Antropófagos sueltos
- Escrito por Rafael Fraguas
- Publicado en Opinión
Se están comiendo a los caníbales. Aplicada al actual contexto político, la frase de Jorge Luis Borges permite resumir lo que sucede en el interior del partido de la gaviota. Otros preferirán esa otra frase, evangélica, según la cual “quien a hierro mata, a hierro muere”. Y unos terceros, se inclinarán por la fórmula, tan hispana, del “alguacil alguacilado”. Antropófagos, matadores a hierro y alguaciladores se han dado cita en Génova 13, la sede partidaria reformada con dinero opaco, para devorar, liquidar o escarmentar, respectivamente, a quienes han guiado al principal partido de la oposición hasta el callejón sin salida en el que ahora se encuentra. Es decir, aquel rincón donde convergen en choque frontal corrupción y ambición, dos características históricas de las cúpulas de tal partido que hasta ahora iban de la mano y frente a las cuales justificó haber surgido la dirección política hoy en trance de ser canibalizada o aherrojada.
Es la misma dirección que no ha sabido –o no ha querido- erradicar las prácticas corruptas ni atemperar con la prudencia la desaforada y descarnada ambición de su líder. El torpe amago de chantajear a su rival por un caso de supuesta corrupción se le ha vuelto contra el rostro y no ha mostrado cuajo para mantener una acusación presumiblemente fundada contra su rival. Pero no se ha limitado a eso sino que, espoleado por la furia, ha escindido la eficacia de la coyunda corrupción/ambición que ha mantenido al partido tantos años, para enfrentar la una a la otra con el explosivo resultado que conocemos. La política llega al colapso –siempre- cuando la moral, siquiera mínima, no refrena a la ambición o cuando esta se deja amilanar por el doctrinarismo.
Al igual que Sócrates señalaba que la virtud puede aprender y enseñarse, el impar pensador florentino avisaba de que el mal, como acto fundacional del poder, no solo puede, sino que debe adquirirse si se trata de conseguirlo, conservarlo o ampliarlo. Pero la aplicación del mal debe durar poco, lo justo. Ni más ni menos. Claro que la finezza de la que don Nicolás Maquiavelo hablaba, debía edulcorar la crueldad de quien pugna por el mando y de quien quiere el mando retener. El condotiero ha de saber mostrarse benevolente, incluso magnánimo. Aquí no hemos visto nada de eso. Solo torpeza, altanería, insensatez.
La ambición más descarnada, sin finura alguna, signada tan solo por la crueldad y el desdén más despreciativo, han acompañado al líder derechista en trance de caer: no tuvo reparo moral alguno en angustiar y poner en peligro la serenidad de un país entero cuando encaraba un combate a muerte contra un patógeno asesino. Insultar, humillar, acosar, herir, degradar, impedir cualquier medida del atribulado Gobierno de coalición…Y así durante dos largos años, sin una sola idea brindada al país sufriente, donde habitan los votantes de sus hoy vapuleadas siglas: “…a hierro muere”. Tal vez exista una justicia intangible, por fortuna sin puñetas ni togas, que opere cuando la maldad adquiere cotas insoportables de desmesura.
En resolución, tenemos al partido de la oposición en el vórtice de un huracán que o bien amaina y merced a pilotos cabales y honrados sacan la nave del mórbido remolino por el que velozmente gira fuera de control; o, por el contrario, el indómito tifón tropical va a llevarse por delante, hasta ahogarlos, no solo a personas, dirigentes y cuadros, sino incluso a la sigla que durante décadas los albergó y les regaló pingües negocios bajo sus alas.
La preocupación de las gentes demócratas es hoy doble. Porque no es nada halagüeño que una parte del honesto electorado español que, incauto, le dio su voto, asista a la voladura incontrolada de su partido de referencia; tampoco es de recibo que se eche a la calle una peña vociferante pidiendo venganza por una supuesta ofensa privada contra una líder cuya conducta puede esconder otra ofensa, en esta caso pública, de mucha más gravedad y calado pero dirigida contra todos los madrileños: un presunto y copioso negocio lucrativo familiar en plena pandemia, con precios alterados, testaferros y anomalías por doquier. Veremos que descubre la fiscalía.
Tampoco es digerible que la evaporación de tal partido de la escena política lleve a muchos de sus votantes y cuadros hacia las arenas movedizas en las que la Constitución democrática de 1978 se arriesga a verse hundida, más temprano que tarde, de no enmendar su trayectoria el jamelgo al galope que guía velozmente a gentes incautas -y a algunas pocas de la mala hierba, que diría Miguel Hernández- hacia su pantanoso suelo.
