Los radical-socialistas de Madrid en la hora de la proclamación de la República
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
El Partido Republicano Radical-Socialista, al que nos hemos acercado en estas páginas de El Obrero, hizo público una especie de manifiesto, al poco de proclamarse la República para inculcar a sus militantes y simpatizantes que, más allá de festejar el advenimiento de la República, instaba al cumplimiento de los deberes cívicos y el programa de esta formación política republicana tan destacada en aquella hora, además de hacer públicas las intenciones de la formación. Debemos recordar que dicho partido nació en 1929 por iniciativa de miembros del Partido Republicano Radical y de la Alianza Republicana, con posturas ideológicas de izquierda no marxista. Los fundadores fueron Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz, Benito Artigas y Ángel Galarza. En el Gobierno Provisional tenían dos ministros, Marcelino Domingo y Álvaro de Albornoz. El manifiesto del partido en Madrid iba firmado por su presidente José Antonio Balbontín y su secretario José Benjumea.
El partido quería dejar claro que había que defender por todos los medios la vida normal de la República contra todo intento de derribarla o corromperla. Los radical-socialistas querían influir por todos los medios democráticos para que el Gobierno desarmase rápidamente a las fuerzas supervivientes del régimen caído, proporcionando armamento a las fuerzas populares adictas al nuevo régimen, una propuesta que nos llama la atención porque, por ejemplo, ni el PSOE ni la UGT solicitaron esta medida al Gobierno, optando por una posición de mucha más mesura. En esta misma línea se exigía que el Gobierno pusiera en marcha la depuración y la exigencias de todas las responsabilidades del régimen incluido el rey por las sospechas de haber cometido delitos comunes de negocios ilegales, especialmente en la última época del reinado, coincidiendo con la Dictadura. Una cuestión era que el Gobierno hubiera garantizado la vida personal del monarca en el cambio de régimen, y otra muy distinta que tuviera impunidad de sus delitos. En este sentido, como sabemos, esta cuestión sí se terminó por poner en marcha en las Cortes. Pero no sólo se pedían exigencias por delitos comunes sino también en relación con la muerte de Galán y García Hernández. Los radical-socialistas de Madrid exigían, por lo que vemos, una clara depuración de responsabilidades de las autoridades anteriores y, muy especialmente, del propio rey.
Por otro lado, el partido en Madrid recordaba el programa del mismo. En todo caso, en mayo los radical-socialistas iban a celebrar un Congreso. El objetivo era, en este caso, influir en las futuras Cortes constituyentes. Como veremos, se trataba, sin lugar a dudas, de un programa radical en algunos puntos. Esta cuestión de la radicalidad del inicial programa radical-socialista, junto con las relaciones con la izquierda obrera estaría en la raíz de los problemas internos de esta formación política que terminaría dividiéndose, como es sabido, al existir una parte mucho más moderada. El programa era el siguiente: reforma agraria radical para dar la tierra al campesino, quitándosela a los latifundistas que emigraban al extranjero con el fin de organizar la contrarrevolución impunemente; control obrero de las fábricas con el objetivo de democratizar el mundo industrial; supresión de los privilegios de la plutocracia, cortando de lleno la explotación que ejercía la Banca y los grandes monopolios; solución del problema clerical porque se consideraba que era la gran rémora del pueblo español con separación plena de la Iglesia del Estado, secularización de todas las funciones públicas, y sometimiento de todas las confesiones al poder soberano del Estado, y, en caso de rebeldía clerical ante lo que se consideraba un programa mínimo había que proceder a la expulsión fulminante de las órdenes religiosas y aplicación de sus bienes a la enseñanza y la beneficencia; también había que proceder al establecimiento de la escuela laica, obligatoria, gratuita y única; adopción de una política cultural; reducción progresiva de los presupuestos de Guerra y Marina, y en contrapartida, aumento del dedicado a la cultura, enseñanza, justicia, sanidad, comunicaciones, fomento de la riqueza nacional, etc.
Hemos trabajado con el número del 22 de abril de 1931 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.