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Eruditos y humanistas, un puente entre constantinopla y los estados italianos en el Pre-renacimiento y Renacimiento

Si yo fuera escultor,

con tu tierra y tu piedra, te haría un monumento,

con tú barro y tú roca sobre el más alto alcor.

Y en él anidarían los pájaros y el viento.

Gerardo Diego

Se dice y con razón que Florencia es el Renacimiento. Si se quiere tener una noción, que no sea superficial de este periodo vitalista y creativo, hay que rastrear las influencias culturales que favorecieron el conocimiento de manuscritos de filósofos, historiadores y literatos en Occidente procedentes de Constantinopla.

Antes de que los turcos selyúcidas tomaran al asalto la capital del Imperio Bizantino, comenzó una larga peregrinación de intelectuales, profesores, traductores… hacia Italia, fundamentalmente hacia Florencia.

Se veía venir, tras un largo declive, que el derrumbamiento se aproximaba. Conviene no obstante, apreciar en su justa medida, el papel cultural que jugó Constantinopla en la historia de Occidente. Nos limitaremos a guardar celosamente en la memoria algunos detalles significativos.

Una fórmula cubista ampliamente citada, en el periodo de entreguerras apostillaba… “debemos hallar el orden en el desorden”. Justamente eso es lo que voy a proponer en las siguientes páginas.

No pocas son, a este respecto, las incertidumbres en torno al alcance de esta crisis, que si bien fue política y económica, tuvo consecuencias culturales indiscutibles.

A veces las ideas hay que metabolizarlas. Tener una visión cortoplacista no ayuda en nada a comprender cualquier momento histórico. No es menos cierto, que ese afán de huída iba acompañado de cambios sociales innegables en el mosaico de pequeños Estados que convivían en suelo Italiano.

Se iba abriendo paso un deseo generalizado de dejar atrás, con sus secuelas de oscurantismo el periodo feudal. La historia, a mi juicio, no debe limitarse a narrar hechos ni a centrar su atención en el devenir político, ni siquiera, en los cambios sociales que van teniendo lugar a través del tiempo.

Quizás, por eso, me impactó la lectura de La cultura del Renacimiento en Italia, (1860) de Jacob Burckhardt (contamos en castellano con una magnífica traducción de Akal). Llama la atención, poderosamente, el método que sigue este pensador suizo, que pretende nada menos, que poner ante los ojos del lector una historia de la cultura. Se le ha considerado un historiador heterodoxo pero eso no resta un ápice de interés, ni de originalidad a sus planteamientos.

Su método puede ser discutible pero es, ante todo, atractivo y desde luego más eficaz que un historicismo de cortos vuelos. A menudo, las perspectivas comparativas a las que recurre son brillantes y suponen una visión nueva y un itinerario inexplorado o poco transitado.

En este breve ensayo no puedo detenerme mucho tiempo en Jacob Burckhardt. Baste indicar, sin embargo, que el mexicano Alfonso Reyes lo considera un autor muy sugestivo, así como su amistad y correspondencia con Friedrich Nietzsche, con quien coincidió en Basilea, para mostrarnos distintas facetas tan poco citadas como sugerentes.

Para él la historia es básicamente una interpretación de los hechos del pasado. Podría hablarse de una especie de “historicismo estético”.

Creo que no sería justo pasar por alto o no conceder la importancia que tuvieron las Universidades en este periodo; quizás una de las características de mayor envergadura del primer Renacimiento sea su pasión y su interés por el mundo greco-latino en todos los órdenes, junto a una nueva forma de contemplar y valorar la naturaleza y el arte.

Es comúnmente aceptado que en este periodo las Universidades y Escuelas jugaron un papel decisivo. Por sus aulas desfilaron un elenco de humanistas, filólogos e intelectuales que ayudaron y, mucho, a redescubrir textos y autores “olvidados” del pasado.

A esto, hay que añadir los manuscritos, los legajos, los modelos estéticos y el pensamiento de los filósofos y literatos, fundamentalmente, griegos, que traían consigo los que huían de Bizancio y los que visitaban Constantinopla, un foco cultural de primer orden durante varias décadas.

Hay que señalar que las Universidades se disputaban a los profesores más conocidos y brillantes retribuyéndolos con largueza. Algunos de estos pasaban de unas a otras. Se daba una situación relativamente similar a la de la Grecia de los sofistas, ya que existieron una serie de profesores y eruditos ambulantes que iban ilustrando, con sus conocimientos a los núcleos más activos de las ciudades y ayudando con su labor docente a que “despertasen del letargo secular” en que estaban sumidos.

¿Qué se estudiaba en ellas? Derecho Canónico, Derecho Civil y Medicina, en un principio. Es de destacar la recuperación del Derecho Civil, que había sufrido una marginación ostensible en el Medievo. No tardaron en incorporarse a estos estudios los de Retórica, que eran los preferidos por los filólogos y los de Filosofía.

Entre las Universidades más emblemáticas por unos u otros conceptos señalaremos Bolonia, Florencia, Verona o Padua… pero podemos hablar de muchas más, por ejemplo, la Sapienza romana. Lo cierto es que con la presencia y sabiduría de estos docentes itinerantes, iban adquiriendo importancia y vigor, especialmente en los siglos XIII y XIV. La permanencia de estos “sabios” a los que su fama acompañaba, de ciudad en ciudad, no solía ser muy prolongada. A veces, la estancia no excedía los seis meses aunque, también, empezaban a ganar terreno las Cátedras vitalicias.

