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Un libro de G. León Cáceres y el recuerdo de un pensador integro y socrático


(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

El pasado 28 de octubre, en el espacio Ramón Rubial de la sede de Ferraz, tuvo lugar un homenaje que resultó no poco ideológico, con su punto de añoranza y un recuerdo emocionado a la figura de Luis Gómez Llorente, que nos dejó hace ahora diez años.

El libro, que lleva por título Peleando a la contra, tiene un innegable valor. Es un documento historiográfico, atractivo, bien estructurado y articulado sobre la historia de Izquierda Socialista en el interior del Psoe y, al mismo tiempo, la historia del Partido Socialista y de las circunstancias que fueron desarrollándose en ese periodo, que comprende desde la Transición hasta finales del pasado siglo.

Es un libro, que con seguridad, van a consultar los historiadores y es más, mucho más que un análisis coyuntural, al cumplirse cuarenta años del triunfo del Psoe, el 28-O. En modo alguno incurre en lo hagiográfico sino que, desde una óptica rigurosa y crítica, va analizando los hechos y documentando el papel y la función que la corriente I.S. realizó, manteniendo las señas de identidad del socialismo transformador y permitiendo con su lucha y su acción política que en un partido de amplio espectro como el Psoe, los votantes más a la izquierda, siguieran confiando en el proyecto.

No fueron años fáciles. Estuvieron jalonados de acontecimientos, que es conveniente y oportuno, analizar con detenimiento y observar con perspectiva como el Referéndum sobre la OTAN o el enfrentamiento con el sindicato UGT puso, abiertamente en entredicho ‘la teoría de las dos ruedas’, que desde los tiempos de Pablo Iglesias venía caracterizando la acción conjunta y las relaciones estratégicas del Partido con el Sindicato hermano.

Peleando a la contra es un libro concienzudamente elaborado y con una voluntad indudable de permanencia. Ha habido y hay análisis detenidos y solventes, pero abundan mucho más los frívolos y hasta oportunistas. El texto de Guillermo León Cáceres, con un excelente prólogo de Abdón Mateos, tiene la virtud de radiografiar y de mostrar al Psoe desde dentro, con sus desgarramientos, sus fisuras, sus aciertos y sus errores. Por eso, tiene algo de intrahistórico y es imprescindible, para conocer y apreciar lo que ocurrió, desde un punto de vista poco explorado, por no decir directamente inexplorado. De ahí, que cuando haya transcurrido un tiempo y cuando el viento otoñal se haya llevado las hojas volanderas, quienes deseen conocer este periodo harán bien en tener a mano Peleando a la contra.

Puede que me equivoque, mas soy de la opinión de que no puede apreciarse ni valorarse, en su justa medida lo que ocurrió esos años, sin apreciar la contribución de la corriente I.S. manteniendo las posiciones ideológicas, defendiendo la democracia interna y señalando lo que la acumulación del poder, en una sola persona, tenía de antidemocrático.

Pensemos que eran años en que I.S. fundada por Luis Gómez Llorente, era quien únicamente defendía la democracia interna en el seno del Partido, recordando insistentemente, que históricamente el Psoe había venido funcionando de ‘abajo a arriba’, con una estructura inequívocamente democrática.

A varias generaciones esto les queda un poco lejos, mas hubo momentos tras la vuelta triunfal de Felipe González, después de su dimisión en el XXVIII Congreso, en que el cabeza de delegación levantaba la tarjeta, por ejemplo, por toda la comunidad andaluza y el voto por delegado era una conquista que solo se conseguiría tras años de esfuerzo y, por qué no decirlo, de incomprensión.

El 5 de octubre de 2012 murió Luis Gómez Llorente. Dice la tradición socialista que ‘los socialistas no mueren, se siembran’. Desde luego, el legado de Luis sigue estando presente, continúa entre nosotros.

Fue un ideólogo y un maestro. A la hora de recordarlo yo destaco, por encima de otras muchas cualidades, que representaba el valor de la ética en la praxis socialista.

Creía, como pocos líderes e ideólogos, en el valor del diálogo y en el diálogo como valor. Tenía mucho de socrático. Cuando se encontraba a gusto, entre amigos y compañeros, gustaba de lanzar una pregunta al aire e iniciar así un debate inteligente y bien sazonado, donde entre el humo de su pipa, las ideas se iban decantando y él las iba modulando y aderezando hasta llevarlas al punto deseado, tras someterlas a revisión y crítica y contemplar las objeciones posibles y las distintas perspectivas, desde las que podía enfocarse.

Quiero, en estas reflexiones aludir a su pablismo, más sobre todo, a los planteamientos que me hicieron mella y que no he olvidado, como que en la acción política, para no extraviarnos, es preciso tener clara la distinción entre fines y medios. Si los medios no son concordantes con los fines… cuando creemos estar avanzando, en realidad estamos alejándonos de los objetivos a los que aspiramos.

Fue un pensador radicalmente demócrata. Esta coherencia le llevó, en no pocas ocasiones, a adoptar decisiones que fueron mal comprendidas o directamente incomprendidas.