Pluralismo
El pluralismo, ese valor supremo de las democracias, ¡claro que admite numerosas gamas del pensamiento y acción de la derecha, sea conservadora, moderada, centrista o nacionalista! También admite las distintas gamas de la izquierda. Quienes peleamos en su día por la democracia y las libertades cuando campaba a sus anchas la dictadura, combatíamos para que todos y todas tuvieran y tuviéramos un día voz y voto en una España nueva, democrática, plural, hasta entonces sometida a un régimen tan tiránico como cruel y mediocre. Mas los derechos constitucionales adquiridos por tantos, a costa de tanto sufrimiento y sacrificio, no pueden ser hoy vulnerados arbitrariamente por quienes no solo no pugnaron por conseguirlos y se lucran de ellos amagando con cancelarlos, sino que, además, se muestran incapaces de aceptar la pluralidad y la otreidad que constitucionalmente incluso a ellos ampara.
Si algún día acceden al poder, según reza su ideario, muchos piensan que recortarían o diezmarían nuestra carta constitucional. Se dirá que eso es un prejuicio que atribuye arbitrariamente expectativas de conducta a un partido político que aún no ha comenzado a actuar gubernamentalmente así. Vale. Apartemos los supuestos prejuicios. Hasta hoy mismo, ¿qué hay de sustantivo, de constructivo, de creativo, de útil y avanzado en las propuestas que preconiza esa formación política? ¿Hablan de paz, de libertad, de justicia, de solidaridad o de humanidad? ¿O más bien prefieren hablar de castigo, expulsión, criminalización, exclusión, supremacías y otras consignas signadas por el odio? Aprovechar las instituciones democráticas para horadarlas desde dentro, es una técnica que esas gentes siempre han achacado a sus enemigos. O quizá van más lejos de lo que parece y lo que se proponen es convertir en infieles a quienes no suscriban su código de honor en el cual las mujeres, los débiles, los diferentes y los desheredados, en el mejor de los casos, serían menores de edad a los que solo la caridad, entendida a su manera patriarcal-paternalista, puede “redimir”. En el peor de los casos, será preferible ni imaginarlo.
Si la auto-implosión del partido de la gaviota puede dar paso a una derecha democrática, centrada y honesta, sea bienvenida. Pero si su crisis se cierra en falso, como parece adivinarse por la prisa con la que se pretende enterrar el supuestamente gravísimo caso de corrupción familiar y de nepotismo en plena pandemia, sospecha que planea sobre la presidenta regional de Madrid, el fracaso de la operación relevo estará servido. El alineamiento del líder gallego con la presidenta idolatrada por los taberneros no preludia nada bueno. Y no habrá más ocasión para dotar a España de una derecha constitucional y democrática con sentido de Estado, el mismo que requiere la transparencia y la limpieza en sus gentes, su discurso y sus prácticas. Aunque, de fracasar tal anhelo, lo más peligroso sería el oscuro rittornello de una polarización temible preámbulo de una conflagración española interna semejante a aquellas que tantas veces ensangrentaron la piel de toro toreado sobre la que, hasta ahora, caminamos.
Por otra parte, si el corrimiento de la derecha autodinamitada hacia la derecha extrema, la retrajera a la larga a su posición de origen, como en su día dicen que hizo, en frase de Antonio Gala, aquel “caballero que entraba a todos los sitios a caballo” -Manuel Fraga Iribarne- pero que sabía lo que era la política y el poder, estaremos asistiendo a otro de esos milagros con los cuales nos regala de cuando en cuando la sorprendente España política.
Hagamos votos, despleguemos las benévolas artes de la persuasión y apliquemos las enseñanzas políticas atesoradas por la izquierda y el centrismo verdadero y sensato, no éste tan desnortado que conocemos hoy, para que los cruzados del odio caigan del caballo –eso, que caigan y bajen a tierra-; dejen de perseguir herejes por doquier; abandonen ese doctrinarismo de tenebrosas quimeras; y se dediquen a hacer política –cosas pensadas para el bien común- lejos de la inútil posse de la intransigencia que solo parece rumiar odio, desazón y malevolencia. Recordemos la frase atribuida a Miguel de Unamuno: “No un manojo una manada es el eje del fascismo, detrás del saludo, nada, detrás de la nada, abismo”. Se dirá, tal vez con razón, que ese partido no es propiamente fascista. Quizá, tal vez sea específicamente ultramontano y ultraliberal pero, en puridad de términos politológicos, es cierto que no preconiza la fusión de Partido y Estado, como hicieron las organizaciones pardinegras de Hitler y Mussolini. Bueno. Pero ya saben ustedes aquel refrán persa que dice, “el perro amarillo es primo hermano del chacal”. O bien aquel otro que reza “por sus obras los conoceréis”. Pues eso. Confiemos en que la convivencia se abra paso en España de la mano de la cordura y de la sensatez y que quienes gritan que aman a España, lo demuestren con hechos, haciendo el bien, respetando a los demás y construyendo país.
Rafael Fraguas
Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.