Un justiciero y otras muchas complicidades
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Editoriales
(En defensa de González Laya y de la asistencia humanitaria)
La audiencia provincial de Zaragoza acaba de exculpar a la exministra de exteriores González Laya y con ello se cierra la investigación del juez Lasala sobre la atención hospitalaria al presidente del frente Polisario, Ibrahin Gali, que nunca se debería haber abierto.
Ha tenido que ser la audiencia provincial quién ha parado los pies un juez conservador dispuesto convertir una decisión de política humanitaria legítima en una causa penal con un rosario de delitos, nada menos que de prevaricación, falsedad y encubrimiento. Y todo, a sabiendas que como las denuncias a Gali ante la Audiencia Nacional, la filtración del ingreso hospitalario y ésta denuncia también estaban inspirados por los servicios secretos del reino de Marruecos, quién sabe si aprovechándose además de la intrusión en los dispositivos de la ministra de exteriores mediante el programa Pegasus, que en vez de suprimirlo y actuar en consecuencia, el gobierno lo ha dejado también en manos de la justicia. Una judicialización de la política exterior por razones domésticas. Como casi siempre, y sin tener en cuenta los intereses superiores del Estado, la derecha cuando está en la oposición, se ha situado del lado de Marruecos y en contra del gobierno, tanto en la crítica al ingreso de Gali gravemente enfermo en el hospital, en la avalancha provocada de jóvenes marroquíes a Ceuta y en las denuncias falsas ante la Audiencia Nacional, atribuyendo está cadena de provocaciones y chantajes del reino de Marruecos, que también sufrieron alguno de sus gobiernos, a la imprudencia y la incapacidad del gobierno socialcomunista. Llámenlo complicidad o solo coincidencias. En todo caso es lo que ocurre cuando los temas de Estado se utilizan para oponerse al gobierno. Uno termina peligrosamente del otro lado.
Al final, el viraje sobre el Sáhara, sin contar con un mínimo debate y sin un apoyo parlamentario mayoritario que lo legitime, ha sido por supuesto responsabilidad del gobierno y del Presidencialismo de Sánchez en particular, como también el cese de González Laya para aplacar al vecino, pero ha contado y cuenta con muchas complicidades y con ríos de cinismo en la política, y no solo en la conservadora, en los medios de comunicación y en la justicia española.
Decir también, como excusa de mal pagador, que el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara es la posición pragmática que había adoptado España a partir de la propuesta unilateral de autonomía de Marruecos con el gobierno de Rodríguez Zapatero no se corresponde con la verdad, y asegurar que no hubo oposición en el Congreso de los diputados, al menos dw parte de la izquierda que yo representaba, y como consecuencia matizaciones y rectificaciones por parte del PSOE, comenzando primero por la exigencia de que la autonomía contase con el acuerdo de la parte Saharaui y terminando al final con la vuelta mediante una moción solemne de defensa del derecho de autodeterminación y de la legalidad internacional, en el marco de la huelga de hambre de Aminetu Haidar, supondría además una manipulación inaceptable, como ponen negro sobre blanco las actas parlamentarias. Con todo este vergonzoso caso, se demuestra también que si la politización de la justicia es un problema que hay que solucionar, la judicialización de la política no es un problema menor. Por último, se echa de menos la misma defensa de la ministra González Laya y de los funcionarios del ministerio puestos en entredicho, que la realizada en favor de la presidenta y de los funcionarios del Centro Nacional de Inteligencia.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.