EL OBRERO PERIODISMO DE DATOS
18 sept 2026 | Actualizado 11:49 CEST
PERIODISMO DE DATOS
¿Cómo se recuerda a Averroes en Córdoba 900 años después?
Ana Rey/Paseo por Córdoba, CC BY-SA

Si Averroes regresara hoy a Córdoba, probablemente se encontraría antes a sí mismo que a la ciudad que conoció.

Sentado en bronce junto a la muralla, da nombre también a una calle, colegios, un instituto, un aulario universitario e incluso un hotel. Su figura aparece en exposiciones, congresos y celebraciones. Nueve siglos después de su nacimiento, Córdoba recuerda a Averroes.

Sin embargo, ¿qué Averroes recuerda y qué hace la ciudad con ese recuerdo? Eso es lo que he tratado de averiguar en una investigación publicada recientemente.

Buscar a Averroes en el mapa

Averroes –Ibn Rushd– nació en Córdoba en 1126. Fue jurista, médico y filósofo, ejerció responsabilidades públicas y su pensamiento alcanzó una extraordinaria difusión más allá de al-Ándalus. Sus comentarios a Aristóteles dejaron una profunda huella en la filosofía medieval.

Pero mi pregunta no era qué queda de su pensamiento. Era bastante más literal: ¿dónde está Averroes hoy en Córdoba?

Al poner esas huellas sobre el mapa se ve enseguida algo: no están repartidas por igual. Las referencias más visibles se concentran en el centro histórico, mientras otras quedan bastante lejos de esa Córdoba monumental. Están conectadas por Averroes, pero no por la ciudad.

La referencia más reconocible es su escultura, instalada en 1967 junto a la Puerta de Almodóvar, en uno de los espacios de mayor tránsito turístico de la ciudad, muy cerca de la Casa Árabe.

Pero Averroes también se aleja de la postal monumental: da nombre a centros educativos, a una calle en otro sector de la ciudad y al Aulario Averroes del Campus de Rabanales de la Universidad de Córdoba.

No estamos, por tanto, ante una ausencia. Averroes está presente. El problema es que sus huellas apenas hablan entre ellas.

Un Averroes para nuestro tiempo

Hay algo todavía más revelador que su distribución por la ciudad. Cuando instituciones y discursos turísticos hablan de Averroes, determinados atributos aparecen una y otra vez: conocimiento, tolerancia, diálogo intercultural, legado intelectual andalusí. No son valores elegidos al azar. Nos dicen tanto sobre la Córdoba del siglo XXI como sobre el pensador del siglo XII.

Esto es importante porque tendemos a imaginar el patrimonio como algo que recibimos intacto del pasado. No funciona exactamente así. Cada generación selecciona qué conserva, qué recuerda y también cómo quiere contarlo.

Con Averroes ocurre precisamente eso. Su complejidad histórica se reduce para construir un personaje fácilmente reconocible y útil para el presente: el sabio, el filósofo, el representante de una Córdoba culta y abierta al encuentro entre culturas.

Ilustración en la página de título de una edición en latín de _Colliget_, la obra principal de Averroes en el ámbito de la medicina, 1530.
Ilustración en la página de título de una edición en latín de Colliget, la obra principal de Averroes en el ámbito de la medicina, 1530. Wellcome Collection, CC BY

Esa simplificación facilita que su figura funcione como símbolo. Pero también puede empobrecerla. Los personajes históricos rara vez caben cómodamente en los valores que queremos atribuirles nueve siglos después. Este riesgo de simplificación es uno de los resultados que muestra la investigación.

Y su biografía ayuda a entenderlo. Averroes no fue solo el filósofo que hoy evocamos. Fue también médico, jurista y cadí, estuvo vinculado a la corte almohade y conoció tanto el poder como el destierro y la posterior rehabilitación. Cuesta encajar todo eso en la imagen limpia del “sabio tolerante”. Presentar a Averroes hoy como símbolo del diálogo entre culturas no es falso, pero sí significa escoger una parte de una historia bastante más compleja.

Mucho símbolo, poca ciudad

Aquí aparece quizá la paradoja más interesante. Averroes funciona muy bien como símbolo de Córdoba. Su nombre permite representar una determinada imagen de la ciudad y de su pasado andalusí. Sin embargo, cuando pasamos del discurso a la planificación urbana y territorial, su presencia se debilita.

El análisis muestra una integración limitada de este patrimonio simbólico. En otras palabras: Córdoba recuerda a Averroes mejor de lo que territorializa su recuerdo.

Entrada al Aulario Averroes, en el Campus de Rabanales de la Universidad de Córdoba (España).
Entrada al Aulario Averroes, en el Campus de Rabanales de la Universidad de Córdoba (España). Américo Toledano/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Y eso tiene consecuencias. Tenemos una estatua por un lado, una calle por otro, centros educativos, espacios culturales y un aulario universitario. Son piezas de una misma historia, pero hoy aparecen como referencias sueltas, sin un hilo que las conecte.

¿Qué se pierde con ello? Sobre todo, la posibilidad de entender que Averroes no es solo la figura ante la que se detiene un turista. Su nombre atraviesa lugares muy distintos. Relacionarlos permitiría contar mejor esa historia y, de paso, llevar parte del relato cultural de Córdoba fuera de las zonas donde hoy se concentran buena parte de los visitantes.

¿Y si conectamos los puntos?

El 900 aniversario ofrece una buena excusa para abordar esto, aunque no necesariamente levantando otro monumento. Quizá lo más interesante sea precisamente conectar lo que ya existe.

Un itinerario podría enlazar la escultura de la Judería, Casa Árabe, la calle Averroes y los centros educativos que llevan su nombre, incorporando también el aulario de Rabanales. Señalización discreta, códigos QR o pequeños recursos audiovisuales permitirían explicar qué significa cada lugar y por qué forma parte de esta historia. Es una de las posibilidades planteadas a partir de los resultados de la investigación.

Además, esa conexión tendría una utilidad muy concreta para Córdoba. Permitiría ampliar el relato cultural de la ciudad y llevar al visitante hacia espacios que hoy quedan fuera de los recorridos más habituales. No solo se trataría de contar mejor a Averroes, sino también de relacionar el centro histórico con otros lugares educativos, culturales y universitarios y diversificar las rutas turísticas.

No se trataría de inventar otro Averroes. Más bien de hacer visible que detrás de la estatua existe un personaje mucho más complejo y que detrás del personaje existe también una ciudad.

¿Qué queda entonces de Averroes en Córdoba 900 años después? Queda mucho, pero está disperso. Quizá el verdadero reto del centenario no sea recordar más a Averroes, sino recordarlo mejor.

Rafael Fernando Vega Pozuelo, Profesor de Geografía, Universidad de Córdoba

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. 

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