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Jean Andoche Junot (1771-1813). Inestable emocional, incompetente y conflictivo

Son los avatares del destino los

que se imponen a los hombres y no los

hombres a los avatares del destino.

Herodoto

Haríamos bien en tener presente que el destino como ‘el ser’ puede decirse de muchas maneras e incluso, con distintos nombres. Haríamos aún mejor en no olvidar las palabras del Oráculo de Delfos, aquello de conócete a ti mismo. Los hechos históricos son los que son… pero están sujetos a interpretaciones.

En todas las épocas ha existido abuso de poder, arbitrariedad, corrupción, injusticias y traiciones a la confianza depositada. Sin embargo, lo que ha permitido periodos de estabilidad, bienestar social, equilibrios y periodos de paz prolongados ha sido, desde luego, la forma de combatir estas lacras y el contar con el apoyo de amplios sectores de la ciudadanía.

Se atribuye a Marco Tulio Cicerón la expresión rotunda y apodíctica de que “La historia es maestra de la vida y testigo de los tiempos”, aunque esta idea, formulada con algunas variantes, ya aparece en historiadores griegos.

Lo que pretendo exponer en este breve ensayo, es que la soberbia, el nepotismo y el considerarse dueño absoluto de los destinos, así como la embriaguez de poder… han conducido a la ruina, a gobernantes poderosos… y no digamos, a aspirantes a serlo.

Napoleón Bonaparte es sabido que tuvo luces y sombras, éxitos y fracasos, grandes cualidades y defectos harto elocuentes. Estos últimos, actuaron como una auténtica carcoma que lo fueron precipitando a la ruina.

Cometió el grave error de querer ‘crear un imperio’ y de repartir ‘tronos y gobiernos’ entre sus familiares y allegados con la misma facilidad con que se reparten naipes sobre un tapete verde.

En un próximo ensayo me detendré, como prueba de todo esto, en el menor de la saga napoleónica, Jerónimo y el cúmulo de atropellos y arbitrariedades que cometió.

Napoleón Bonaparte, también incurrió en proverbiales meteduras de pata a la hora de reclutar a sus colaboradores y de otorgarles responsabilidades, ya fuesen estas de gobierno o militares.

 

Cualquier empresario con las finanzas bien saneadas y que disfrute de un merecido o inmerecido prestigio, puede permitirse el lujo de otorgar un puesto, por ejemplo, en un Consejo de Administración, a un hijo tarambana o a un sobrino inútil… pero a veces, el error se paga caro.

Si lo hiciéramos con detenimiento, podríamos extraer enseñanzas para aplicar al presente, tanto de ensayos históricos como de personajes que encarnan los vicios y la cara oscura de cualquier periodo.

No debemos renunciar a establecer un diálogo sereno y productivo entre las páginas de libros inteligentes y cualificados y nuestras mentes.

Hoy cuando parece que se le está ganando el pulso al Covid-19, al menos momentáneamente, y hemos iniciado lo que se ha dado en llamar la desescalada, me propongo hablar de Jean Andoche Junot, un desequilibrado, irascible e incompetente sujeto que gozo del favor y del apoyo de Napoleón Bonaparte y que convirtió, en un auténtico desastre, casi la totalidad de las ‘encomiendas y encargos’ de los que se ocupó de forma tan negligente e incluso absurda.

Por si esto fuera poco, era pendenciero, se vio envuelto en más de un apuro por un mal entendido sentido del honor. Asimismo, fue un jugador empedernido, un manirroto y sus gastos le granjearon no pocos problemas. Su temeridad era manifiesta hasta el punto de que se convirtió en amante de Carolina Bonaparte, hermana de su protector y esposa de Murat, persona de la máxima confianza de Napoleón, este lo desafió a dirimir sus diferencias en un duelo. No llegó a celebrarse por la intervención directa de Napoleón que no quiso que su familia se viera envuelta en otro escándalo.

En uno de sus momentos ascendentes y de aciertos, que también los tuvo. Junot fue nombrado Duque de Abrantes. Sin embargo, fue mucho más frecuente que hilvanara torpezas, incapacidad para tareas administrativas y falta de previsión en los cargos que fue ocupando.

Su ya debilitado equilibrio mental no hacía sino empeorar… más Napoleón en otro de sus errores, lo envía a la campaña de Rusia… que naturalmente resulta otro fiasco. El emperador harto de tantas irresponsabilidades y desaciertos lo reprende agriamente en público y lo confina en el domicilio familiar.

Haciendo gala, una vez más, de su inestabilidad mental, se arroja por un balcón y muere como consecuencia de las heridas sufridas, cuando contaba poco más de cuarenta años.

Llegados a este punto, debemos preguntarnos: ¿quién de los dos fue más irresponsable? Jean Andoche Junot, o Napoleón Bonaparte. El devenir de los hechos en cualquier coyuntura histórica pone, sobradamente, de manifiesto que cuando se tienen responsabilidades políticas o militares, los errores se pagan muy caros. En alguna medida, las arbitrariedades y notorios desaciertos de Junot deben hacerse extensivos a Napoleón, que quizás fuese el máximo responsable.

Cuando Junot recibió el encargo de dirigir el ejército napoleónico en la denominada Campaña Portuguesa, fue derrotado y casi borrado del mapa por Arthur Wellesley, Duque de Wellington, brillante estratega y hábil político. Como consecuencia se vio obligado a firmar en Sintra una capitulación vergonzosa.

Como es sabido Portugal ha sido, durante siglos, una fiel aliada de Gran Bretaña, motivo por el cual Napoleón tenía gran interés en doblegar a los portugueses para que no estuvieran en condiciones de prestar, ningún tipo de ayuda especialmente marítima, a los ingleses.

