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“Los grandes cementerios bajo la luna” - Georges Bernanos


(Tiempo de lectura: 6 - 12 minutos)

Una reflexión amarga y sin equidistancias sobre la

barbarie totalitaria en la Guerra Civil

Supón que en mi silencio vive una obscura rosa sin salida y sin lucha

Juan Larrea

En poco más de dos semanas habrá elecciones municipales y autonómicas. Algunos parecen que sólo saben gesticular, gritar y anunciar catástrofes. No hay debate de ideas ni propuestas, sólo insultos y descalificaciones. Una nube tóxica parece dispuesta a atraparnos y a arrastrarnos a una pesadilla… llevamos así meses.

La crispación, el odio y la frustración envenenan el ambiente. Si no ponemos remedio a esta espiral de violencia verbal… ira ‘in crescendo’ y quizás llegue el momento en que no podamos controlarla. En este clima tenso, las falsas equidistancias pretenden ser objetivas cuando, en realidad, son interesadas y mendaces.

Sobre la Guerra Civil y sus consecuencias se ha escrito mucho, más quizás, todavía, sea insuficiente. Asistimos a un espectáculo poco edificante cuando se dispara sobre el enemigo, cada uno desde su trinchera. Buscando justificaciones a la violencia propia y achacando al adversario las peores intenciones y los actos de barbarie desenfrenada.

Hace ya algunos años tuve la ocasión de leer “Los grandes cementerios bajo la luna” de G. Bernanos. Me impactó, es más, me emocionó. Sentí rabia y una profunda desazón. Más tarde, me movió a reflexionar sobre la fragilidad y vulnerabilidad de las democracias y la soberbia de los totalitarismos.

Sus páginas son un alegato a favor del afán de comprender, del asco ante tanta violencia gratuita y compasión por los que padecieron un terror planificado que no perseguía la victoria, sino el exterminio del adversario.

He de reconocer que es un libro que rompe esquemas y prejuicios. Por ello resulta, tremendamente difícil de encasillar.

Georges Bernanos fue un intelectual íntegro que describe lo que ve, lo que piensa y lo que le repugna. De ideología conservadora, había sido hasta entonces católico, simpatizante de los militares sublevados y de significados falangistas. Lo que vio le causa perturbación y dolor, un dolor sombrío que le hace cuestionarse algunas de sus convicciones más arraigadas. Su hijo pertenecía a falange, aunque también asqueado, acabo por desertar y abandonar nuestro país. Bernanos residía en Palma de Mallorca desde 1934 y fue testigo de la represión atroz que llevaron a cabo los sublevados contra una población indefensa.

Los facciosos no toleraban crítica alguna, ni que se hiciese la menor referencia a la violencia, la venganza y las matanzas inútiles.

“Los grandes cementerios bajo la luna” se publicó, por primera vez en 1938 en Francia, causando enfrentamiento, división y agrias polémicas. Unos, alabaron su valentía otros, criticaron llenos de furor sus descripciones sobre la brutalidad y odio de los franquistas y las ‘políticas de terror’ programado y de eliminación sin piedad del discrepante.

Un matiz, que considero digno de resaltar, es la polémica que se suscitó entre Paul Claudel y Jacques Maritain. Mientras el primero apoyaba sin fisuras al régimen franquista, el segundo rechazaba la denominación de ‘cruzada’ y criticaba los crímenes y excesos de ambos bandos.

Albert Camus y Simone Weil, dejaron constancia del interés que les suscitó la lectura de “Los grandes cementerios bajo la luna” y del valor que Georges Bernanos demostró. Ni que decir tiene, que no se pudo publicar en nuestro país. Me interesan y, mucho, las reflexiones de Hannah Arendt, que debió leerlo en París al poco de su publicación.

Agustín Serrano de Haro, en un estudio publicado recientemente, “Arendt y España”, (Editorial Trotta 2023), comenta algunas referencias elogiosas de la filosofa. En otra ocasión volveremos sobre la visión de la pensadora en torno al libro y sobre la situación española en la Guerra Civil y en la postguerra, especialmente en su obra “Los orígenes del totalitarismo”.

En la postguerra europea y en los años obscuros, tristes, repletos de hambre, represión y atraso de la dictadura… el tiempo parecía haberse detenido en medio de un sufrimiento irrespirable.

Querer saber, y no digamos, la búsqueda de la verdad, despertaba sospechas y acarreaba duras consecuencias, sobre quienes eran considerados desafectos al régimen.

Nuestro país había experimentado un retroceso lamentable, donde la tolerancia y el respeto fueron sustituidos por el afán de venganza y por una locura salvaje.

