De nuevo se cumple una regla de nuestra derecha, la que establece que lo que decide, defiende o pacta la izquierda supone el fin de España, una traición, un ejercicio de corrupción política, y debe ser condenado por tierra, mar y aire, si tiene que ver con cualquier conversación, negociación y/o pacto con las fuerzas nacionalistas sin Estado. La amnistía posible, que todavía nada sabemos, supondría el ejercicio más pérfido contra España y el Estado de Derecho de toda la democracia, decisión tomada por el presidente supuestamente más malvado desde los tiempos de Largo Caballero y Negrín, y fruto de un ejercicio dictatorial del poder, seguramente aprendido en alguna excursión bolivariana en un pasado reciente, secuestrando la voluntad de los miembros del Partido Socialista, que deberían sublevarse en aras de la patria.