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Vagos por vocación


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

La inmensa mayoría de quienes se dedican a la política son gente comprometida y entregada, que trabajan en ocasiones más horas de las que tiene el día. Sin embargo de la misma manera que resulta injusto la generalización a partir de un caso negativo, es igualmente inaceptable, negar que hay algunos ejemplares que no merecen la representación que ostentan y que no son leales con el pueblo que les voto en las urnas.

Decía el escritor y humorista español Jaume Perich, más popularmente conocido por el Perich, que “Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco” Y créanme haberlos haylos, que son “vagos por vocación”

En un mundo competitivo y dominado por las leyes del mercado, en el que imperan las redes sociales para comunicarnos y transmitir lo que nos ocurre en cada momento, sin espacio ni tiempo para la aparente estéril contemplación, y mucho menos para la reflexión y el análisis.

Con estas coordenadas de nuestros tiempos parecería que no hubiera lugar para esos seres, cuyo permanente y máximo objetivo es no dar un golpe ni en una pelea, sin embargo créanme cada vez son más y más especializados, aquellos que se acercan a la vida pública para resolver la propia y cuidar de sus intereses.

Además de holgazanes, tienen un morro que se lo pisan, y durante el día hacen como que estudian, buscan trabajo u ocupan el tiempo con lo más increíble, como meditar sobre las posibilidades creativas de la cría recurrente del cangrejo del río, que al parecer tiene un gran futuro en Islandia, pero es de oca utilidad para resolver los problemas de nuestra vida cotidiana.

Son zánganos en el sentido más innoble de la palabra, pero no pierden un segundo que no estén pendientes de si mismos, del culto a su cuerpo y a su espíritu. Y Es que hay que reconocerles, que no es tarea fácil ocupar horas y horas, sin hacer nada de provecho, lo que es un oficio muy duro.

En la mayoría de los casos su escenografía tiene la apoyatura de un lenguaje vacío y ridículo que no cesa de ser un incontinente verbal para de principio al final no decir nada, presumir de un vestuario aparentemente cutre y sucio pero que encierra toda las etiquetas de las marcas de moda, pero que vale un pastón..

La actualidad, les brinda artefactos que nos sirven para comunicarnos y tener siempre el mundo a mano, como son los móviles o las tabletas, los portátiles o los relojes digitales, y que a la vez nos sitúa como los más aislados en medio del planeta.

Hay diferentes clases de gandules que engrosan las distintas estadísticas, y siempre están dispuestos a responder todas encuestas, empleando el tiempo que haga falta, aunque sepan que no valen absolutamente para nada y sus resultados no sirvan para mejorar las cosas.

Estos sujetos son entidades andantes de producción de gasto, con olfato de cazador en busca de la victima propiciatoria, dispuestos a anotarse los méritos de los otros o a contribuir a la causa revolucionaria de como vivir a costa de los demás, son los llamados aprovechados.

También se caracterizan por ser doctores de la indefinición que dominan como nadie la técnica del halago y la estrategia de la necesidad del otro. Jamás hacen movimientos innecesarios, ya que les agota el solo pensarlo, y prefieren acogerse a la ley del del mínimo esfuerzo, y se dicen y defienden con denuedo, mejor sentados que de pie, mejor acostados que sentados.

Los hay en la vida política, que son flojos para ponerse de acuerdo, tal vez porque eso significa mucho diálogo, mucha cintura y tener aguante político y en definitiva mucho esfuerzo, Y a la hora de la iniciativa y la invención, siempre hay un mal propio o de un familiar cercano, algo que ha dicho el otro que no nos ha gustado o que nos ha impedido realizar la tarea que el momento exigía.

Asomarnos a los medios de comunicación es comprobar con casos concretos y ejemplos vividos, la pereza de algunos de nuestros representantes para trabajar por lo que nos afecta e importa o para informarnos sobre lo que ellos y ellas hacen.

