.
En este domingo 6 de setiembre, el AfD, siglas en alemán de “Alternativa por Alemania”, logró el 44% y 39 escaños en un Parlamento regional de 83. Su líder, Alice Elisabeth Weidel, tiene 47 años, que pese a estar contra la familia LGTBIQ+, formó una familia con Sarah Bossard, una productora cinematográfica suiza de origen asiático. Tienen dos hijos, ambos gestados por Bossard mediante donación de esperma. Su familia reside buena parte del tiempo en Einsiedeln, en el cantón suizo de Schwyz, aunque Weidel sostiene que su residencia principal y el centro de su actividad política están en Alemania. Nada en esa descripción parece corresponder al retrato convencional de la dirigente de un partido ultraderechista, nacionalista, ferozmente restrictivo en inmigración y defensor de la familia tradicional.
Esta formación crece desde el 23,2% de hace cuatro años, arrasando a los conservadores de la CDU, el partido del canciller Friedrich Merz, que caen del 37,1% al 17,4%. El resto, socialdemócratas, extrema izquierda y ecologistas, apenas consiguen no seguir cayendo y están los tres entre el 8,6% y el 9,2%. En suma, le faltan 4 escaños en un Parlamento de 83. De aquí, lo que sí se puede decir ya es que obtiene, superando el 44%, el mejor resultado de un partido de extrema derecha en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Ese 44% en Sajonia- Anhalt supera en 20 puntos la media actual de los partidos de extrema derecha en la Unión Europea, porque si en algunos países sube, en otros ya empieza a bajar. Tales fluctuaciones indican como influyen los factores particulares en las dinámicas sociales específicas. Este fenómeno de naturalización y contradicción de lo que son, en relación a lo que dicen ser los líderes de las ultraderechas, difiere con lo que le piden al ciudadano moderado.
Hace unas décadas, la idea de que dos personas del mismo sexo pudieran casarse era vista en gran parte de la sociedad como algo impensable o una aberración. A través de un cambio gradual en los debates públicos, medios de comunicación y activismo, pasó a ser aceptado, popular y finalmente regulado como ley en numerosos países. En varios países europeos, discursos sobre la inmigración o la seguridad que antes se consideraban tabú o extremistas han ido desplazando los límites del debate. Al repetirse constantemente en medios y redes, estas posturas han entrado en la zona de lo aceptable, permitiendo a partidos radicales ganar espacio en los parlamentos.
Cuando los medios de comunicación deciden qué temas se cubren, definen la llamada agenda setting. También como lo presentan, que es el framing. Si se incluyen líderes de opinión, como periodistas, políticos, influencers y académicos, que interpretan los hechos para facilitar que un cierto mensaje anide en los públicos. Esto contribuye a la pereza mental colectiva, cultivada desde la escuela. Más las Redes Sociales, con su algoritmo, acelerando la difusión y creando burbujas de eco, donde la gente ve, lee y escucha especialmente, opiniones afines a las suyas.
Sumado al machacar de las Instituciones como gobiernos, partidos y empresas, que buscan influir activamente en los temas a discutir. Entonces cabe afirmar que las opiniones individuales se forman así. Neutralizados los discrepantes que, aunque piensen diferente, se expresan en público con las conversaciones, encuestas, redes, votos, con la mayoría. Se detecta entonces cierto consenso o mayoría percibida. Esa percepción de "lo que piensa la mayoría" retroalimenta las opiniones colectivas.
Es normal concluir que los dueños de Redes Sociales, y otros medios de comunicación, pongan y quiten gobiernos. Nuestro cerebro quiere dedicar tiempo y energía solo a aquello que es importante, o, tal vez mejor, a aquello que “piensa” que es importante. Para ello, recurre a automatizar procesos y simplificar. Porque vivimos tiempos de pereza intelectual. La cultura de lo efímero cuyos atajos contribuyen a crear lagunas en nuestro razonamiento. Es el caso de la ilusión de veracidad, un mecanismo que abre una vía para que se compren relatos construidos con hechos falsos, sesgados o manipulados. La ilusión de veracidad hace que consideremos más creíbles aquellas afirmaciones que escuchamos más de una vez. Se acusa sin fundamento. Se insulta sin pudor. Se miente sin honor.
Pese a todo, el individuo aún tiene a su alcance la llave de la Historia: su voto.
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.
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