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Rediseñando el mapa de Europa en la Restauración


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El objetivo de las principales potencias de la Restauración fue diseñar un mapa que evitara la posibilidad de que un Estado, como había sido el napoleónico, intentara establecer su hegemonía sobre el continente europeo. Para ello, había que crear o redefinir los Estados para que tuvieran más peso, es decir, con más territorio y población, procurando disminuir la existencia de Estados muy pequeños que no pudieran ser freno a las tentativas expansionistas. En esa línea había crear, además, una especie de barrera con Estados-tapones con el fin de disuadir cualquier tentativa expansionista francesa. Es evidente, que este sistema no tuvo en cuenta los intereses de los distintos pueblos, generando un claro fortalecimiento de los nacionalismos, como tendremos oportunidad de comprobar.

Rediseñar el mapa europeo no fue una tarea sencilla porque, estando de acuerdo con estas líneas expuestas, las grandes potencias tenían intereses concretos que colisionaban con cierta facilidad, especialmente en el centro-este europeo. Efectivamente, pronto surgió un conflicto en relación con Sajonia y Polonia. Metternich no podía aceptar que la primera pasara a manos de Prusia y la segunda a Rusia porque suponía un evidente engrandecimiento del poder de ambas potencias en el área en detrimento de Austria. Las tensiones se dispararon hasta que se encontró una solución, que pasaba por la división de Polonia entre las tres potencias, además de que Prusia solamente se haría con una parte de Sajonia. Era evidente que los intereses de los polacos no se tuvieron en cuenta.

En relación con el caso francés, se creó el reino de los Países Bajos, incorporando Bélgica a Holanda, generando con el tiempo un enorme descontento entre los belgas, para frenar el posible avance francés hacia el norte. Para contener a Francia por el centro de su frontera este, Prusia se hizo con la orilla izquierda del Rin. Y al sureste, se engrandeció el reino del Piamonte al incorporarse al mismo Saboya y la que había sido la República de Génova.

Los británicos, por su parte, intentaron que ninguna potencia tuviera más poder que otras en el continente, pero, sobre todo, confirmaron su potencia marítima incontestable. En el mar del Norte dominaban Hannover, ya que su soberano lo era también de este Estado, sin olvidar que poseían las islas Heligoland, que le había servido para combatir el bloqueo continental napoleónico. En el sur, en el Mediterráneo contaban con una red de enclaves que permitían su dominio desde Gibraltar en su entrada occidental hasta Chipre y las islas Jónicas en el este, sin olvidar Malta en el centro.

Rusia, como hemos visto se había hecho con una porción importante de Polonia, pero también se había adueñado de Finlandia. Los prusianos, además de su porción polaca, saltaban a Occidente, como hemos visto, poniendo las bases de su enorme potencial para la futura empresa unificadora alemana. Austria, siempre atenta al equilibrio según el pensamiento de su canciller, también obtuvo territorios, como Galitzia y el Tirol, además de asegurarse el control de Italia gracias a que incorporó todo el norte de la península con el Reino lombardo-véneto, además de controlar los ducados de Parma, Módena y Toscana. Austria se convertiría en el principal enemigo de los nacionalistas italianos.

Aunque parece que los conflictos que surgirían a partir de entonces tenían que ver con revoluciones liberales y/o nacionalistas, no cabe duda de que las tensiones entre las grandes potencias no desaparecieron. En realidad, se pueden definir dos espacios de confrontación, que terminarán por estallar después del período que aquí estudiamos. En primer lugar, estaría el espacio alemán donde ya comenzaría la rivalidad entre Austria y Prusia por su control, terminando por vencer la segunda con el futuro proyecto unificador de Bismarck. Pero el segundo espacio sería más complicado porque terminaría generando una conflictividad a mucho más largo plazo e infinitamente más intensa. Estamos hablando de los Balcanes. Por ahora, ahí comenzaban a chocar los intereses austriacos con los rusos. La cuestión se complicaría con el debilitamiento del Imperio turco-otomano y el auge de los nacionalismos de la zona.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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