Imaginemos el bullicio de un estadio deportivo, que vibra con la energía de miles de aficionados animando a su equipo, gritando con cada punto, comentando las jugadas, compartiendo vítores. Imaginemos ahora que un deportista en ese estadio pudiese hablar a los aficionados mientras juega: decirles lo que va a hacer, cómo se siente, por qué ha fallado esa jugada. Imaginemos que además pudiese recibir, simultáneamente, cada mensaje individual de los aficionados. Y que ese deportista, al terminar, se quedase con los espectadores a hablar de la jornada y de muchas otras cosas, durante horas. Eso es Twitch.