Las Alianzas en la Europa de la Restauración
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En 1815 se firmaron dos importantes alianzas que marcarían la política internacional posterior. En primer lugar, el 26 de septiembre en París, las tres grandes potencias absolutistas, Rusia, Austria y Prusia firmaron una alianza para la defensa de los principios cristianos frente a los principios que se habían propagado por la Revolución francesa. Los monarcas se comprometieron a tratar los problemas internacionales a intervenir donde se cuestionase la legitimidad monárquica y el absolutismo. Inglaterra se negó a firmar este acuerdo.
Dos meses después, el 20 de noviembre de ese mismo año, en el mismo momento que se firmaba de la segunda Paz de París nacía la Cuádruple Alianza entre Rusia, Austria, Prusia e Inglaterra. Este tratado venía a ser una especie de pacto de seguridad contra Francia, las potencias se obligaban a sostener a Luis XVIII, y pretendían evitar una nueva guerra europea. Se estableció la necesidad de celebrar Congresos para llegar a acuerdos.
Se puede decir que mientras la Santa Alianza estableció los principios doctrinales de la época de la Restauración, los aspectos prácticos tendrían que ver con la Cuádruple Alianza y sus Congresos, donde, por otro lado, se terminarían por poner de manifiesto los distintos intereses de las cuatro potencias, y después de la Francia incorporada al sistema, fundamentalmente porque el sistema unía a tres potencias abiertamente absolutistas (Rusia, Austria y Prusia) con otras dos que no lo eran realmente, una por su parlamentarismo (Inglaterra), y la otra por su régimen mixto de Carta Otorgada (Francia).
Los Congresos de la Europa de la Restauración guiaron sus actuaciones siguiendo un conjunto de principios.
El primero de ellos, del que derivarían el resto, tiene que ver con que los Estados debían estar regidos por sus reyes legítimos. El concepto de legitimidad es histórico, es decir, que cambia y ha cambiado con el transcurso del tiempo. En la Europa de la Restauración la legitimidad tenía que ver con la propia dinastía real, que debía ser la histórica, no aceptándose los cambios introducidos por Napoleón. Pero, sobre todo, un régimen era legítimo cuando esa Monarquía ejercía su poder de forma absoluta por derecho divino sin Constitución alguna que limitara sus prerrogativas. La soberanía nacional era un peligro a abortar. La Monarquía como estaba diseñada desde la Historia era garantía del orden interior e internacional.
En relación con el segundo, se estableció, por ver primera, que las grandes potencias tenían una responsabilidad para mantener el orden internacional, Las fronteras de los estados europeos debían establecerse respetando los derechos históricos de sus gobernantes, sin tener en cuenta los derechos de los pueblos. Se pretendía un equilibro en el concierto europeo, intentando contener a las dos grandes potencias territoriales europeas –Francia y Rusia-, fortaleciendo a los países vecinos. Gran Bretaña estaba muy interesada en la aplicación de este principio, ya que no deseaba la existencia de ninguna potencia europea demasiado fuerte. Por su parte, Austria deseaba seguir ejerciendo influencia sobre los Estados alemanes y el norte de Italia. Pero conseguir ese equilibrio costó complicadas negociaciones.
El orden debía, por lo tanto, garantizarse en el interior de los Estados porque el desencadenamiento de una Revolución podía contagiarse con facilidad y alterar el orden internacional; de ahí que se formulase otro principio el de la intervención.
Los conflictos entre las grandes potencias y las decisiones sobre la intervención en aquellos países en los que se desposeyera a los monarcas de sus prerrogativas debían estudiarse y tratarse en Congresos. Este principio abogaba por evitar, especialmente en relación con los problemas entre las principales potencias, que se desencadenasen guerras, habida cuenta de la experiencia previa de casi veinte años de conflictos. Esta idea de discutir en reuniones internacionales los conflictos tiene una importancia histórica evidente porque sentó un principio que luego se desarrollaría, aunque bajo principios distintos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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