Ya hay etiqueta: 29-N, elecciones Maricarmen
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
Es de suponer que no haya controversia en la necesidad de la denominación de estas elecciones próximas como las “elecciones Maricarmen”, con la etiqueta impuesta por la fuerza de la realidad del desahucio de la anciana de Sáinz de Baranda, reinterpretada y revisada la salida de la casa de siempre de Maricarmen por la visión empresarial, quién sabe si rehumanizada, por los propietarios del inmueble. Antes del desahucio la posibilidad de comicios era remota, al albur del instinto del presidente Sánchez, entre el rapto y la intuición, muchas veces demostrado como capaz de puntuar en el marcador de los éxitos.
Maricarmen puede que, a partir de ahora, aparezca como el demiurgo del potencial triunfo de Psoe o de PP-Vox, porque sin su contribución con la ampliación mediática de su caso, con sus defensores y sus policías para impedir el ejercicio de aquella cobertura, nada de lo actuado hubiera sido posible, al menos en la secuencia temporal con que se digiere este momento emanado como actualidad. Los esfuerzos por ver similitudes entre el 15-M de 2011 y los ahora vividos simplemente son manifestaciones de voluntad, porque las diferencias son acusadas de tal modo que en casi nada se parecen.
La España de principios de 2011, gobernada por el ejecutivo de Zapatero, era visitada con mucha frecuencia por los hombres de negro, tan dilectos en el manejo de las cuentas públicas para su contraste con la Unión Europea y el Banco Central Europeo como en el conocimiento de la fauna y flora de la capital de España, que no todo va a ser viajar con la ayuda de las hojas de cálculo y los programas Excel. Zapatero, ahora en horas bajas porque su lobby no casa con los lobby de Aznar y Felipe González, lobbys todos ellos porque así lo quiere la significación del término, pero con aprovechamientos distintos, en 2011 había cerrado su etapa de gobierno en medio de una crisis sin precedentes que requirió de medicinas agresivas en materia económica. De aquellas terapias nació la acampada del 15-M, con las hipotecas como principal objeto de deseo insatisfecho por el crecimiento de las cuantías que hacían imposible el mantenimiento de las viviendas.
Veintiocho días duró concretamente el movimiento de acampada en la Puerta del Sol, atravesados por unas elecciones municipales y autonómicas el día del inicio del asentamiento, el 22 de mayo. El 20 de noviembre de 2011, se celebraron elecciones generales en España con el alumbramiento de Mariano Rajoy y el PP como ganadores de las mismas. El tercer intento del gallego se saldó con triunfo, con 186 escaños de mayoría absoluta y casi once millones de votos. Es decir, que las acampadas, nutrientes de Podemos como partido político pero con plasmación años más tarde, no parece que contribuyeran a un cambio de rumbo político como se pudiera predicar ahora, sino que abundó más en aquel cambio el apagón del Psoe de Zapatero, obligado por las instituciones europeas a los ajustes económicos de naturaleza drástica para las gentes más desfavorecidas, aquellas más necesitadas de ayuda pública. La interpretación electoral de los años de Zapatero ahondó la herida en la opción de Alfredo Pérez Rubalcaba, quien se había labrado un aura de salvador de las esencias del partido socialista en la continuidad del propio Zapatero, pero que sufrió la demolición de su proyecto y su carisma por la herencia del tajo de Europa. Quiere ello decir que los paralelismos con la situación presente plantean serias dificultades de asimilación.
Los efectos de la acampada tras el desahucio de Maricarmen, el 23 de septiembre, parecen perfectamente lubricados para su pervivencia hasta al menos el 29 de noviembre, cita electoral. El referente de la puerta del Sol va a acompañar la pre campaña y la campaña electoral como un espejo que ha de proyectar imágenes acordes o distorsionadas respecto a todo lo que se diga o haga en los meses de octubre y noviembre, precisamente en el tiempo en que muchos electores se decidan a abandonar el ejército de los abstencionistas para ingresar en el de los participantes. La impregnación, pues, de la acampada en todo cuanto tenga que ver con elecciones equivale a un chapapote de consecuencias aún por discernir porque no hay antecedentes, ni tan siquiera en aquel 15-M , San Isidro en el santoral español y festivo en el madrileño. Los intentos por levantar este asentamiento de Sol por parte del alcalde Almeida y la presidenta Ayuso y de este modo eliminar el rescoldo de la protesta para una normalización de la cronología electoral parecen abocados al desinterés y la inadvertencia judiciales, en cuya permisividad el desarrollo de estos dos meses para muchos de los detractores de la manifestación puede resultar de un extraordinario enojo más en fechas prenavideñas con todos los apetitos de consumo disparados.
La aprobación de uno de los decretos en materia de vivienda por la Diputación Permanente, como órgano transitorio de desarrollo parlamentario, como parece estar previsto, desembocará de nuevo en polémicas de nuevo cuño y reproducción de las anteriores. La capacidad de respuesta a las encuestas por parte del candidato Sánchez, muy mermada respecto a julio de 2023, por el ascenso de Vox, reside en la fiebre capaz de ser generada por el pebetero de Sol, el poder calorífico de una plaza ya entrada en los primeros fríos. El “rompeolas de todas las Españas”, del 7 de noviembre de 1936, deletreado por Machado, en tiempos en que la represión bélica de la guerra desatada también era un hecho, gana ahora poder de contestación, si bien las cifras de 2011, con la mayoría absoluta del PP parecen indicar el camino de la victoria pese a las inflamaciones de la plaza. El escenario es el mensaje, podría ser el camino y la idea por el que circulan las esperanzas de un gobierno resistente hasta el escaño número 176, como el verano de 2023 se encargó de demostrar.
El 176 decide, del mismo modo que cuenta Irene Vallejo en su instalado “El infinito en un junco” (Siruela, 2019), “15 de marzo del año 44 antes de Cristo, 23 puñaladas recibió Julio César, sólo una mortal, según cuenta Suetonio”. El escaño 176 es el letal, hasta entonces, los cambios en la calidad de la esperanza provienen de las tiendas de color azul y los generadores de luz. Los efectos del 15-M se dejaron sentir varios años después. Lo que ahora suceda como consecuencia del acontecimiento de la acampada vive entre la atmósfera de la épica ciudadana y la utopía hipercriticada por la masa electoral de las fuerzas potencialmente ganadoras de las elecciones convocadas, amparadas en el peso de la irradiación de Ceuta y su circunstancia. Casi dos meses de focalización de contenidos de gestión e implantación de la ley en materia de vivienda en 12000 metros cuadrados, los que mide la Puerta del Sol, poco más que el terreno de juego de un partido de fútbol.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.
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