Los humanistas durante un tiempo estuvieron especialmente vinculados a las Cátedras de Retórica. La atmósfera cultural se iba haciendo progresivamente más apetecible y rigurosa.

A diferencia de épocas anteriores, controladas férreamente por la Iglesia, ahora era posible el intercambio de ideas, el aprendizaje del Latín y del Griego clásico y… el acceso directo a los textos escritos en estas lenguas.

Me parece indispensable citar y decir algo de algunos nombres como Guarino Veronese, Francesco Filelfo, Leonardo Aretino o Silvio Eneas aunque, naturalmente, esta enumeración sea incompleta y podría verse ampliada de forma notable.

No debe pasarse por alto, que aunque en unos Estados este fenómeno se manifiesta antes que en otros, en líneas generales, asistimos a un proceso en el que la burguesía se aristocratiza, alcanza el poder y lo mantiene durante un prolongado periodo. Es un tiempo de transición, donde todavía conviven las estructuras medievales con los primeros rasgos de una economía pre-capitalista. Las viejas concepciones del mundo agonizan pero no acaban de fenecer y las nuevas apenas, comienzan a implantarse. El caso de Florencia es emblemático… pero ni mucho menos único.

Los descendientes de los mercaderes en el poder, en general, tienen una disposición al mecenazgo y a la protección del arte y del pensamiento.

Decir algo de algunas de estas figuras, que normalmente no aparecen ni en los tratados, ni en los libros de historia, ni siquiera en letra pequeña supone, nada menos, que explorar con un mínimo de rigor y bucear en las características sociales y culturales de este periodo.

Es asimismo destacable, la función y el papel que jugaron eruditos bizantinos como Crisoloras, cuya influencia fue decisiva, por lo que respecta a Guarino Veronese y otros. Se desplazó a Florencia y contribuyó a divulgar conocimientos que en la Toscana estaban deseosos de recibir.

En primer lugar dedicaré un poco de atención a Guarino Veronese. Obtuvo brillantes resultados en su aprendizaje de los clásicos latinos… y de estos pasó a los griegos. Dado que esta lengua carecía de cualificados preceptores en suelo toscano, buscó una oportunidad para desplazarse a Constantinopla. A su vuelta lo acompañaban Códices de Aristófanes, Plutarco, Luciano de Somosata…

Francesco Filelfo, por su parte, fue un humanista tan valorado en su época como olvidado después. Destacó en Gramática, Latín y Retórica en la Universidad de Padua. Pronto le acompañó una fama de sabio y erudito. Nombrado Catedrático de Oratoria y Filosofía Moral en Venecia, donde durante años contribuyó a dar a conocer y estudiar a Cicerón y Virgilio como autores destacados. Al igual que otros intelectuales y profesores peregrinó por distintas ciudades, Venecia, Milán, Florencia…

Se cuenta una anécdota ciertamente curiosa. Durante su estancia en Florencia, los domingos daba interesantísimas charlas y lecciones sobre Dante Alighieri en la Iglesia de Santa María del Fiore. No acaban ahí sus habilidades. Tradujo entre otros, a Aristóteles, Jenofonte, Plutarco…

Ha llegado el momento de exponer, someramente, algunos datos de ese gran humanista, historiador y político que fue Leonardo Aretino. Escribió las biografías de Dante y de Petrarca en 1434. Dotado de una enorme perseverancia, quiso que se tradujeran directamente, desde el griego, obras de Platón y Aristóteles, ya que hasta ese momento, sólo existían traducciones latinas plagadas de errores.

La Florencia del Cuattrocento tiene en él uno de los personajes intelectualmente más interesantes. Coadyuvó mediante su influencia, a que se implantaran libertades cívicas que contribuyeron a mantener en el poder a los descendientes de viejos mercaderes enriquecidos. Está enterrado en la Iglesia de la Santa Croce, verdadero panteón de ciudadanos ilustres florentinos.

Quizás habría que añadir a este elenco a Silvio Eneas, humanista y protector de las artes y las letras. No me resisto a citar un detalle curioso. Fue Papa, adoptando el nombre de Pio II y es, probablemente, el único Sumo Pontífice que ha escrito su autobiografía.

El espacio de este pequeño ensayo es por fuerza limitado. De ahí, que no me sea posible abordar, ni si quiera someramente, la relación entre humanistas y príncipes de la que surgió todo un género dedicado a como debía ser la educación de los futuros gobernantes.

Es hora de poner punto final a estas reflexiones, no sin antes añadir que para mí, uno de los mayores aciertos del Catedrático de Arte de la Universidad de Basilea, es decir, Jacob Burckhardt fue el de sostener, contra viento y marea, que las obras de arte han de ser interpretadas como un modo de expresión sumamente valioso de una sociedad y de su cultura.

Han quedado muchas cosas sin decir y muchos temas sugerentes por explorar… por eso, tal vez, más temprano que tarde, sea adecuado complementarlo con otro en el que se aborden esos aspectos ahora post-puestos.

El Renacimiento, especialmente en sus albores, es inseparable de esos eruditos e intelectuales que partiendo de Constantinopla llevaron a los Estados Italianos en su equipaje legajos y manuscritos que contenían las palabras e ideas de los más destacados representantes del pensamiento griego. Sirvieron para alimentar los sueños de la élites por conocer la antigüedad y por vivir y pensar de otra manera.

Tampoco debemos ignorar la labor divulgativa que los profesores y eruditos llenos de las nuevas ideas, realizaron en Universidades y Escuelas inaugurando un nuevo concepto del hombre, de la naturaleza y del arte.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.