El Partido Republicano Federal: orígenes y primer desarrollo
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Los demócratas fueron activos miembros desde el Pacto de Ostende de 1866 en el movimiento que condujo a la Revolución de septiembre de 1868 para terminar con el régimen isabelino. En ese mismo otoño, entre octubre y noviembre hubo tres asambleas del Partido, donde la idea de la apuesta republicana tuvo un evidente éxito, naciendo de ese modo el Partido Republicano Federal. La minoría, más moderada, que consideró que en ese momento había que estabilizar las libertades conquistadas, optó por defender el modelo de Monarquía democrática, en línea con progresistas y miembros de la Unión Liberal. Eran los demócratas monárquicos, más conocidos como los cimbrios, con Cristino Martos y Nicolás María Rivero, como líderes principales. Para los cimbrios la República debía esperar a un futuro donde, en su opinión, el pueblo español tuviera más cultura política.
La nueva formación política, en todo caso, compartía con otras el modelo de partido decimonónico, es decir, sin estructura orgánica propia, y que adoptaba más organización en los momentos electorales. Su objetivo era que se implantase la República en España, y esa era la principal novedad en el sistema de partidos del momento.
El Partido Republicano Federal se presentó a las elecciones de 1869 a Cortes Constituyentes, consiguiendo unos cincuenta diputados, y una buena base electoral, especialmente, en Cataluña y Andalucía.
En los debates para elaborar la Constitución se destacó Estanislao Figueras por sus fuertes críticas a lo que se estaba redactando. Los federalistas consideraban incompatible la soberanía nacional, que se expresaba a través del sufragio universal, eso sí masculino, con la existencia de un monarca al que le correspondía el poder ejecutivo. Pero, además, se opinaba que no se establecía una clara división entre la Iglesia y el Estado, ni se recuperaba la Milicia Nacional. Los federalistas eran defensores, por lo demás, del unicameralismo, criticando que se mantuviese el Senado. Como era de esperar, los cincuenta y cinco diputados republicanos votaron en contra del proyecto; eso sí, acatarían el resultado de todo lo que procediera del sufragio universal, pero nada de lo que procediese de la Corona, como bien explicó Castelar en el Congreso. Treinta y nueve diputados republicanos firmaron la Constitución, es decir, los más moderados, como gesto del acatamiento, y liderados por el mismo Castelar y seguidos por los más centristas detrás de Nicolás Salmerón. Los “intransigentes”, es decir, los dieciséis diputados restantes, no lo hicieron. Ahí estaban Francisco Pi i Margall, José María Orense, y Fernando Garrido, entre otros. Esta controversia sería el primer reflejo público de la naciente división del Partido, aunque tuviera raíces previas y más profundas.
El 18 de mayo de 1869 los federalistas catalanes, valencianos, baleares y aragonese firmaron el Pacto de Tortosa, un acuerdo y manifiesto que pretendía plantear una alternativa a la organización territorial de España desde la óptica republicana y federal, y en relación con los territorios que había pertenecido a la antigua Corona de Aragón. En este Pacto estuvieron personajes como Valentí Almirall, y Josep Anselm Clavé por parte de Cataluña. Por parte valenciana hay que nombrar a José Franch. También es importante citar a Mamés Benedicto y Marceliano Isábal (Aragón) y al alcalde de Tortosa, que presidió la reunión, Manuel Bes.
El germen de este Pacto estaría en la constatación del buen resultado electoral del republicanismo federal en Cataluña, Valencia y Aragón. En ese contexto, una parte del republicanismo federal, encabezado por los catalanes, decidió convocar una asamblea en la primavera en Tortosa. Acudieron representantes de casi todas las provincias de los antiguos reinos de la Corona aragonesa, aunque faltaron de Alicante y Girona.