Se olvidan con frecuencia que somos el pueblo soberano sus patronos, y exigimos que nuestros representantes no sean unos parados de lujo, ni poetas de quintaesencia de la nada, que en el colmo de su irresponsabilidad y su necesidad de incendiarlo todo, evitan incluso emplear la palabra trabajar porque la consideran vulgar y perjudicial para su salud.

Aún cuando vivimos únicamente el presente, para estos integrantes de la fauna humana, su filosofía es una permanente excusa para estar en la continúa promesa de que nunca ha llegado su momento y por tanto no se debe actuar.

Renuncian a los objetivos antes de comenzar cualquier tarea y no relevantes en nada por su desgana o estar permanentemente entre tumbas y trincheras sin aportar nada ni construir en positivo, sin adaptarse a los cambios porque eso es demasiado esfuerzo.

Son catedráticos de la charla y expertos en el buen beber y mejor yantar, aunque poseen un escaso atractivo en fabricar leyendas y cuentos, y se suelen quedar solos porque nadie quiere estar con ellos, ya que no hacen ni el más mínimo esfuerzo por los demás.

No son capaces de cautivar al más crédulo, ni de transportarles de la más dura y penosa realidad al mejor de los mundos, ya que no son currantes de la cotidianidad sino héroes del humo que nos narran la misión más imposibles en las circunstancias adversas.

Tampoco mantienen la tensión de ser nosotros mismos y no convencen a nadie, de la deliciosa fantasía que nunca podrían realizar porque el esfuerzo es un pecado que jamás cometerían y entonces se aprovechan del trabajo de otros para brillar con una luz que no le es propia.

Están al loro de lo que no han hecho y del último estreno al que no han asistido, la última película que no han visto y el libro que acaba de ser publicado pero que no han leído. Es como otros muchos que conocemos y que son difíciles de soportar, porque hacen de todo este culto a la pereza una ocupación, y en ocasiones hasta un castigo, incluso una tortura al prójimo.

Su enorme grandeza y a la vez su gran tragedia, es que no tienen nada que hacer, y de esto hacen una especie de actividad entre lúdica y deportiva, son el mejor sentido de la palabra, vagos, indolentes y holgazanes. Cualquier día se enfrentarán a la realidad con un reto en el que tendrán poner en marcha grandes dosis de creatividad para llenar veinticuatro horas como protagonistas de una película en la que casi todo es prestado.

Dan pena, porque terminan quedándose solos, y no sonríen por la cantidad de músculos que hay que mover. No son difíciles de que cambien sus hábitos, pero tampoco hemos de estimularlos en sus rutinas ni convertirse en influencers de lo bien que se vive sin tener nada que hacer y a costa de los demás.

El pasado fin de semana, Sevilla fue el lugar escogido para para la celebración del XX Congreso del PP, y ha hablado todo el que tenia que hacerlo y más, pero, hemos notado una cierta vagancia en el lenguaje porque como dice el escritor Juan José Millás “no han dicho nada “ salvo expresiones manidas y comunes como “carnés de patriotas” “lo importante ahora es seguir juntos” o el “salimos a ganar, no a esperar a que los partidos del Gobierno pierdan”

Esperemos que la reunión que va a mantener Feijóo con el presidente Sánchez sirva para alcanzar acuerdos de Estado que beneficien a todos los españoles y españolas, que no se quede en pura retorica y en palabras vanas, que hay que trabajar dialogando, y superar a los vagos por vocación, que solo sirven para mantener y alimentar los conflictos, y que otros aires en la derecha de nuestro País sea posible.

Ser vagos por vocación y devoción es el arte de estos pícaros que nos encontramos en todos los partidos y sectores profesionales, que no les gusta mirar para atrás porque huyen del pasado, pero que carecen de futuro, porque ese les supondría tener que aplicarse y poner en ejercicio lo que para ellos y ellas es la palabra maldita, TRABAJAR.

 


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