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Luis Araquistáin y las elecciones del 12 de abril de 1931


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Luis Araquistáin hizo su particular interpretación sobre las elecciones del domingo 12 de abril de 1931, que a través de la Agencia Sirval publicó El Socialista el 14 de abril, y que lleva por título “Las urnas de Pandora”.

Para el intelectual socialista las elecciones habían sido uno de los grandes acontecimientos de la historia política española porque se podía decir que había sido la primera vez que el pueblo español había votado con plena conciencia de su soberanía, sin ceder, como había ocurrido tantas veces, a las coacciones del poder público, ni al dinero de las oligarquías, ni al pánico que habían intentado provocar los periódicos y políticos monárquicos, es decir, como habían funcionado las elecciones durante la larga etapa de la Restauración.

Los políticos monárquicos habían equiparado la República con la revolución social y la anarquía, pero Araquistáin recordaba que había infinidad de Repúblicas muy conservadoras y de larga tradición, y criticaba esta estrategia porque era una forma de considerar que los españoles eran unos cretinos de nacimiento o unos ignorantes.

El hecho fundamental era que por vez primera el pueblo español había derrotado a un gobierno. Eso no significaba que en el pasado siempre había estado a favor de los gobiernos, sino que los mismos nunca habían consentido que la voluntad general les desaprobara, es decir, aludiendo al sistema de corrupción electoral imperante, especialmente desde el establecimiento del sistema de la Restauración.

Y no valía el argumento de que habían sido nada más que unas elecciones municipales. Eran inútiles todas las reservas del derrotado Cambó en Cataluña, así como su fórmula constitucionalista (recordemos que Cambó creó el Centro Constitucional en marzo de ese año, compuesto por la confluencia de la Lliga y una parte de los mauristas, y que sacó muy pobres resultados en las elecciones). Araquistáin llegaba a citar a Melquiades Álvarez que había expresado que las elecciones municipales habían actuado como si fueran a Cortes Constituyentes, por lo que no quedaba otra que cumplir la voluntad nacional, y ésta se había pronunciado por la República.

Pero también eran inútiles otras fórmulas como una dictadura militar o civil, a la que se oponía, en su opinión siempre, la mayoría del ejército, sobre todo, después de conocerse la voluntad nacional. Una nueva dictadura sería una especie de “tiranía sin máscara” y justificaría todas las formas de violencia, provocando la casi inmediata convocatoria de una huelga general revolucionaria en todo el país.

El artículo terminaba con un análisis de la figura de Romanones, que había sido, como sabemos el mayor defensor de la vuelta a la normalidad constitucional de la Monarquía, pensando en que a través de las elecciones el pueblo español resolvería a favor de la misma. En todo caso, también es cierto que, una vez vistos los resultados, también fue firme defensor de ceder el poder frente a otras figuras del gobierno dispuestas a que el rey se mantuviese en el trono, aun a costa de emplear la represión.

Araquistáin consideraba que Romanones había sido el héroe de la jornada, una suerte de Maquiavelo que habría traicionado al “príncipe histórico”, en venganza por las humillaciones y agravios sufridos a lo largo de su vida de cortesano, y especialmente desde 1923, prestando por vez primera un servicio al verdadero príncipe que era el pueblo español. Araquistáin no concebía que Romanones no previera lo que iba a pasar, que las elecciones se habían convertido en un gran plebiscito, que las urnas habían sido como cajas de Pandora de la Monarquía. Lo sabía, pero, además, lo había querido, siempre según esta interpretación. Había preferido las urnas porque, como viejo cortesano, no se había atrevido a decirle al rey que todos estaban ya de más. Así pues, no podemos dejar de afirmar que esta interpretación tan personal del intelectual socialista no deja de ser sugerente, aunque también habría argumentos para rebatirla.

Hemos trabajado con el número del 14 de abril de 1931 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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