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La memoria de los vencidos. Indalecio Prieto y las crónicas del adiós


(Tiempo de lectura: 5 - 10 minutos)

En este julio del 2026 en el que conmemoramos 90 años del inicio de nuestra guerra civil, no estaría de más volver la vista atrás y recordar el legado algunos de los protagonistas más destacados de aquellos momentos dramáticos. Entre la bibliografía interminable de obras sobre la guerra civil no tenido el eco que merece un libro singular. Me refiero a Indalecio Prieto. Crónicas del adiós. 50 retratos del siglo veinte. Estamos ante una selección - a cargo del profesor Luis Sala- de artículos necrológicos escritos por Indalecio Prieto, que recogen semblanzas de despedida de políticos socialistas como Pablo Iglesías, Besteiro, Fernando de los Rios, Juan Negrín y Luis Araqquistain. También se recogen retratos de políticos republicanos como Manuel Azaña y Felipe Sánchez Román, al igual que de políticos nacionalistas vascos como Jose Antonio Aguirre y Jesús de Galíndez o de republicanos catalanes como Lluis Companys. No falta tampoco el recuerdo de historiadores como Rafael Altamira o de liberales como José Ortega Y Gasset y Gregorio Marañón.

Sólo el lector que haya frecuentado la lectura de Prieto en obras como De mi vida y Convulsiones de España, publicadas en Mexico por Ediciones oasis, podrá haber tenido acceso a muchos de estos textos. Eran retratos que estaban dispersos dentro de una obra periodística muy amplia y descatalogada hace muchos años . En esta ocasión, gracias a esta iniciativa de la Fundación Indalecio Prieto, tenemos ante nosotros una memoria viva del exilio español, un retrato de los españoles que fueron derrotados pero mantuvieron orgullosos su lealtad a la España republicana. El contrate que analiza Prieto entre la actitud de Portela Valladares y Alejandro Lerroux o la actitud de Altamira o de Sánchez Román merecen resaltarse; fieles a sus convicciones republicanas aunque ansiaran la vuelta a España.

Prieto ha sido catalogado como el más republicano de todos los dirigentes socialistas. Para entender esta calificación hay que ir al comienzo de esta historia. Una historia que se entiende muy bien a partir de los artículos recogidos en esta obra. Comencemos con su semblanza sobre la personalidad de Pablo Iglesias. Prieto es consciente del esfuerzo de Iglesias por constituir un partido político que se enfrentara al régimen de la restauración pero que a su vez no redujera su acción al republicanismo histórico. ¿Para qué crear un partido socialista si ya existían los partidos republicanos que también se enfrentaban al régimen de la restauración?

Como siempre recordaba el maestro Gómez Llorente para entender la especificidad del pablismo es imprescindible hacernos cargo de la filosofía de la historia que inspiraba al movimiento obrero. Para ello hay que subrayar la dimensión de clase y apelar a un internacionalismo que superara las fronteras nacionales. El partido socialista tenía que ser distinto a los que trataban de preservar el legado del republicanismo pero tampoco podía circunscribir la acción de los trabajadores al ámbito sindical. El pablismo trataba de preservar una personalidad específica frente a los partidos republicanos y a los sindicatos anarquistas. Un movimiento donde fuera decisivo aunar la acción sindical(Ugt) y el mundo político institucional( Psoe)

Como sabemos eso le llevó a Iglesias a mirar con enorme prevención los acuerdos con los republicanos y a evitar la participación de los intelectuales en las filas del partido socialista. Pensemos en las desavenencias con Jaime Vera. Son muchos los historiadores que han señalado que esta posición rigidamente obrerista e internacionalista provoca que el Psoe no tenga ningún diputado hasta 1.909. Es entonces, tras la semana trágica, cuando acude en coalición con los republicanos y obtiene un escaño para Pablo Iglesias.

Años después, tras la huelga general de 1.917, accedan al parlamento los diputados de la segunda generación de dirigentes socialistas: Besteiro y Caballero, Prieto, De Los Ríos y Saborit, los líderes de la huelga general de agosto del 17 que irán de la prisión al parlamento, tras la amnistía del gobierno de Antonio Maura.

Lo interesante de esta recopilación es el esfuerzo de Prieto por aunar la memoria de Iglesias con la aportación de Pi i Margall, de Francisco Giner de los Ríos y de Nicolás Salmerón. Las palabras que pronuncia Prieto en el cementerio civil, en abril del 31, para rendir homenaje a socialistas y republicanos hablan de ese esfuerzo por aunar el papel del movimiento obrero con las convicciones republicanas. Prieto consideraba imprescindible ahondar en el tema de la identidad nacional. No consideraba que el socialismo debiera circunscribir su trabajo político a la defensa de las reivindicaciones socioeconómicas. El trabajador era también ciudadano y no debía ser indiferente a la lucha por la democracia, la laicidad y la república. Años después visualizará esta actitud al hablar del exiliado como alguien que tiene hambre de patria.

El político socialista que sintonizó más con Prieto, que le acompañó en la oposición a la dictadura de Primo de Rivera y en su apoyo al Pacto de San Sebastián fue Fernando de los ríos.

Recuerda Prieto, a la hora del adiós, las peripecias biográficas del gran erasmista, del socialista liberal y humanista; sin olvidar como en su Granada natal pasó de ser admirado universalmente, por su gran capacidad académica, a ser combatido con saña por las fuerzas reaccionarias al adscribirse a las filas socialistas.

Si la esperanza - que aparece en las palabras pronunciadas en el cementerio civil el 21 de abril de 1.931 cuando Prieto aunaba el recuerdo de Iglesias y de Giner, de Pi i Margall y de Salmerón- hubieran podido fructificar no estaríamos ante la memoria de los vencidos, ante la terrible herida de la derrota y del exilio.

