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El enigma de Diotima

¡El cuento del mundo muere al morir el Contador!

Gabriela Mistral

Los textos de los clásicos greco-latinos están llenos de sorpresas e incógnitas. Algunas de ellas permanecen sin resolver siglos y otras, lo más probable es que no se resuelvan nunca. Esas páginas de historiadores, dramaturgos o filósofos nos siguen conmoviendo por su exactitud, por su belleza… y, por todo lo que han ayudado a comprender el cosmos, el hombre, la libertad, el heroísmo o el pensamiento racional y crítico. La palabra bien dicha tiene su propio ritual.

Cuando comencé a estudiar filosofía y cayeron en mis manos los primeros textos de Platón, me entusiasmó su belleza. Más tarde, comprendí que la filosofía es necesario que tenga su punto de aridez… pero me siguen entusiasmando los creadores y pensadores capaces de exponer y sugerir con la palabra emociones y sentimientos profundos.

Cuando descubrí El Banquete –me gusta más Simposio- me dio alas. Hizo que mi imaginación volara. Es un Diálogo atípico. Se reúnen en una velada distintos comensales a pronunciar cada uno un discurso sobre Eros. Uno tras otro, van desgranando sus intervenciones que son brillantes, complementarias y corales. No compiten. Ninguno intenta quedar por encima de los demás. Cada uno, con sus vocablos cargados de sabiduría, con sus intuiciones y dotes descriptivas va completando un conjunto de visiones hasta ofrecer un sugestivo mosaico. ¡Qué buenos arqueros dialécticos! Disparan, en lugar de dardos, pensamientos que dan en el blanco, convertidos en palabras y belleza.

Los comensales, como era habitual en la Atenas del Siglo de Pericles, eran varones… En este caso hay una excepción, Diotima. Aquí surge el primero de los enigmas que contiene El Simposio ¿existió realmente?

Si se trata de un personaje real o ficticio creo que en el fondo carece de importancia. Esta profetisa, iluminada o mujer sabia experta en vaticinios realiza su intervención sobre el “amor platónico” y, desde mi punto de vista, es una de las intervenciones más brillantes, por no decir la más lograda del Diálogo.

En la mitología, el teatro, la historia y el pensamiento griego encontramos mujeres admirables que han acabado por convertirse en símbolos que atraviesan el tiempo y llegan hasta nosotros con toda su fuerza, dolor, desvalimiento o heroísmo. ¡Son tan actuales! Pensemos en Ifigenia, Electra, Antígona o Casandra. En otro sentido Diotima, la extranjera de Mantinea, no es menos fascinante.

Como en el resto de los Diálogos platónicos, Sócrates tiene el papel más activo, e incluso podríamos decir que actúa como moderador y conductor. El tema sobre el cada uno ha de ofrecer su punto de vista, no es otro que el significado del amor. El Simposio estructuralmente no es sino una serie concatenada de puntos de vista sobre este escurridizo semi-dios.

Tanto si existió como si no, Diotima actúa como una mujer sabia y entrada en años, que probablemente fue sacerdotisa o vidente, acumula una gran experiencia y posee una palabra certera y vivaz. Otro dato que nos la presenta como una contemporánea nuestra es que, al parecer, contribuyó a librar Atenas de la peste. Ayer, como hoy, deseamos vernos libres de las plagas que llenan de terror las ciudades y diezman las poblaciones.

Las palabras de Diotima son hermosas y lúcidas. ¡Qué efectos tan logrados consigue el “logos” cuando habla de los mitos! Para la extranjera de Mantinea el amor es hijo de la Circunstancia y la Necesidad. Supone un anhelo de inmortalidad… un reloj de arena que intenta detener el tiempo.

Al lado de la procreación espiritual, la física languidece y se difumina. El amor carnal, intenta alcanzar la inmortalidad persistiendo en el tiempo mediante la descendencia, el espiritual, por el contrario, alumbra ideas y pensamientos… ayudando a que el conocimiento ascienda hasta el vértice de la pirámide, la esfera celeste.

El conocimiento guía las aguas del río de la historia. Descendamos sobre una velada mágica en Atenas, cuando la tarde va cayendo entre la melancolía de los olivos… despertando, al mismo tiempo la inteligencia. La palabra es salutífera, alivia las heridas invisibles de la existencia.

¿Qué hace Diotima? nada menos que pintar el Amor “desde dentro” con palabras… mientras fuera, aparecen los primeros destellos de luz de las luciérnagas.

Pienso, a menudo, que el Siglo de Pericles cimentó y fue decisivo para la cultura occidental. Aunque a algunos parece no importarles. Somos hijos de ese legado. Las mejores iniciativas de Occidente, de ahí proceden y, no hacen más que adaptarse a cada época o periodo histórico.

Regresemos a Diotima, según se dice, sacerdotisa de Apolo y, por tanto, dotada del arte de la adivinación. Conocía bien todo lo concerniente a Eros, un semi-dios procedente de la tradición órfica.

