La implosión de la política y el espectáculo populista
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Editoriales
La implosión pública de la crisis entre la dirección del PP y la presidencia de la Comunidad de Madrid ha terminado por ahora en un cierre en falso entre bambalinas. Un armisticio que no satisface a los contendientes heridos ni a los barones que finalmente lo han apadrinado y que hace prever un proceso crónico de deterioro y nuevas convulsiones en un futuro próximo (que ni siquiera el primer partido de la oposición se puede permitir), si antes no se ataja el problema.
La confrontación ha puesto bajo sospecha de nepotismo y corrupción a la presidenta de la Comunidad de Madrid y ha dejado en evidencia la debilidad, las malas artes y la chapuza como enseñas de la dirección de la calle Génova. Una crisis que va más allá de la repetida pelea de egos entre Génova y Madrid y que remite a las consecuencias de la estrategia de desestabilización en la oposición, al rebufo de derecha radical de Vox, y a la ya casi eterna lacra de la corrupción en la derecha debido a la siempre aplazada catarsis del partido y consiguiente regeneración de su gestión pública.
El estallido del conflicto interno se produce, y no por casualidad, inmediatamente después de la decepción por el fracaso de las exageradas expectativas creadas en torno al resultado de las elecciones anticipadas en Castilla y León, un éxito que pretendía ser utilizado por la dirección del PP y su presidente Pablo Casado como trampolín hacia la Moncloa. Sin embargo, la principal novedad ha sido la consolidación de la ultraderecha y la aparición en el parlamento de una nueva representación política del movimiento de agravio localista, ambos como decantado más reciente y con más futuro del tardo-populismo. En definitiva, con la disyuntiva de un gobierno del PP, que ya sea en minoría o en coalición, en todo caso prenderá del hilo de su competidor de la ultraderecha.
En el otro lado del espectro político, asistimos con preocupación a la reciente crisis de la mayoría de la investidura del gobierno de coalición progresista, que ha estado a punto de malograr la reforma laboral pactada con empresarios y sindicatos, el principal acuerdo social de la legislatura vinculado a los fondos europeos, y que ha puesto evidencia que mientras los agentes sociales hacen política, una buena parte de los partidos políticos siguen anclados en la mera agitación populista o lo que es lo mismo identitaria y nacionalista, que no solo dificulta su aterrizaje en la política después de dos años de legislatura, sino que ha arriesgado la propia estabilidad del gobierno. La cuestión es si aparte de banalizar el vértigo del momento y la dramática influencia del azar en el mantenimiento de la mayoría para la convalidación del decreto laboral, los partidos que favorecieron en su momento la investidura, dos sucesivos presupuestos, casi cincuenta leyes y un número superior de decretos ley, van a adoptar de una vez medidas concretas, no solo para evitar nuevos sobresaltos, que abunden en la desafección ciudadana, sino para consolidar un calendario de reformas sociales y de regeneración democrática que ponga freno y revierta el arrastre de nuevos sectores y generaciones por la fácil seducción anti política del populismo.
Estamos a unos meses tan solo de las elecciones andaluzas y a poco más de un año de las autonómicas y municipales, un tiempo cronológicamente corto pero más que suficiente para la reflexión y la rectificación en política. A trabajar.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.