Hoy es un lugar común afirmar que las tropas napoleónicas fueron derrotadas en Rusia por el ‘General Invierno’, aun considerando que este tópico tiene un componente, nada desdeñable de verdad, no es menos cierto que las torpezas y errores del mando miliar francés contribuyeron no poco a que la campaña se convirtiera en un auténtico infierno.

Parece que el mayor dislate que cometió Junot fue una pésima planificación táctica, lo que permitió que el ejército ruso, que pudo ser seriamente dañado, pudiera retirarse sin graves daños, en la Batalla de Smolensk.

Esta torpeza le granjeó la dura reprimenda de Napoleón que hemos comentado, no logró ni siquiera mejorar su imagen tras la Batalla de Borodinó que posibilitó el que las tropas francesas ‘entraran triunfantes en la espectral ciudad de Moscú’, pues los moscovitas la habían abandonado previamente. Estos hechos, los narra magistralmente, León Tolstói en ‘Guerra y Paz’.

Las carencias estratégicas y de táctica militar de Junot eran ostensibles. Caro pagó Napoleón haberle dado mando en plaza en la campaña de Rusia. Puede considerársele, con toda justicia, un militar indocumentado… y los errores e irresponsabilidades de los necios no son fáciles de reparar.

La nefasta campaña de Rusia fue un golpe certero en el estómago, que dejó sin respiración a los ejércitos napoleónicos y que marcó un punto de inflexión en el curso de los acontecimientos.

Me imagino a Junot, deprimido tras sus pasos equivocados, consciente de su negro futuro mientras en aquellas tardes de invierno nevaba copiosamente. Defraudar a quienes habían depositado en él su confianza, suponía un desasosiego mayor que la conciencia de sus torpezas que habían rozado el ridículo.

Las visiones premonitorias… son como un peso muerto que le va corroyendo por dentro. La memoria de los fracasos avanza de una manera imparable en su mente atormentada, no lograba consolarse, ni siquiera cuando intenta convencerse a sí mismo de que los acontecimientos fueron ineluctables y que el discurrir de los hechos no pudo ser de otra manera. Siente sobre sí el peso indeleble de los dos fantasmas más temidos por un militar: el miedo y la derrota.

Delante del Emperador su rostro sólo logra expresar una sonrisa triste y vencida. Pasando del miedo a la vigilia no logra distinguir realidad de ficción y se precipita hacia pesadillas recurrentes.

Hemos comentado, con anterioridad, que sus errores fueron en buena parte por delegación. No tenía preparación militar, es decir, no era militar de carrera y su vocación era la de abogado. De ahí que estuviera matriculado en la Facultad de Derecho cuando estalló la Revolución Francesa… y se incorporó como voluntario al ejército.

¿Cómo consiguió el favor de Napoleón? Existe una anécdota reveladora a este respecto. Cuando se encontraban en el puerto de Toulon al sur de Francia, Napoleón solicita un voluntario que sepa escribir y con buena letra para que ‘le redacte unos correos’. Junot se ofrece de inmediato y enfrascado en su tarea, no se altera, ni levanta la vista, cuando una bala de cañón cae en las inmediaciones.

Esa actitud le valió ser nombrado Ayudante de Campo y así inició su carrera… ‘sic transit gloria mundi’.

De su valor no cabe duda, lo demostró en la Campaña de Italia, donde fue herido y logró su ascenso a Coronel.

Por lo que respecta a las Campañas en la Península Ibérica, entró triunfante en Lisboa y participó en el Segundo Sitio de Zaragoza. Más, junto a estos éxitos puede afirmarse que su salud mental va empeorando día a día y cada vez se va mostrando más y más ‘enajenado’.

Figuras como la de Junot son harto representativas para someter a análisis y crítica una determinada época y unos determinados comportamientos, teniendo en cuenta, además, que ni mucho menos constituyen un caso aislado, en un conjunto que deja muchos ‘cabos sueltos’.

No todos los colaboradores de Napoleón, fueron unos ineptos… pero hay que reconocer que repartir cargos y responsabilidades alegremente, entre familiares y allegados… más que simples errores son un terreno inadecuado para levantar edificios sólidos.

Herodoto, el sabio historiador, ya nos dejó dicho que ‘mil diversas amarguras deambulan entre los hombres: repleta de males está la tierra y repleto el mar’.

Desde luego quienes reciben distinciones sin merecerlas… suelen adular a quien se las otorga, más son muy poco fiables para hacer que prosperen proyectos ni se consoliden regímenes políticos. Plutarco, por su parte en su obra ‘Moralia’ señala, sensatamente, que ‘el adulador se esfuerza en aparecer siempre servicial, diligente y animoso’. Rara vez, sin embargo, resultan eficaces.

Probablemente, al lector avisado no le resulte nada difícil extraer las conclusiones oportunas. Quien confía en ineptos, lenguaraces, ganapanes y esparcidores de incienso no llegará muy lejos.

Voy a atreverme a actualizar un poco cuanto llevamos dicho. Si se sabe escudriñar, adecuadamente, también está relacionado con quienes filtran documentos llenos de errores, tergiversaciones y fake news, demostrando así, que el cargo y el nombramiento que en su día obtuvieron… les venía, indudablemente, no grande sino inmenso, ya que por mucho que algunos quieran justificar este comportamiento… salta a la vista que son indocumentados, malintencionados, chapuceros e ignorantes.

Jean Andoche Junot reaparece, una y otra vez, asomando su cabeza enajenada por el ‘tinglado de la antigua farsa’. Eso sí con distintos nombres y con diferentes disfraces.