Cuando Prieto despide a Fernando de los ríos en 1.949 ya se han producido los fallecimientos de Julián Besteiro en la cárcel de Cármona y de Manuel Azaña en Francia, perseguido por la policía franquista con el apoyo de al Gestapo. En 1.949 se van cerrando las esperanzas de lograr el final de la dictadura.

Fueron años en los que Prieto intentó buscar denodadamente una salida a la situación española. Trató de lograr que las potencias democráticas, que habían abandonado a la república española, no permitieran que el aliado de Hitler y de Mussolini se perpetuara en el poder. Es lástima que en este volumen no se hayan recogido algunas despedidas que sí aparecen en los artículos recogidos en las ediciones de Oasis. Me refiero a la semblanza de despedida de Leon Blum; Prieto no podrá olvidar una espina clavada en su corazón que le acompañó toda su vida; no quería ni podía olvidar la traición de los socialistas franceses a la república española.

Cuando ya todas las expectativas de acabar con la dictadura han finalizado, cuando el propio Prieto reconoce el error al que había inducido a sus compañeros socialistas por hacerles creer que era posible un acuerdo con los monárquicos, es el momento en que aflora todavía más la nostalgia por la patria perdida, ese hambre de patria que ha descrito el profesor Juan Francisco Fuentes en un libro reciente ( J. F. Fuentes Hambre de Patria. Arzalia ediciones. Madrid 2.025)

El drama terrible para Prieto es que la dictadura siguió y sus compañeros de batalla, con los que había coincido y discrepado, fueron desapareciendo ¿Cómo hacer justicia al hombre que acaba de fallecer y a la vez no caer en la necrolatría?; ¿¿cómoevitar el halago excesivo y a su vez no aprovechar la muerte para realizar un último ajuste de cuentas? Las semblanzas de Negrín y de Araquistain son un prodigio en ese sentido. Prieto no quiere olvidar sus desavenencias con Negrín, al que se negó a recibir por más que Negrín intentara la reconciliación. Pero sin negar las trifulcas del pasado al final no puede olvidar al compañero que le había acompañado a un mitin en mayo del 36; le acompañó para apoyar al equipo de seguridad de Prieto ante las amenazas que había recibido de sufrir un atentado. Amenazas propulsadas por otros sectores del propio partido socialista.

Igualmente ocurre cuando despide a Luís Araquistaín y recuerda sus discrepancias en el pasado, pero no puede dejar de constatar la enorme evolución desde la revista Leviatan en los años treinta, en plena radicalización ideológica a su evolución posterior hasta llegar a dirigir la revista Cuadernos para la libertad de la cultura vinculada a la política norteamericana en plena guerra fría.

Por cierto en una última batalla coincidirán Prieto y Araquistain. Me refiero a la actitud de ambos cuando se produce la muerte de Ortega en 1.955. Como sabemos un sector de la Iglesia católica trataba de propiciar el infundio de que Ortega al final había claudicado y como don Pompeyo Guimarán- el personaje de la Regenta- había claudicado y había pedido confesión. El filosofo agnóstico había reconocido su error y había bajado la cabeza.

Tanto Prieto, al defender a un liberal que no se sometió a Franco, como Araquistain que llega a referirse a un muerto profanado salen en defensa del filósofo para resaltar que en la España de la dictadura ni era posible la vida intelectual libre ni era posible morir en paz.

Para terminar deseo llamar la atención sobre la despedida a Gregorio Marañon. Estamos en 1.960 y Prieto siente profundamente la muerte de alguien al que considera su último contacto con la España a la que añora y a la que nunca podrá volver. Aparece un Marañón que leía sus artículos, que los elogiaba, que le transmitía su apoyo. Prieto con agudeza remarca que Marañón sabía que esos elogios le llegaban al corazón ya que eran el último reducto que le quedaba para dar sentido a su vida ; su vanidad de gran periodista quedaba reforzada al saber que alguien muy lejos de Mexico le seguía leyendo.

Estamos pues ante una obra de extraordinario interés. Una obra que ayuda a entender mejor las vivencias de la España derrotada, de los vencidos en la guerra civil. Tras la interminable dictadura, se publicaron discursos y escritos de Prieto. Eran escritos sobre sus años de dirigente socialista en los años treinta. Discursos parlamentarios, intervenciones políticas, recuerdos sobre su posición en mayo del 36 o en mayor del 37 o en las querellas del exilio pero nos faltaba esta memoria viva del exilado que despide a los antiguos amigos y adversarios, compañeros y antagonistas, con singular emoción y agudeza, sin caer en la necrolatría ni en el ajuste de cuentas a posteriori.

Esta obra , editada por el profesor Luis Sala con el apoyo de la fundación Indalecio Prieto- permite hacer viva una memoria. Una memoria atravesada por años de sufrimiento y de esperanza, por años en los que se agolpan aenecdotas y recuerdos del pasado con esperanzas para el provenir. El que quiera hacer presente a Ortega y a Marañon, a Unamuno y a Altamira, a Azaña y a Araquistain, a Besteiro y a Negrín, a Fernando de los Ríos y a Sánchez román, a Jose Antonio Aguirre y a Companys tiene aquí una magnifica oportunidad.

Si se me permite una última recomendación. No estamos ante una obra que podamos leer de corrido. Son semblanzas que responden a momentos muy distintos, pero leyendo discontinuamente, esperando el momento propio, consultando el libro cuando queremos recordar a alguno de los personaje que aparecen, podemos hacernos una idea del drama del exilio español. De la España que pudo ser y que nunca se llegó a recuperar. De la España republicana y laica, socialista y liberal, que estos retratos reflejan admirablemente.

Catedrático de Filosofía política de la Uned y ex portavoz de Izquierda socialista.


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