Ceuta y los porcentajes de Freud
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
Menos de un mes de acontecimientos en Ceuta y ya se da por descontada la influencia que habrá de tener en los resultados electorales de los próximos comicios generales. Al agravio pregonado, según la versión de la oposición, del ejecutivo actual a la España económica, social, territorial, por sus malas prácticas barnizadas con la corrupción, ahora se añade la coda de Ceuta. La gestión de la crisis de Ceuta, abordada por setenta mil personas en trance de desesperación en una sola jornada, 30 de julio, ecuador de vacaciones también políticas, no es asunto banal, y tiene variables territoriales y humanitarias a las que le florecen las aristas. Cualquier gobierno no desearía enfrentarse a tal incidente, pero una vez producido la gestión es un imperativo del que se desbrozan muchas derivadas.
El contingente humano que entró en Ceuta, una de las dos plazas importantes, junto con Melilla, desde el siglo XV, ubicadas en el continente africano pero de afiliación española, en número similar a la población ceutí de origen, presenta un problema organizativo de primer orden inabordable por el gobierno de la ciudad autónoma, necesitada de recursos por la excepcionalidad de la crisis. Tres semanas de organización frente a un hecho de tal naturaleza, en el mes de agosto, pueden ser muchas pero también pocas. Afortunadamente para afrontar aquella organización, solo queda un 15 por ciento en la ciudad del colectivo asaltante. Estas diez mil personas, en su mayor parte necesitada de ayuda, especialmente aquellos menores de edad sin compañía, plantean un escenario asistencial por humanidad. Si ahí se establece la opción organizativa, encajar los recursos hace que el plazo de tres semanas no sea largo, sino corto.
La complejidad y el enredo de la praxis política viene dado por el asunto territorial. El asalto por necesidad material, por ambición de planes personales, nutrido por gentes de varias nacionalidades, es muy fácil de diferenciar del concepto de invasión, donde la utilización de las fronteras y la cuestión bélica aparecen en una fusión de alto contenido político, en cuyas aguas de influencia y ventilación patriótica se agitan temas apenas asistenciales para atender a los sentimientos y a las venas emocionales. La ayuda humanitaria, dotada de sustrato legal, desvitamina de componente político y solo requiere de administración y racionalidad, con tiempo y recursos. La secante política de la invasión, del miedo, de la inseguridad, es una calidad que en contacto con la proximidad de las elecciones tiene un efecto desencadenante con producción de furia y ruido más allá de Shakespeare y más acá del aprovechamiento espúreo de las emociones de los pechos hinchados.
Precisamente en esta gestión asistencial, con el reparto de menores por toda la geografía de la península, con gobernanza a la par entre PP y Vox, radica la tensión entre dos fuerzas afines para unas cosas pero no para todas. En esa tenebrosa diferencia entre ambas sensibilidades de la derecha, que al parecer existe, habita la esperanza del gobierno de coalición en activo. Los obstáculos legales para el ejercicio de la arbitrariedad con la que se amenaza desde los púlpitos de consejerías de Vox a la hora de asumir las competencias humanitarias, desnudaría de responsabilidad a la opción de Abascal, más preocupado por la pureza de sangre y la vigencia de los tercios de Flandes que de la dotación de seguridad y eliminación de carencias de un “asaltante” de doce años.
Lo que suceda de ahora en adelante en una ciudad como Ceuta, si es o no capaz con la ayuda de toda la seguridad del Estado con un ministro como vértice capaz de la fuerza resolutiva, devendrá en clave, al parecer, para desactivar todo el arsenal de nublado territorial que se pondrá en marcha para la desacreditación del gobierno. Los áticos y los procedimientos abreviados, las corrupciones y sus entradas en prisión, amainarán por un tiempo en beneficio de los espigones, las devoluciones en caliente y la amenaza exterior. Los amigos de mis enemigos (coordenada Trump-Mohamed VI) no pueden ser mis enemigos como primer mandamiento de la geopolítica caprichosa.
El porcentaje de alimento político de una crisis como la de Ceuta podrá ser desvelado como realidad, pero pasado un tiempo. En este momento de crecimiento de los afectos y desafectos, con la atronadora presencia de imágenes de las gentes vagando por las calles por elección de una plaza española como más acogedora que cualquier recinto africano, hablar de las consecuencias electorales pudiera parecer pecaminoso. Habla Stefan Sweig, en “El mundo de ayer”, (Acantilado, reedición 2023), sobre lo que le dijo su compatriota Freud, “existe tan poca verdad al cien por cien como alcohol puro”.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.