Se opuso a todas las tentaciones ‘dirigistas’ que cuestionaban la democracia interna, aunque la defendieran de ‘boquilla’.

Estaba firmemente convencido de las ventajas de un ‘gradualismo transformador’. Los atajos no eran buenos, había que luchar por las libertades y los derechos, mas una vez conquistados ‘blindarlos y defenderlos’ para que no hubiera marcha atrás. Había que ir paso a paso, mas caminando en la dirección adecuada.

Sentía veneración y pasión por el pensamiento de Rosa Luxemburg. Le agradaba rememorar sus puntos de vista, su coherencia y sus ideas democráticas que le hicieron chocar con el centralismo leninista. Publicó en Cuadernos para el Diálogo ‘Rosa Luxemburg y la social democracia alemana’. Debe ser releído, con toda atención, pues las ideas que sostiene en sus páginas, estuvieron muy presentes en su práctica política.

Fue un marxista convencido y convincente. Practicaba lo que hoy denominaríamos ‘un marxismo heterodoxo’, que había dejado atrás diversos dogmas positivistas y que recuperaba el mejor enfoque materialista dialéctico.

Ejercía un magisterio a la vez serio y sereno. Era un pensador que, constantemente confrontaba con la realidad dialécticamente y que procuraba extraer de los hechos nuevos puntos de vista, nueva ‘savia’ para analizar, con rigor, los hechos y prever sus consecuencias.

Tal vez, por eso, realizó una labor sencillamente encomiable en la FETE (Federación de Trabajadores de la Enseñanza), en el Colegio de Doctores y Licenciados y en los comentarios que realizaba al artículo 27 de la Constitución, a la LODE y a las posteriores leyes educativas que fueron promulgándose.

Era tolerante, mas como el junco podía doblarse pero jamás quebrarse. Valoraba en lo que valía la Constitución republicana del 31, era profundamente laico. Consideraba que había que separar drásticamente, el Estado de cualquier confesión religiosa. El peso de la Iglesia Católica era tal que si no se acotaba su poder podía limitar, seriamente, el alcance de una educación pública que formara ciudadanos. Precisamente eso, formar ciudadanos y ciudadanas demócratas y críticos, era lo que le hacía diferenciar, con nitidez, escuela pública de escuela estatal. Teorizó sobre ello, junto a Victorino Mayoral, en un texto que no deberíamos olvidar.

Para él era primordial el binomio libertad-igualdad. Veníamos de una dictadura y había que recuperar las libertades, mas no olvidaba nunca, lo he acompañado docenas de veces en charlas y debates en el seno del Psoe, en la UGT, en asociaciones de vecinos, en casas de la cultura, en centros cívicos y en cuantos foros era requerido, donde defendía con calor y pasión que la libertad sin igualdad es notoriamente insuficiente y que los socialistas hemos de hacer especial énfasis en la igualdad para progresar hacia la justicia social y hacia la profundización democrática. La libertad sin igualdad es un espejismo reaccionario que defienden quienes pretenden, a toda costa, conservar sin modificaciones el ‘statu quo’ existente.

Obvio es decir que creía y practicaba ‘los valores republicanos’. Que son nada más y nada menos, que los que hacen demócratas y los que empujan, alegremente, a creer, apreciar las ventajas y utilizar el sentido crítico para no dejarnos manipular.

Aprendí de él muchas ideas y valores. Hace tiempo que no se oye hablar de democracia económica. A Luis le gustaba mencionarla en sus intervenciones. Para él había que profundizar en la democracia política, más también, en la económica y en la cultural. Si se hubiera hecho más caso a sus predicciones, estaríamos mejor pertrechados para las diversas ‘guerras y luchas culturales’ en que nos hallamos inmersos y, también, contra los revisionismos interesados, las fake news (que no siempre se han llamado así, pero que han existido siempre), las manipulaciones y tergiversaciones.

Llevaba a cabo una incansable labor pedagógica, lo hacía sin alharacas y con una austeridad formidable. Era un defensor incansable de los principios democráticos. Alguna que otra vez, repetía con sorna, que sin partidos políticos no hay democracia… dejaba pasar unos segundos, mientras la pipa exhalaba humo y, añadía: una tarea hoy urgente, es llevar la democracia a los partidos políticos. Obviamente, esta reflexión es tan actual que recordarlo emociona.

No es cuestión de hacer más extensa y prolija este conjunto de ideas cuya sola enumeración, hacen de él un líder político, un teórico y un pensador que no pertenece, solo al pasado, sino del que tenemos mucho que aprender en este presente lleno de incertidumbres.

Solo dos apuntes más. Su preocupación por las múltiples alienaciones que padecemos, que nos escinden y nos hacen muchas veces, presas fáciles de Centros de Poder que ocultan su rostro, a los que nadie ha votado pero que tienen más fuerza y capacidad de decisión que muchos gobiernos y su convencimiento de que la pasividad y el desinterés hacia la política tiende a debilitar las democracias y a que nazcan o reaparezcan peligrosas ideas totalitarias que ingenuamente creíamos haber desterrado.

 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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