François Berabida nos explica en su análisis del socialismo en el Imperio británico, concretamente, en Nueva Zelanda, en un estudio ya clásico, cómo a finales del siglo XIX y comienzos del XX se desarrolló en este dominio una suerte de “democracia social”, protagonizada por el Liberal Party, con influencia del radicalismo británico, algunas ideas de Stuart Mill sobre la tierra, y del fabianismo. Pember y Seddon iniciarán y continuarán una política que pretendería el bienestar de granjeros y obreros, implantando una minuciosa legislación laboral, que incluía el arbitraje, y frente a los riesgos de la vida, que concitó la admiración de muchos reformadores en el mundo, aunque el autor insiste en que estas reformas no pueden calificarse de socialistas y que, además, generarían rechazo entre muchos sindicalistas, que intentarían formar un partido laborista. En todo caso, el socialismo neozelandés sería muy débil en los primeros decenios del siglo XX.