¿Quién invitó a Diotima al Simposio? Sabemos que se celebró en casa de Agatón, un poeta trágico que acababa de ser laureado tras vencer en las Fiestas Leneas.

Una de las criaturas inmortales, salida de la pluma de Miguel de Cervantes es Dulcinea del Toboso. Dulcinea tiene vida propia, aunque en su nacimiento, algo tuviera que ver Aldonza Lorenzo. Hay quienes sostienen que la Diotima de El Banquete es Aspasia de Mileto… me temo que este misterio no se resuelva nunca, de la misma forma que cuando Sócrates expone sus teorías no sabemos, hasta que punto, está revelando Platón las suyas, por boca de su maestro más o menos crípticamente.

Lo que es sin duda cierto, es que Diotima se las ha arreglado perfectamente para, durante siglos… esquivar los dardos envenenados de los misóginos y de sus rancias concepciones patriarcales. Los manipuladores de la Historia no han logrado desacreditar sus palabras, su “pasión” por argumentar, ni sus sutilezas teóricas.

Su mente es creadora y no tiene miedo ni a la libertad ni a los juegos dialécticos. Su pensamiento es un muro tan sólido que no se puede echar abajo. Las suyas son palabras que iluminan el rostro de quien las escucha. Añadiré a esto que Diotima significa, alguien que es honrado por Zeus.

Los pensadores renacentistas son fascinantes. Marsilio Ficino, sin ir más lejos, un humanista del siglo XV, defiende con ardor que es una creación de Platón. Si no lo es merecía serlo, desde luego.

Para esta sacerdotisa platonizada, el uso más correcto y excelso del amor es dirigir la mente hacia la sabiduría… o la filosofía.

Todo El Simposio es un propósito, plenamente logrado, de llenar el tiempo con palabras. El semi-dios Eros está en todas partes… por eso, donde menos se espera brota y germina.

En cierta medida, Diotima invita a una vida con reflexión… quienes se reúnen en la velada saben que están asistiendo a una fiesta de la inteligencia.

El Simposio es ante todo un hechizo colectivo. Los invitados al banquete, pasan horas embriagados por la mano invisible de un espíritu inefable.

Estamos hablando de Diotima pero, en todos y cada uno de los discursos, hay momentos de una extraordinaria belleza, como cuando el comediógrafo Aristófanes nos habla del “Andrógino”, esos seres partidos por la mitad que buscan y anhelan encontrar lo que les falta para fundirse.

Con serenidad, sin aspavientos, sabiendo que están disfrutando de uno relatos entrelazados, capaces de despertar la inteligencia y que invitan a encontrar el vocablo perfecto, la expresión acertada para dar vida a su pensamiento va transcurriendo la velada, materializando los anhelos y, demostrando de paso, que una cultura oral puede encontrar su complemento en un texto escrito y destinado a ser valorado, cientos de años después.

El Banquete, en mi modesta opinión, es un vínculo entre lo utópico y lo gnoseológico. Un vuelo en el que las ideas encuentran la forma de expresarse con encendidas palabras.

El mito no deja de ser memoria. El pensamiento, al tratarlo con familiaridad lo humaniza y lo “desmitifica” e incluso lo convierte en cotidiano. El Simposio, en cierto modo, es un relato a varias voces, una intersubjetividad compartida, a través de un hilo argumental común que rebosa belleza y sutileza.

El nombre Diotima da título a composiciones musicales, incluso una de las protagonistas femeninas de El hombre sin atributos de Robert Musil, lleva este nombre. A veces, no se sabe bien porqué, hay cosas que se quedan en la memoria. Estos días estoy recordando, insistentemente, un poema corto de Boris Pasternak en el que su nombre aparece citado.

Regresemos un momento a Diotima antes de finalizar. La vidente, la adivina, tiene una visión plural y de múltiples perspectivas del semi-dios Amor. Junto a lo que hemos dicho es, también, un ser que duerme en los portales y es un contumaz maestro del engaño.

Podríamos seguir comentando otras intervenciones, por cierto, espléndidas de El Banquete, que a mi juicio, debería ser una lectura obligada para aproximarse a la filosofía griega.

Sólo me resta insistir en aquello que comentaba al principio del artículo, de todo texto griego clásico, ya sea una tragedia, un poema o un fragmento filosófico se pueden extraer múltiples enseñanzas que quizás pasen inadvertidas en una lectura apresurada.

Solamente los soberbios o quienes creen saberlo todo, piensan que las precisiones semánticas, léxicas, filológicas o filosóficas carecen de interés.

Muy al contrario, las dudas persisten e incluso persistirán… cuando nosotros nos hayamos ido.

Quizás ahí, radique una de las causas del imperecedero interés por el pensamiento y la cultura de los griegos.

Seguimos viviendo de su legado aunque algunos, todavía, no se hayan dado cuenta.