El Pacto pretendía aunar las fuerzas de aragoneses, catalanes y valencianos frente a todo tipo de tiranía, apelando a la Historia, unidos al republicanismo y a la causa de la revolución, informando que, en ningún caso pretendían separarse del resto de España. Se debían crear comités locales, de partido judicial, provinciales y de Estado. Se planteaba una estructura republicana federal para España, superadora de la provincia como organización territorial, propia del Estado centralista planteado por el liberalismo español desde Cádiz. En todo caso, debemos insistir que este Pacto no tenía nada de base catalanista, sino que estaría dentro del universo ideológico del federalismo republicano.
El Pacto sirvió de ejemplo a otros que los republicanos federales promovieron en Castilla, Andalucía y Galicia con Asturias. Este proceso desembocó en un Pacto Nacional del republicanismo federal en el mes de julio, idea de Pi i Margall. Surgió un órgano de dirección del partido, el Consejo Federal. De esta manera, se estaba pretendiendo ofrecer una solución federal para la organización territorial de España. El sector del republicanismo federal, liderado por Castelar, se mantuvo al margen.
El establecimiento de la Monarquía en la Constitución de 1869, así como determinadas políticas seguidas por el Gobierno, especialmente una medida de Sagasta, como ministro de la Gobernación, para que los gobernadores reprimiesen con contundencia cualquier contestación social al nuevo texto constitucional, ya fuese de signo carlista, ya republicano, provocaron el estallido de insurrecciones federales. Al respecto hay que señalar que, efectivamente, en el otoño de 1869 se produjeron distintos levantamientos, entre los que destacó el valenciano, liderado por el sector “intransigente” del Partido, y que estalló, precisamente a raíz de la orden citada de Sagasta. Prim se empeñaría en la represión de estas insurrecciones al conseguir sacar adelante la supresión de las garantías constitucionales en las Cortes.
En mayo de 1870 se reunió una Asamblea convocada por Pi i Margall, a la sazón, presidente del Consejo Federal, en la que se aprobó que el Partido defendería un modelo de República Democrática Federal. Se formó un Directorio, presidido por el propio Pi y con Figueras, Castelar, Orense, y Vicente Barberá. A Pi se le encargó la redacción de un Manifiesto para explicar la fórmula federal a través de un ejercicio político que iría de abajo hacia arriba, es decir, concebido a través de los pactos, que comenzarían en el municipio, pasarían a la provincia, de ahí al estado o cantón o región, y, por fin, a la República Federal. Pero las diferencias internas se estaban ahondando, ya que los republicanos más cercanos a Castelar sacaron otro Manifiesto en el que se criticaba esta fórmula federal pactista porque, además, veían implicaciones de signo socialista.
Cuando Amadeo de Saboya fue proclamado rey en las Cortes, hubo algunos conatos de insurrección republicana, pero en este momento, tanto Pi i Margall como Castelar, ambos partidarios de la vía legal, consiguieron cortarlos haciendo un llamamiento a la sensatez del sector más intransigente.
Curiosamente, en las primeras elecciones de la nueva Monarquía los federales formaron una coalición con los carlistas, en el otro extremo ideológico, con el fin de intentar que dichos comicios fueran un plebiscito contra el nuevo rey, y conseguir que por vía legal o constitucional se le pudiera destronar. En todo caso, los republicanos “intransigentes” optaron por el retraimiento electoral. Los conflictos internos se estaban agudizando, como vemos, y se intentó salvar la unidad de la formación con una nueva Asamblea en la primavera de 1871. Allí se aprobó que una comisión, presidida por Nicolás Salmerón y Eduardo Chao, redactase un proyecto constitucional federal. Pero una parte importante del Partido consideró que el proyecto era centralista. El Partido ya estaba claramente dividido entre los “benevolentes” de Castelar, decididos a colaborar con el Gobierno radical de Manuel Ruiz Zorrilla, y que contó, por el momento con el apoyo del Directorio, presidido por Pi, y los “intransigentes”, que seguían fieles a la vía insurreccional y que estaban formando un verdadero poder aparte a través de comités locales y la prensa.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.