Falsificaciones y especulación en el arte a cuenta del caso del nieto de Millet
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En el año 1930 estalló un gran escándalo en Francia al descubrirse que el nieto del gran pintor Millet se dedicaba a vender como auténticos cuadros falsificados de grandes maestros.
Pues bien, en España el destacado periodista y escritor socialista, hijo de la compañera de Pablo Iglesias, Juan Almela Meliá, dedicó unas reflexiones para los lectores españoles sobre este caso, pero que lo trascienden porque trataría sobre las falsificaciones y especulación en el mercado del arte.
Meliá ya protestaba en su artículo contra la futura condena al nieto de Millet, una afirmación que, cuando menos, no deja, en principio, de llamarnos la atención.
La provocación seguía porque afirmaba que este caso demostraba que no imitaba bien el que quería sino el que podía. Imitar a Tiziano, Van Dyck o Velázquez exigía un talento artístico poco frecuente. Imitar, bien, falsificar bien, afirmaba, era muy difícil, tanto en arte como el resto de cuestiones de la vida.
Siguiendo este razonamiento, y con la ironía que siempre caracterizó a Meliá, afirmaba que en España habría muchos políticos que darían cualquier cosa por conseguir que los confundiesen con otros políticos europeos, pero no había posibilidad de confusión porque no eran capaces de hacer una buena imitación, por eso, con mucho dolor, había que echarlos al saco de los inservible.
Concretándose en el caso de lo que había ocurrido en París, Meliá informaba que el nito de Millet había vendido a una galería de arte un cuadro atribuido a su propio abuelo, cobrando la cantidad de 250.000 francos. Eso demostraba que la falsificación era muy buena (“el cuadro merecía ser auténtico”).
Pero, y eso era lo que más parecía interesar a nuestro periodista, la galería estaba negociando y, al parecer, con inicial éxito, la venta del cuadro con un cliente norteamericano por 800.000 francos, con un beneficio inmenso, en un verdadero ejercicio de especulación artística. Pero el desenlace de todo este asunto estaba claro: prisión para el nieto de Millet, y no pasaría nada con los negociantes de la galería, a pesar de haber querido cobrar 800.000 francos.
Legalmente, Millet era un estafador, pero los dueños de la galería de arte eran unos “honrados comerciantes”, como los que en España iban a las comisarías denunciando que habían sido timados por distintos procedimientos.
Meliá, llamando la atención contra la especulación, terminaba categórico, ya que entre los falsificadores y los revendedores se quedaba con los primeros, porque, “al menos, estafan con arte”.
Nuestra fuente ha sido el número 6632 de El Socialista. Sobre Meliá tenemos distintos trabajos en El Obrero, y podemos acudir al Diccionario Biográfico del Socialismo Español.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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