Grave, muy grave
La memoria es un buen antídoto contra el silencio. La forma suprema del silencio es el secreto. Cuando la memoria informada horada los muros del secreto, surge a la luz aquello que había permanecido oculto. Los Estados suelen ser grandes especialistas en la ocultación. Recurren a ella cuando, por mor de una razón denominada de Estado, vulneran las leyes que dicen proteger y mancillan la moral que predican de sí mismos. Delitos, maldades, errores o faltas, que flotaban silenciosos por el éter de la irresponsabilidad estatal, cuando son desvelados afloran con fuerza. Es el momento, entonces, de restañar las heridas que causó aquel silencio.
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