El Edicto de Nantes puede ser considerado, en principio, como un hecho capital en la historia de la tolerancia religiosa en Europa. Frente a la intolerancia que la Contrarreforma impulsó, la situación de Francia, restaurado el orden con la entronización de Enrique IV, el primer rey Borbón, obligó a adoptar una postura distinta, aunque fuera contra la corriente de unos y otros en Europa. Es cierto que fue un hecho muy aislado, solamente parecido a la Carta de Majestad en Bohemia, porque muy pronto la Guerra de los Treinta Años en Europa, además de sus evidentes causas políticas, demostraría la agudización de las tensiones religiosas, pero debe insistirse que intentó poner fin a unos duros enfrentamientos entre católicos y hugonotes durante la segunda mitad del siglo XVI –las guerras de religión- que provocaron terribles derramamientos de sangre.