Los ‘vencedores’ estaban atrapados en una absurda tela de araña: glorificar un pasado, teóricamente, heroico y grandioso de resonancias imperiales, pero falso, con mucha retórica hueca del que no podían –o no querían escapar-.

Fue un tiempo que se prolongó varias décadas, donde los instintos más bajos fueron halagados. Todo era ignorancia y sumisión. Los excesos nacionalistas conducían al desvarío. En definitiva, se respiraba ‘un aire viciado de huída de la realidad’. Una imagen mortecina de un país cargado de rencor, de amenazas y de tinieblas.

Sobran motivos para considerar que Bernanos acierta a describir una realidad amarga y trágica. De hecho, no está lejos de la visión desgarrada de la existencia de Graham Green, por citar tan solo a un novelista muy leído esos años.

George Bernanos describe con intensidad, pasión y rigor las relaciones inestables y desestabilizadoras de todo intelectual honesto con un mundo que pone de relieve sus contradicciones y la crueldad innata del ser humano. Es palpable y manifiesto, una escisión que llega hasta el fondo, hasta la interioridad más profunda.

Hay críticos que han hecho hincapié en el pesimismo de George Bernanos. Creo que tienen razón a pesar de las resistencias y de la lucha interior del novelista. Esta tensión existencial así como el reprimir en unos casos y, expresar en otros, sus pensamientos más íntimos, se puede observar también, en sus “Escritos inéditos en torno a la Guerra Civil española”, (Granada, Edit. Nuevo Inicio. 2019)

Con todo, donde se aflora ese volcán interior es cuando da suelta a lo que ha visto y vivido sobre la represión franquista en Palma de Mallorca. Ni que decir tiene que el libro no pudo circular entre nosotros –fue tajantemente prohibido- por la censura dictatorial. ¿Por qué? porque refleja con sinceridad y dolor una búsqueda de la verdad, que va más allá de su ideología conservadora y que no vacila en denunciar la violencia y la barbarie del franquismo.

Durante muchos años los españoles nos vimos sometidos a una censura férrea y a un silencio impuesto. Nada podíamos conocer –salvo lo que les convenía a quienes practicaban un ‘ordeno y mando’- de lo que se publicaba allende los Pirineos, ya fuesen periódicos y revistas, ya libros.

Este aislamiento fomentó un desconocimiento de cómo discurrían los hechos en Europa y en el resto del mundo. La propaganda oficial era machacona y la poca información de que se disponía, se lograba escuchando las radios clandestinas con evidentes riesgos.

Una novelista sobria, elegante y hábil como Ana María Matute, cuando en una de sus primeras obras “Primera memoria” alude a estos actos criminales y bárbaros se ve obligada a hacerlo con cuidado, con tacto… hasta el punto de que sólo aciertan a descifrar lo que sus páginas revelan, quienes son capaces de leer entrelíneas y de interpretar lo que se amaga con decir, pero no se dice.

Hemos mencionado “Primera memoria” porque la novela aborda lo que ocurrió en Palma de Mallorca, es decir, cuenta lo mismo que describió con crudeza Bernanos, mas desvelándolo con sigilo ya que la censura toleraba pocas bromas.

Retomemos las páginas de “Los grandes cementerios bajo la luna”. Bernanos sentía tambalearse no pocos de sus principios. Desnortado, desconcertado, parecía buscar paredes invisibles en las que apoyarse porque le costaba mantenerse en pie.

Su mirada penetra como un acero y lo sumerge en un desarraigo que progresivamente deriva en angustia. La desazón y el pesimismo van desvaneciendo cualquier atisbo de ilusión. El concepto del hombre se vuelve cada vez más sombrío. Se vislumbra en lo que narra y en sus reflexiones y comentarios todo el horror que se desprende cuando se deja que tome las riendas de los acontecimientos el animal sanguinario que llevamos dentro.

El odio si se le estimula irresponsablemente, acaba por provocar siempre, orgias irracionales de sangre. Si se leen con atención las páginas de “Los grandes cementerios bajo la luna” el lector advertirá que contienen intuiciones y premoniciones sobre el horror que va a vivir Europa. Parece como si el humanismo se hiciera añicos y la fe en el futuro se desvaneciera.

Con todo, tras la lectura surgen ineludibles reflexiones como: ¿A dónde nos lleva tanta violencia totalitaria y tanto desatino? No se sabe si espanta más el horror de lo vivido… o de lo que se avecina. La sensación de vacío es intensa. Se han roto las conexiones entre el ansia totalitaria de poder y cualquier atisbo moral.

