La crisis de Ceuta, el espigón y la natación de Kafka
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
La entrada a Ceuta de 60000 personas procedentes de Marruecos ha sucedido en el interés nacional a los incendios de más intensidad de que se tiene recuerdo, que a su vez ocupó el puesto de relevancia en la atención depositada en el Mundial de fútbol. Las dos primeras no produjeron víctimas personales ni por desequilibrio emocional en el caso de los goles nacionales ni tampoco en la siniestralidad espectacular de la quema de tantas hectáreas de monte sin lamento de personas por la coordinación de los servicios de seguridad y control. El tercer frente de focalización, el de la entrada masiva por Ceuta, ha arrojado un provisional balance de casi un centenar de fallecidos por ahogamiento, todos ellos de nacionalidad de Marruecos o asimilados en territorio marroquí para la intentona de salir de nada que parezca un paraíso para la obtención de un ensanchamiento de metas y propósitos personales.
Las mafias de traslado a personas de un lugar a otro con promesa de facilidades para la aventura más la tolerancia de las autoridades de Marruecos para desatender la vigilancia de este proceso, así en principio, parecen ser el origen del movimiento de personas presentado como invasión por la óptica geo política, aunque la calidad de obtención de una vida mejor es la ofrecida por una visión de más apego a la realidad, si bien es cierto que la concurrencia de tantas gentes en tan poco espacio físico como el de la ciudad de Ceuta crea siempre un problema de organización de flujos humanos y sanitarios indeseado para autoridades, población instalada y contingente humano protagonista del abordaje de una situación excepcional. La visión del problema por el desplazamiento de la cámara de la realidad nacional ha pulsado la interioridad de las fuerzas políticas con el resultado aproximada y familiarmente conocido. El ejecutivo no ha roto vajilla alguna en el ámbito de las relaciones internacionales.
El país agresor, así calificado por la inflamación habitual, mantiene líneas de amistad y entendimiento con el gobierno de España, hasta tal punto que el día transcurrido desde el inicio de la aventura, fiesta nacional en Marruecos, y el siguiente, se produjo el regreso de la mayor parte del contingente humano, una vez sometida a la realidad la imagen de espejismo servida con dosis de desapego al mundo real. Salvo la excepción que marcó la primera ministra italiana Meloni, con la petición de tratamiento del tratado de Schengen para el caso específico de la entrada masiva del 30 de julio, y del formato de imprevisión en la llegada a Ceuta por el que se han desprendido contingencias sanitarias, la ciudad de Ceuta no presenta inestabilidad especial, solo que la presencia policial y del Ejército es anómala porque la fecha del 30 de julio está muy cercana en el calendario de emociones.
La declaración de la presidenta de la Comisión Europea, Von der Leyen, con alegría por la manera de solventar diplomáticamente el asunto por parte de España y Marruecos, dista de parecerse al estado de ánimo elegido por la oposición. Feijóo y la plana mayor del Partido Popular saborean esta crisis como un hito más en el desgaste del ejecutivo, con una competición sobre la frase más rotunda en la configuración argumental sobre la reserva hacia la figura del distinto racial y geográfico. El dirigente popular Miguel Tellado ha sentenciado con “que no quede ni uno”. Santiago Abascal, por lo que respecta a Vox, no ha dudado en significar el paso a Ceuta como “un acto de guerra” y una “invasión” promovida por Marruecos. La escalada verbal aquella de la Catalunya del otoño de 2017, que se saldó con el grito de hostilidad bélica dirigido a las fuerzas policiales destacadas a impedir el referéndum, “a por ellos!”, luego transmutado en operaciones deportivas, tiene una oportunidad para continuar su desarrollo con los sucesos de Ceuta. La necesidad del uso de la fuerza, la implantación del Ejército como fuerza de estricta defensa territorial ante una invasión humana sin utilización de ninguna de las armas de Tierra, Armada y unidades del Aire y del Espacio, la presencia del magrebí, de asolerados vestigios africanistas, y la puesta a prueba de la identidad con la ayuda del reemplazo peligroso de culturas y parámetros de vida en común. Todo ello agitado y servido a temperatura ambiente de 40 grados.
Ceuta y el espigón de Tarajal, hoy por hoy, suponen un nutriente muy adecuado para el contraste y medida de los impulsos de grandes palabras en boca de la oposición, integridad territorial, seguridad, la calle como espacio de unos pocos, raza, si se apura se llega a la patria con facilidad. Las víctimas de la prodigiosa y espeluznante mentira de la conquista de una tierra prometida, vía Schengen, por el medio del espigón sin apenas boyas, son las verdaderas damnificadas de esta especial odisea. El bañador como arma cargada de futuro, las camisetas de Lamine Yamal, y la serpiente de verano para la oposición en vísperas de elecciones. Kakfa tenía una especial predilección por la natación. La profesora Maïa Hruska, de origen franco checo, criada en Alemania y ahora ejerciente en Londres, publicó hace unos meses “Diez versiones de Kafka (Anagrama, 2026). Obra muy premiada, ahonda en el entendimiento del autor checo. Pronuncia sus pocos desvelos por la actualidad del mundo. Anotación en su diario, “3 de agosto de 1914. Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, clase de natación”. La misma natación ahora huérfana de magisterio para producir muerte. Pero aquello era el inicio de la primera contienda mundial. Esto es otra cosa nacida de un espigón.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.