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Singularidades de Vox que comienzan a ser vox populi


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Dar voz a los desencantados con Vox resulta muy instructivo. Es lo que ha hecho el periodista Gonzo en Salvados. Cargos de cierto relieve, como quien fue primer vicepresidente relatan su experiencia personal con un proyecto que logró ilusionarles al principio por diversas razones. Las cuatro personas entrevistadas van desgranando idéntico desencanto en sus respectivos relatos y la coincidencia de su tremenda decepción es impactante.

Al principio el ambiente no podía ser más cordial e incluso se mantenían relaciones amistosas con los máximos dirigentes. Después las cosas fueron cambiando gradualmente hasta sentirse instrumentalizados cual marionetas que no podían cuestionar las directrices impartidas por el núcleo duro. Algunas afiliaciones respondieron al crédito inspirado por fundadores que no tardaron en abandonar el barco.

La cuestión económica parece capital. Pese a lo anunciado en los estatutos nunca se rindieron cuentas y la figura del gestor financiero externo sigue sin crearse. Las cuotas de los afiliados y las donaciones de sus mecenas acaban en la misma cuenta del partido administrada por su cúpula. También se impartían instrucciones para transferir a esa hucha asignaciones recibidas por algunas concejalías municipales.

Según esta crónicas Vox parece responder a un modelo empresarial. Se describe a un líder muy pragmático y falto de convicciones que azuza los ánimos para engrasar su maquinaria electoral. Consigue cautivar a su auditorio con discursos emocionales que siembran la discordia y hace olvidar los problemas cotidianos para limitarse a maldecir al chivo expiatorio de turno. El caso es semejante populismo demagógico funciona, como cabe apreciar en los lugares más variopintos del globo.

Este discurso del odio alimenta el auge de movimientos que se definen como neofascistas, relativizando lo que la ideología original comportó hace un siglo. Se reclaman víctimas de un sistema caracterizado como progresista, donde caben múltiples etiquetas denigratorias, cual sería el caso entre muchas otras de feminazis, filoetarras o comunistas bolivarianos. Un apresurado revisionismo histórico rescata las presuntas bondades del Führer, el Duce o incluso el Caudillo, aunque Putin prefiera venerar a Stalin como defensor de la patria rusa.

El caso es que sus escaños permiten a formaciones conservadoras formar gobiernos hipotecados por ciertas consignas publicitarias de Vox y esto puede acabar teniendo un coste muy alto para toda la población. La marcha de líderes tan punteros como Macarena Olona y Ortega Schmit indican que las guerras internas ya salpican incluso a quienes ocupan el búnker interno del partido. Pero las voces discrepantes que, sin renunciar a sus preferencias políticas, denuncian una dinámica interna sumamente autoritaria revelan un problema mucho más grave.

Las alternativas presentadas para que no hubiese una candidatura única parecen haber podido verse silenciadas y hay sospechas indemostrables de un hipotético puchero al recontar los respectivos avales. El no levantar actas de los acuerdos resulta útil para impedir que se recuerden promesas incumplidas. Abascal no sometió a votación su indiscutible liderazgo quizá porque no debía tenerlas todas consigo. Lo único que necesita son enemigos. Le da igual que sea el independentismo catalán, los inmigrantes pobretones o la socialdemocracia.

El mecanismo está inventado desde hace mucho tiempo. Este discurso del odio no admite pactos ni diálogo alguno. Se trata de imponer su ms eslóganes rentabilizando el malestar social y la crisis económica. El éxito está garantizado. No se trata de buscar soluciones a los problemas de la ciudadanía, sino de sembrar la cizaña para mantenerse a flote y vivir tan ricamente del cuento. Se ha normalizado su existencia y seguirá dando muchos quebraderos de cabeza, también a quienes los necesitan para recuperar un poder que consideran suyo.

En definitiva Vox parece hacer honor a su nombre latino, nominativo singular, aunque se diría que no le gusta el plural voces, incompatible con un liderazgo carismático y el culto a la personalidad que conlleva este. La opacidad en sus cuentas y el desprecio a la democracia interna dentro del partido siempre han estado bajo sospecha, pero ahora van siendo vox populi. Aunque por supuesto lo considerara una confabulación judeomasónica, perdón quería decir comunistofeminazindepen, para desacreditar a quienes presumen de patriotismo sin practicarlo en absoluto, por su radical despreció a buena parte de sus compatriotas. No dejarán de fanatizar aún más a sus huestes con esta cantinela.

 

Profesor de Investigación en el IFS- CSIC (GI TcP) e Historiador de las ideas Morales y Políticas. INconRES (PID2020-117219GB-I00) / RESPONTRUST (SGL2104001) / ON-TRUST CM (2019HUM5699) y PRECARITYLAB (PID2019-105803GB-I0)


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