Llena de preocupación un futuro que se avecina desesperanzador y estéril, donde la compasión es tachada de cobardía y, consecuentemente, aplastada. Quizás algo con lo que debemos quedarnos es con su denuncia de la buena conciencia por parte de los indiferentes que se niegan a mirar el fondo y que prefieren huir de la realidad e inclinar dócilmente la cerviz, sin hacer preguntas. Renunciar a lo mejor que tiene el pensamiento que es sin duda, la capacidad de comprender y comprendernos, por difíciles que sean las circunstancias.

No es extraño, por tanto, que su conciencia airada busque respuestas aunque sea incapaz de hallarlas. Por estas razones su testimonio es vigoroso, lúcido y anticipador de todo el horror que no tardará en vivirse en Europa cuando la bestia despierte y comience a dar terribles y espeluznantes zarpazos, convirtiendo la existencia colectiva en una pesadilla. Tal y como el propio George Bernanos formula, repetidamente: “la ira de los imbéciles llena el mundo”.

Con lo expuesto resulta comprensible que “Los grandes cementerios bajo la luna” no se publicara en España hasta después de una década de la muerte del dictador. Si bien, de forma clandestina, con anterioridad circularan algunas traducciones. Me atrevo a sugerir que se lea la edición de la Editorial Lumen, vertida al castellano por J. Vivanco. Es seria y fiable.

Para quien no la haya leído, creo no equivocarme al afirmar que no dejará indiferente a quienes se enfrenten a sus páginas. Es necesario conocer el pasado para comprender el presente. Las descripciones y observaciones de Bernanos son agrias, mas contienen una fuerza que es capaz de conmover, indignar e incitar a la reflexión de lo que está sucediendo en esta Europa nuestra, donde aún existen amenazas de destrucción y de conflictos bélicos. La invasión de Ucrania es sólo el último ejemplo.

Los pensamientos, vivencias y palabras ardientes de George Bernanos, surgen tanto de su pluma afilada como de lágrimas de impotencia y desencanto.

Como he formulado, con anterioridad, las falsas y mendaces equidistancias no aportan, ni han aportado nunca, luz alguna. Es preciso salir de cuantos más círculos viciosos, mejor. Habría que valorar la importancia que tiene –que es mucha- que uno de los alegatos más implacables y certeros contra el fascismo nos lo haya proporcionado un escritor católico y conservador. Bernanos no tiene miedo a las consecuencias de contar la verdad –se lo exige su conciencia- y de advertir lo que está por llegar de no poner coto al totalitarismo criminal y su espiral acelerada.

Considero que este libro debería ser más analizado y estudiado. No sólo críticos literarios, historiadores de la literatura y divulgadores debían de ocuparse de él, sino que deberían hacerlo asimismo, historiadores y sociólogos ya que constituye un testimonio impagables en determinados aspectos.

Una virtud inapelable de George Bernanos es haberse negado a someter su independencia crítica y su libertad de juicio a las presiones que sobre él se ejercieron.

Una pensadora como Hannah Arendt, que estimo que habría que leer más, considera que alcanzó a plasmar una de las más apasionadas y certeras denuncias del fascismo.

Otro aspecto de singular interés, es que Bernanos advierte en esta obra algunos temores e inquietudes sobre el futuro del viejo continente. En sus páginas se entrecruzan y llegan a fundirse la descripción de hechos brutales, con consideraciones sobre el presente y futuro de los pueblos europeos.

Esto da más valor, si cabe, a la denuncia que realiza de la violencia criminal desencadenada en la isla. Su prosa, quizás por este motivo, es dura, seca, y cortada a pico. El hecho de que se atreva a conceptualizar la organización del terror, es de por sí relevante, así como que denuncie claramente las ejecuciones extrajudiciales de las que no se libraron campesinos y labradores. Llega incluso a cuantificarlas en unas tres mil, en un lugar donde no se había producido represión alguna, bajo la legalidad republicana. Únase a esto la tenebrosa figura del mussoliniano Conde Rossi y el apoyo de la Iglesia Católica a estos desmanes.

Hannah Arendt –me gusta repetirlo, una y otra vez- expresa y defiende que algunas obras literarias son imprescindibles para interpretar adecuadamente, sucesos históricos relevantes.

Mi intención al traer a colación hoy “Los grandes cementerios bajo la luna”, es junto lo dicho anteriormente, incidir en la necesidad del matiz y en no caer en ‘los burdos brochazos’ que no prestan atención a los detalles y que se basan más en tópicos, frases hechas y en lo repetido centenares de veces, que en una atención serena.

La Memoria Democrática ha de contemplar todas las variedades del caleidoscopio que una realidad plural ofrece y no limitarse a los lugares comunes que tan frecuentemente, se deslizan por la pendiente de la sustitución de la verdad histórica por la tergiversación, el revisionismo y la falta de rigor.

Así nos va.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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